Son los parados a los que más les duele la crisis. Y sus consecuencias cotidianas. Las que se alejan de los grandes análisis de macroeconomía. Las que se traducen en hacer ingeniería con papel y calculadora en la mesa de la cocina para poder llegar a final de mes. Para poder pagar la hipoteca del piso en Freixeiro. Para cumplir con la letra del coche. Para no venirse abajo cuando te quedas en la calle con más de 40 tacos y no ves la luz por ningún lado. Para evitar que tu familia note que las (pocas) entrevistas laborales que te hacen te castigan la moral.

Y 17.005 no es el código de un vuelo. O el cifrado para que se active un teléfono móvil o el ordenador. Son 17.005 los rostros del paro en la comarca. Personas con nombres y apellidos. No solo una estadística. Con madres, con padres, con hijos, con amigos... Son de verdad. Y en el mismo enero en el que 656 personas entraron de lleno en los listados del antiguo Inem ya planean como cuervos de mal agüero dos ERE más en la zona.

Y mientras tanto, todavía se le sigue dando vueltas al tema de la antigua Astano. Cuando hay poca vuelta que darle. Es una instalación de primer orden en el sector naval abandonada y con aspecto casi desértico. Es un sitio donde antes había miles de operarios y hoy no. Y mientras tanto la SEPI va a enviar a la tierra de las musarañas el proyecto del polígono de Leixa. Para que se duerma un poquito más. Para que ya parezca que es casi imposible que se materialice. No vaya a ser que llegue una oportunidad o un inversor interesado en crear empleo y tenga suelo en Ferrol para asentarse. Y mientras tanto esperamos a ver si llega algún papeliño sobre el tren a Caneliñas que fije su puesta en servicio en el 2100. Cuando ya no haga falta.

Y los responsables de todo eso, que hay muchos en Madrid pero también aquí, que sigan debatiendo, reuniéndose, comiendo, analizando, culpándose... Y que se lo cuenten a los 17.005. Que, muy a su pesar, tendrán tiempo para escucharles.