El miedo a perder el empleo no entiende de sectores y va minando el ánimo de una clase obrera cada vez más empobrecida
20 feb 2009 . Actualizado a las 09:31 h.Incertidumbre, debilidad, indefensión y una gran sensación de enfado son estados de ánimo compartidos por los trabajadores de una industria gallega que supera ya el medio millar de expedientes de regulación de empleo (ERE). La vida es cuestión de prioridades y en estos momentos lo que preocupa es mantener el empleo, por eso la campaña electoral suena en el día a día de la fábrica como una aburrida música de fondo a la que casi nadie presta atención.
La automoción, el naval y la industria química son tres sectores claves en la economía gallega que encajan, cada uno a su manera, el impacto de la crisis. Pero detrás de las máquinas están las personas, y los efectos, en este caso, son comunes. Loli Silva, trabajadora de AstraZéneca; Antonio Fernández, de Vulcano, y Marcos Marchante, de Faurecia, vuelcan ante una taza de café su tormenta de ideas sobre la crisis, los políticos en campaña y su propia experiencia.
«Sin querer frivolizar sobre el tema, que es muy serio, trabajo en una farmacéutica y se están vendiendo más ansiolíticos y más antidepresivos que nunca», asegura Loli Silva.
«Todo el mundo está mal, nadie está a salvo»
Hasta ahora la industria había vivido crisis sectoriales, pero ahora la inseguridad es una sensación generalizada. «Todo el mundo está mal, lo palpas, porque nadie está a salvo. Puede que no te toque de cerca, pero dices ¿y si viene?», afirma Loli Silva. «Hai un completo desánimo, non se contaba con este batacazo, a automoción era un referente», explica Marcos Marchante.
«El naval está mejor, pero los barcos no valen cuatro duros y los bancos no avalan. Claro que tenemos miedo por perder el empleo». Los tertulianos se muestran indignados con la ligereza con la que la patronal pide el abaratamiento del despido y más facilidades para regular empleo. «Tras cada ERE hay verdaderas tragedias y no solo del centenar de trabajadores de la fábrica de turno, sino que afecta a mucha otra gente de auxiliares, logística...», cuenta la representante de AstraZéneca. «O problema é que de un ERE temporal se pasará a un ERE de extinción, e de aí ven o empobrecemento da clase obreira. Estamos ante un problema social grave», afirma Marchante. La facilidad con la que los trabajadores llegan a la ventanilla de la oficina del Inem resulta indignante para Antonio Fernández. «Antes las empresas aguantaban un poco. Ahora a la mínima te mandan a la calle. Una empresa que da beneficios y despide para ganar más debería de estar penada con la cárcel», afirma el representante de Vulcano.
«As axudas deben ir ás familias»
AstraZéneca, la empresa en la que trabaja Loli Silva, se encuentra en pleno proceso de deslocalización. Es una de las cuatro multinacionales que, en los últimos meses, han optado por abandonar Galicia para trasladar la producción a países más baratos. Eso indigna a los trabajadores, que critican la política de ayudas, una vez que la práctica demuestra su ineficacia. «Vas a hablar con unos y con otros y todos te dicen que no se puede hacer nada. Además se trata de decisiones que no tienen nada que ver con la crisis», afirma Silva. «O que está pasando na automoción non deixa de ser unha reconversión encuberta para producir máis con menos operarios.
«Para evitar la deslocalización hay que hacer una apuesta clara por la industria. El que piense que Galicia va a vivir del sol lo lleva claro», afirma Antonio Fernández. Pone un ejemplo: «Hay un proyecto para crear un centro de reparaciones navales en Vigo desde hace años, y ahí está parado, mientras los barcos se van a Viana y aquí nadie hace nada».
Marchante cuestiona la eficacia de la política de ayudas aplicada hasta ahora en el automóvil. «Hai que garantir os postos de traballo. A solución dos cursos de formación demostrou que non foi eficaz, as axudas deben ir ás familias para incentivar o consumo», afirma. El trabajador de Faurecia expresa su postura contraria a las políticas de proteccionismo: «O que fai falta son apoios a os sectores productivos que xeneran PIB».
«Que hablen de lo real, no de si debaten o no»
La charla de café va avanzando y los tertulianos analizan los mensajes políticos que llegan a los trabajadores desde los distintos frentes electorales. La conclusión a la que llegan es que el tema no gusta y que los candidatos prefieren hablar de cuestiones menos incómodas.
«Están enganchados con la caza y con sus cuestiones: que si debaten o no debaten... Hablan de eso porque no les interesa hablar de otra cosa. Que hablen de lo real, de nuestra situación, que es gravísima», afirma Loli Silva.
«Los partidos deben arrimar el hombro»
Los empleados de la industria están acostumbrados a trabajar en equipo, por eso el mensaje que envían a los políticos, de cara a la formación del nuevo Gobierno autónomo que salga de las urnas el 1 de marzo, es unánime. «Esta crisis es una cuestión muy grave. No es un problema de uno, sino de muchos y lo que tienen que hacer los partidos es dejar de criticarse unos a otros e intentar arrimar el hombro. Están jugando con personas. Tienen que darse cuenta», afirma Antonio Fernández.
Los trabajadores se muestran escépticos a la hora de valorar las propuestas electorales y llegan a cuestionar su veracidad en alguno de los momentos más distendidos de la conversación. «Qué me importa a mí que me humanicen la calle si luego no voy a poder ni pasear por ella», afirma Antonio. «Non é cuestión de siglas, senón de ver en que sistema estamos traballando e, con este sistema baseado na precariedade, os traballadores estamos vendidos e isto se convirte nunha xungla na que o tema social se sitúa no último lugar», añade.
«Tienen que arregrarlo el Gobierno y los bancos»
Si algo tienen claro los trabajadores de la industria gallega es quién está en condiciones de sacar adelante a las empresas: el Gobierno y las Administraciones, en general, y los bancos. «Todos lo tenemos muy claro. El Gobierno y los bancos son los que tienen que arreglar esto. Necesitamos que todos los partidos empujen y que los bancos vuelvan a abrir las puertas al crédito. ¿Y si todos fuéramos a los bancos a retirar las nóminas de repente?», se pregunta Antonio Fernández.
«Falta solidaridad a la hora de reivindicar»
Con todo lo que está cayendo, llama la atención que los sindicatos mantengan una postura de moderación a la hora de convocar a los trabajadores a hacer público su malestar. «Falta solidaridad a la hora de reivindicar, cada uno quiere nadar y guardar la ropa», afirma Antonio Fernández.
«Os primeiros en moverse sempre son os afectados, aínda que este sistema nos leva a un egoísmo, a xente está esperando a que a chispa se estenda», afirma Marchante. Loli Silva hace un llamamiento a la unión de los trabajadores. «¿Por qué no se convoca un 1 de Mayo unitario, si hoy todos los trabajadores tenemos el mismo problema?». La pregunta queda en el aire.