En el principio fue la Pepa, ¿o no?

La historia oficial del constitucionalismo arranca en 1808 con una traición


Redacción / La Voz.

Al menos tres traiciones, dos abdicaciones, la coronación de un rey marioneta y una invasión sirvieron de prólogo al primer prototipo de Constitución que tuvo España, una carta otorgada en 1808 por el monarca impuesto por Napoleón Bonaparte para regir los destinos de un tambaleante imperio.

EL ESTATUTO DE BAYONA

Una carta elaborada en quince días y en Francia

Un padre, Carlos IV, y un hijo, Fernando VII, acudieron a la ciudad francesa de Bayona en mayo de 1808, llamados por el emperador. Los dos se disputaban el trono. Y los dos lo perdieron tras renunciar a sus derechos. La corona pasó a un hermano del corso, José I, luego apodado como Pepe Botella por parte de sus súbditos.

Allí cayeron tanto los Borbones como el Antiguo Régimen. Con el bonapartismo llegó una curiosa Constitución, promulgada en el extranjero y elaborada en tan solo quince días. El texto, aunque liberal, conservaba privilegios, dibujaba un estado confesional y no ahondaba en la división de poderes. El rey concentraba el poder ejecutivo, la iniciativa legislativa y tenía la potestad de nombrar a todos los jueces.

El Estatuto de Bayona tuvo una escasa vigencia. Topó con la cruda realidad (era una norma dictada por una fuerza invasora) y cayó en el olvido tras la derrota napoleónica en la guerra de la Independencia.

CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ

«Que viva la Pepa»

Una guerra cortó de cuajo las alas del estatuto de Bayona. Y un asedio sirvió de escenario a la primera Constitución elaborada en España, la Pepa.

En plena guerra por la independencia, con el ejército napoleónico a sus puertas, las Cortes reunidas en Cádiz promulgaron el 19 de marzo de 1812 un texto liberal para un imperio, cuyo primer artículo decía: «La nación es la reunión de los españoles de ambos hemisferios». Fue jurada tanto en Europa como en la América, que poco después empezó su propia revolución.

La Pepa nació en tiempos turbulentos y tuvo una vida azarosa. Fue abolida por el deseado y luego odiado Fernando VII en 1814, reinstaurada en 1820, tras un pronunciamiento que obligó al monarca a proclamar el famoso trágala «marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional», y en 1836. Con el paso del tiempo, se convirtió en un mito. Sus sucesoras no tuvieron tanta suerte.

 EL ESTATUTO REAL DE 1834

Breve carta otorgada

 Tras la muerte de Fernando VII y la llegada del liberalismo, la regente María Cristina promulgó una carta otorgada breve (apenas 50 artículos) que creaba nuevas Cortes bicamerales y que solo daba derecho al voto a 16.000 personas. Cayó por un golpe de Estado y volvió la Pepa.

CONSTITUCIÓN DE 1837

La soberanía nacional

Nació de un pacto entre los moderados y los progresistas y duró ocho años. Establecía dos cámaras legislativas, división de poderes (con veto real para las leyes) y sufragio censitario (solo podían votar los que tuvieran cierta cantidad de dinero) regulado por ley. Y recogía una carta de derechos entre los que estaba la libertad de prensa sin censura previa, aunque no se aplicó.

CONSTITUCIÓN DE 1845

La más longeva

En este texto promulgado a iniciativa de los moderados compartían soberanía las Cortes y el rey, que tenía el dominio sobre el resto de instituciones. Duró 24 años (tuvo un paréntesis durante el llamado bienio progresista) y cayó tras la revolución de 1868, la que destronó a la reina Isabel II.

CONSTITUCIÓN DE 1869

Y llegó la «Gloriosa»

La inestabilidad presidió los intentos de construir un nuevo régimen tras la caída de los Borbones. El sexenio revolucionario logró aprobar un texto, la Constitución de 1869, que consagraba la soberanía nacional, el sufragio universal, una amplia declaración de derechos, juicio por jurado, derecho de asociación, libertad de enseñanza o de culto. La inestabilidad política del período (Primera República, reinado de Amadeo de Saboya o regencia) frustró sus avances.

CONSTITUCIÓN DE 1876

La biblia del turnismo

El sexenio revolucionario dio paso al regreso de los Borbones, con el hijo de Isabel II, Alfonso XII, como jefe de Estado de un régimen basado en la alternancia pacífica de dos partidos, los liberales y los conservadores, al frente del Gobierno. El texto constitucional daba al monarca poder sobre el Ejecutivo, establecía la tolerancia religiosa (aunque reconocía al catolicismo como confesión oficial) y excluía del derecho al voto a las mujeres.

CONSTITUCIÓN DE 1931

La Segunda República

La Constitución de 1876 tuvo una larga vida. Estuvo en vigor 47 años, hasta que Primo de Rivera dio el golpe de Estado que acabó con el turnismo, en 1923. Y no tuvo sucesora hasta ocho años después, cuando llegó la República. El nuevo régimen se dotó de una Carta Magna democrática, que establecía el sufragio universal masculino (luego fue reformada para incluir a las mujeres), el laicismo del Estado, el divorcio, una sola cámara y una organización territorial que rompía el centralismo y permitía la creación de autonomías. También abría la puerta a limitar el derecho de propiedad y distinguía entre el jefe de Estado (el presidente) y un primer ministro. Muy discutida por los católicos y los conservadores, no sobrevivió a la guerra.

40 años de la Constitución Española

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

En el principio fue la Pepa, ¿o no?