Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad

Reflexiones de un niño de diez años en 1978, dedicadas a los niños de diez años del 2018. No éramos tan distintos en lo esencial. Pero nosotros viajábamos en coche sin cinturón y el centro del universo era el «Un, dos, tres» que echaban en la televisión, no el Fifa ni el Fortnite.

Gol de Kempes en el Argentina-Holanda del Mundial 78 que dio la victoria a la selección albiceleste
Gol de Kempes en el Argentina-Holanda del Mundial 78 que dio la victoria a la selección albiceleste

Redacción / La Voz.

Aquel niño de diez años recién cumplidos en junio se parece en lo fundamental a cualquier crío que cumpla los diez en este frenético 2018. Es curioso cómo al mirar hacia atrás con detalle y poniendo una buena lupa de aumento de las de Los Tres Investigadores nos damos cuenta de que también en 1978 semejaba que el planeta Tierra iba a dejar de dar vueltas como las peonzas que tirábamos entonces en unos parques que eran leiras, nada de parques infantiles con el suelo acolchado. Tal vez en eso aquel niño sea distinto al de uno de hoy con los ojos casi siempre mirando pantallas. Pero clavados en lo mejor que tienen los chavales: el superpoder de vivir en el presente, sin pensar que existe un pasado o un futuro. Esa y no otra es la mejor manera de aprovechar cada segundo.

Pero el tiempo pasa y pesa. Deja felicidad, heridas, ausencias, recuerdos y de lo que se trata en esta crónica es de hacer memoria y recuperar retrazos de aquel 1978, el personal y el universal. Poner en el tocadiscos de la memoria, a 33 o a 45 revoluciones, que no había otra, la música de Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Y es que 1978 fue un año muy especial para España. Tocó aprobar en diciembre una Constitución que es todavía la que hoy nos rige, lo poco que nos queda de sentido común, aunque para algunos, visto desde hoy, aquello no fue una Transición, sino una Transacción que terminó por rimar con corrupción. Para otros, una Carta Magna que nos trajo los mejores años de vida en común entre españoles, algo de lo que este pueblo siempre ha estado muy necesitado. No se equivocan ni los unos ni los otros, porque el ser humano, también el nacido en España, lleva de serie rimar robar con besar y así ha sucedido en estos cuarenta años.

Fue el año de Bee Gees y del Mundial de Argentina

Pero volvamos al tocadiscos. Fue el año de Bee Gees. Y, cuando terminaba ese diciembre histórico y constitucional, los chavales de mi edad peleábamos con la primera evaluación para pasar de cuarto de EGB a quinto, lo que viene siendo hoy pasar de cuarto de primaria a quinto. El cambio de aquel sistema educativo al de hoy llega cuando en vez de llegar a séptimo nuestros críos hoy saltan a la ESO. Venga, de golpe al instituto, con chavales que están con el bachiller y la selectividad a cuestas (sí, la selectividad sigue viva). Atentos, niños que hoy estáis en ese curso de primaria. Dejad las pantallitas y leed esto en papel o, vale, en la web, otra pantalla de esas que tanto os gustan. Vais a flipar:

Los niños de entonces no íbamos atados en los coches. Ni siquiera íbamos solo tres atrás. Las familias eran numerosas, pero numerosas de las de verdad, de cinco para arriba. Y nuestros padres nos metían a todos atrás hasta que ya no cabíamos más. A nadie le multaban por eso. E ir de A Coruña a O Carballiño, por ejemplo, llevaba horas y horas. No os cuento lo que significaba cruzar desde A Coruña a Madrid, porque las autovías no existían. No, no las había. Cruzar Pedrafita entonces molaba mucho más. Te vomitaba alguno de tus hermanos encima, porque las curvas eran gallegas de las que hoy solo te encuentras si te vas a A Fonsagrada. Las paradas en las gasolineras eran épicas. Y tu padre ponía en el coche a todo volumen a Nino Bravo en una cinta de casete. Lo de poner a Nino Bravo a pleno pulmón era para no oír cómo gritaban, lloraban y se peleaban los hijos en la parte de atrás. Y, ojo, nadie llevaba en el coche cascos. Todas las orejas oían lo mismo. Sé que os parecerá imposible pero era 1978.

El primer Me Too

Tampoco jugábamos a demasiadas cosas. Compartimos con vosotros el balón. Entonces el Tango oficial del Mundial de Argentina, que así se llamaba aquella pelota. Pero no jugábamos en césped artificial con el balón endiablado por la velocidad que coge y el bote enorme. No. Nuestro balón se clavaba en el barro. Era mala idea tirar a puerta desde un charco. Del charco la sacabas con las destrozadas botas Gorila heredadas de tu hermano, para chutar un furón. Decíamos que no valía furar (tirar fuerte), pero entonces, como ahora, quién era el guapo que cumplía su palabra si podía marcar otro gol. Aquel Mundial lo ganó Argentina y para que veáis que la corrupción ya existía, logró llegar a la final con una bochornosa goleada a Perú. Había allí una dictadura, la de Videla, que tiraba a los opositores desde aviones y que convirtió el Atlántico en una fosa, y Argentina tenía que salir campeona sí o sí. Todavía no era el momento de Maradona y aquel pelazo que tenía. El del pelazo en ese mundial fue Mario Kempes. Y Holanda, como con Cruyff en el 74, se quedó a las puertas del título por un tiro que dio en el palo de Naninga cuando se acababa el tiempo reglamentario. Los árbitros vestían de negro. Y los jugadores no llevaban sus nombres en las camisetas. Pero 1978 fue especial, críos, para las niñas. Ellas jugaban entonces con la Nancy o con los Barriguitas, los que más molaban era el negro y la chinita, pero sus madres protagonizaron aquel año las primeras protestas contra el machismo. Entonces tu madre no tenía derecho a abrir una cuenta bancaria si tu padre no se lo firmaba. Sí, increíble. Aquel año miles de mujeres se manifestaron por las calles para pedir los derechos más elementales. Fue el primer Me Too, sin necesidad de llamarlo en inglés. Luego las familias, hermanas y hermanos, nos reuníamos ante la televisión para ver, por supuesto, Un, dos, tres y el programa que arrasó aquella temporada: Aplauso. Ya veis, tampoco hemos cambiado tanto. Nosotros veíamos Aplauso y vosotros Operación Triunfo. Un viernes noche sin Un, dos, tres y el apartamento que les podía tocar en Torrevieja a los concursantes no era un viernes noche. No mencionéis a la Ruperta, que era el premio desastre.

Sin dejar la tele, que era el centro del universo en una casa, otro éxito fue la serie Cañas y Barro. Preguntadle a vuestras abuelas si había hombre más guapo que Tonet, ya veréis qué os contestan. Para lo de Verano azul y Chanquete, que llegará, todavía faltaban unos años.

Con diez junios cumpliditos faltaban un par de años para lo de las niñas y los niños. Para jugar a verdad o consecuencia. Para pedirle un beso a tu vecina. Entonces, críos que hoy tenéis diez años, no existían los preadolescentes ni demás categorías que han ido surgiendo con el tiempo. Entonces ya estaba el matón del patio, por desgracia. Pero no asomaba la preadolescencia por ningún lado. Ellas eran, como hoy y siempre, bastante más espabiladas y despiertas que nosotros, pero en 1978 lo único que nos aceleraba el corazón era el balón y derrapar con la bicicleta BH como si no hubiese un mañana. Esa bicicleta BH que nos dejarían los Reyes por sacar buenas notas, pero no en Coñecemento do Medio, no, en Ciencias de toda la vida, donde también te explicaban cómo se hacían los niños, igual que hoy.

40 años de la Constitución Española

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