De la rabiosa modernidad

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: With love Puede que nos faltase la fusión asiáticoamericana con declaración de principios, y hela aquí: caben Estados Unidos, Japón, Singapur, Java, Xiam, Tailandia y el Pacífico

08 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Este restaurante, tan cariñoso que nos declara su amor a las primeras de cambio y sin conocernos de nada, fue inaugurado el 28 de noviembre del año pasado, posee un aforo para 75 comensales, 50 de ellos en el comedor de la planta baja, más reposado, y es minimalista en blanco y negro con un poquito de gris, rectilíneo, sobrio, escueto, con albas sillas a modo de medios huevos, en realidad cómodas pero que provocan en el cliente un cierto complejo de pollo en trance de nacer. El breve patio, con dos palmerillas y un ficus que ojalá se les de bien, incluye también unas anoréxicas estatuillas de Sito Marqués: la más expresiva es la del masai amputado, porque tiene que ser un masai, y la missing pierna nos da la idea cabal de esa tragedia llamada África. Ideólogo de la casa Y la fusión culinaria, ¿de dónde procede?, ¿se trata de un inspirado discípulo de Nobu y Trotter? No, no, me aclara amablemente José Guerrero, joven empresario vinculado ya con varias franquicias, una de ellas Tony Roma¿s, gerente y copropietario de esta With love (Alcalá, 90, Madrid, 915 767 638), se trata de un negocio diseñado por su socio Diego, el ideólogo de la casa, y desarrollado por Pablo Pastor, cocinero de largas trashumancias por diversas cocinas de hoteles del mundo, con parada y fonda durante 14 años en el tinerfeño hotel Bahía del Duque, y que aquí actúa como asesor gastronómico. El último eslabón empírico de la cadena de mando es Laura, la cocinera, que no comparece. ¡Ah!, servicio amable y discreto, dirigido por Antonio Conejo. La carta del restaurante (se editaron 500 numeradas y me toca la 144) es externamente blanca y rectangular, y desde su cubierta nos contempla una máscara oriental con ojos de pétalos, muy estética. Su meollo nos asombra por el número de starters , salads , burgers , woks , meats , seafood y desserts (nadie explica el porqué del inglés, debe ser la parte americana de la fusión). Y la verdad es que hay que hacer un de tripas corazón para solicitar un Pacific fried eggs (ahora sí traducidos y explayados como «deliciosos huevos fritos con yuca, virutas de foie y aromatizados con aceite de trufas»), porque, Dios mío, si el huevo frito a la española es una de nuestras esencias patrias, ¿cómo osan los huevos del Pacífico? Pero estaban ricos, con las yemas bien, gracias, y las yucas crujientes. Mi mujer se puso como loquiña con los fideos thai de arroz «con tierna ternera maridada y exquisitas setas», el micuit de pato y los langostinos lan lan al wok estaban correctos, y la b.b.q. Ribs burger (vulgo, hamburguesa de costillas barbacoa) podría resultar impecable allá abajo, si bien la salsa fuerte y picante que la cubría imposibilitaba la pacífica degustación. Plato gigantesco, eso sí, con mucho pan, aros de cebolla, patatas luxe y cantidades industriales de tomate, plato para hambres adolescentes por el precio de 11¿50 euros. Conclusión: se trata de un restaurante atractivo, con buena relación precio calidad y opciones amplísimas. Absténganse, por si acaso, los retrógrados.