Los sobres, el «innombrable» Luis Bárcenas y el rey

Las intervenciones del PNV y el Grupo Mixto animan el segundo día de debate con críticas sobre la corrupción y la situación de la Familia Real


Siempre se piensa que el segundo día de un debate sobre el estado de la nación es más flojo que el primero -reservado para las 'estrellas' políticas- pero este año el PNV y el Grupo Mixto han logrado que se hable de tres asuntos en boca de todos: los sobres, el «innombrable» Luis Bárcenas y el Rey.

El presidente del Gobierno trató ayer de sortear la sombra del extesorero de su partido y en cierta medida lo logró, porque aunque la oposición le recordara el asunto, Mariano Rajoy respondió con su batería de medidas para combatir la corrupción. Pero hoy ha decidido, a su manera, referirse al ínclito.

Lo ha hecho al responder al portavoz del PNV, Aitor Esteban, que con dureza le ha reprochado el apoyo que Bárcenas tuvo del partido hasta hace bien poco.

Y Rajoy le ha replicado, sin nombrarlos, que ni Bárcenas ni el exalcalde de Pozuelo Jesús Sepúlveda -otra 'oveja negra' de los populares, también imputado en el caso Gürtel y exmarido de la ministra Ana Mato- tienen desde hace años cargos de responsabilidad en el partido.

La puesta en escena de la mañana la ha ganado, con creces, Joan Baldoví, de Compromís, al mostrar cuatro sobres -eso sí, sin dinero- que contenían la «indignación» ciudadana ante este sistema «quebrado».

Baldoví se ha hecho con la foto, y también se ha ganado una pequeña bronca del presidente del Congreso, Jesús Posada, cuando ha pronunciado el irreverente «que se jodan» que hizo famoso hace unos meses la diputada del PP María Fabra.

Rajoy, que en otros debates no ha podido ocultar lo poco que le gustan las intervenciones de este diputado, hoy ha optado por no hacer aprecio -que como dice el refrán es el mejor desprecio- y ha ironizado sobre su intervención, «moderada, ecuánime, equilibrada y ajustada al sentido común».

Pero no todo han sido sobres y extesoreros repudiados. Hasta cinco portavoces (PNV, Amaiur, ERC, BNG, y Compromís) han preguntado a Rajoy por el Rey.

Y en este caso, la callada por respuesta. Ni a una sola de las cuestiones planteadas sobre el papel o la falta de transparencia de la Monarquía, o sobre el caso Noos ha contestado el presidente.

«¿Por qué no habla de la Casa Real? ¿Es que acaso se ha vuelto usted republicano?». Le ha preguntado, provocando más de una risa, el portavoz de ERC, Alfred Bosch.

Y ni por esas. Rajoy ha obviado el asunto y se ha vuelto a centrar en las medidas contra la crisis en un debate en el que, como era previsible, no ha faltado la tensión en el «cara a cara» con Amaiur.

De la «putrefacción» de las instituciones del «Estado español» ha hablado el diputado abertzale Iker Urbina, y el presidente del Gobierno le ha afeado el reproche: si hay alguien que peca de déficit democrático, le ha dicho, es Amaiur, por no condenar los crímenes de ETA ni pedir su disolución.

Con menos tensión ha vivido el presidente otras discusiones, como la mantenida con Ana Oramas (CC-NC), para quien los canarios están siendo «ignorados» por el Gobierno. Rajoy le ha asegurado que no es así y le ha puesto, entre otros ejemplos, el de las partidas para el archipiélago en los presupuestos comunitarios.

Y con el BNG, el presidente del Gobierno, que tanto presume de su querida Pontevedra, ha reprochado a Olaia Fernández Dávila que su formación pretenda apropiarse de las demandas de todos los gallegos.

Como ya hizo ayer cuando acabó la primera sesión del debate, Rajoy ha abandonado el Congreso con tranquilidad y visiblemente contento, no sin antes despedirse garantizando que su Gobierno está fuerte y habrá cumplido su programa al final de la legislatura.

Un punto final que ha recibido la interminable ovación de los diputados de su grupo parlamentario -con algún que otro 'Bravo'-, al que Rajoy ha agradecido, con más aplausos y los brazos en alto, su apoyo incondicional.

Otra que debe de estar muy contenta es su ministra Ana Mato, que ha salido viva.

Apenas ha escuchado Mato referencias a su exmarido y los supuestos regalos para su familia de la trama Gürtel, y no se han oído estos días peticiones de dimisión.

También era evidente la satisfacción de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, la mano derecha de Rajoy, como ha vuelto a quedar tan patente en estos dos días.

Y es que su mesa ha sido un trajín de papeles -muchos de los cuales le llevaban otros ministros- para apoyar las intervenciones del jefe, al que ha asesorado en numerosas ocasiones.

Está claro, después de Rajoy, quien manda en La Moncloa.

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