Un viaje de 15 metros» es el título de una entrañable película que me emocionó. La historia es sencilla. Una numerosa familia de inmigrantes, llegados a Francia desde la India, se arriesga a abrir un restaurante enfrente a otro que ofrece una exquisita cocina francesa, un servicio excelente y la elegancia una dueña que ya han merecido una estrella Michelin. Quieren ofrecer gastronomía de su país, en la que las especias son la esencia de una arriesgada oferta gastronómica. La fuerza del padre, su fe, el entusiasmo de sus hijos y la voluntad de ofrecer algo diferente, logra hacer realidad un sueño.
Por curiosidad, en mi paseo habitual, he realizado varios «viajes» de 15 metros por la ciudad y alrededores, para analizar si algo semejante podría suceder aquí. Pero, sin encontrar la respuesta, conozco la noticia de que Porta Nova va a dedicarse a albergar a diferentes asociaciones. Nada de acoger iniciativas emprendedoras, proyectos sencillos, relacionados con actividades que dinamicen el barrio o que ofrezcan a los jóvenes profesionales un espacio, económicamente asequible, para sus talleres u oficinas. Y no lo digo en perjuicio del asociacionismo, para el que hay otras soluciones, sino para subrayar que el mensaje municipal está pintado de gris.
Porque el proyecto anterior tenía vida propia y colores. Y apostaba por crear espacios que favoreciesen el emprendimiento y ofreciesen horizontes de esperanza para quien, como la familia de la India, quiera intentarlo.
Al contrario que la propuesta municipal actual que opta por lo fácil ¿Por un puñado de votos?