«La gente nos decía que ya formábamos parte de la historia de Laxe»

Paloma Abejón MADRID

ESPAÑA

JOSÉ MANUEL CASAL

Los mil estudiantes que han pasado el puente limpiando playas gallegas han regresado a Madrid agotados y llenos de impotencia. «No sabes lo que es trabajar sin parar y al día siguiente volver a la misma playa y verla igual de negra», dicen.

09 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Se lo advirtieron al llegar los paisanos de la zona: «No penséis que venís a limpiar playas, pensad únicamente que venís a sacar fuel». Era verdad. Los mil estudiantes madrileños que viajaron este puente a Galicia a colaborar en la limpieza de los destrozos causados por el vertido del Prestige tuvieron que aferrarse a esas palabras para no desmoronarse anímicamente. «Después de un viaje de catorce horas (los autobuses que les llevaban se pierdieron tres veces), después de trabajar todo el viernes sin descanso, al día siguiente llegamos al mismo sitio y vimos que todo seguía negro. Era decepcionante», explica Raúl, uno de los organizadores de la marcha. Todos han vuelto agotados y con una mezcla de satisfacción e impotencia. «Hemos hecho lo que hemos podido, pero nos hemos dado cuenta de que hace falta mucho más», cuenta Gema. Les ha resultado frustrante ver un paisaje espectacular y sentir que pasará mucho tiempo hasta que pueda recuperarse. El desastre ecológico se convirtió en el centro de todas sus conversaciones durante tres días. «La gente se ha implicado hasta tal punto que por las noches sólo hablábamos del tema, aportábamos ideas sobre cómo organizar el trabajo mejor para el día siguiente y nos contábamos las experiencias del día con los habitantes de los pueblos», explican. Impacto indirecto Raúl ha vuelto muy concienciado sobre el impacto económico indirecto que tendrá la tragedia en la comarca. «Un señor que vendía muebles me dijo que desde lo del Prestige ya le han anulado varios pedidos. La gente no sabe de qué va a vivir y no sabe cuanto tiempo cobrará ayudas, asi que ya se está estrechando el cinturón», narra. Él estuvo ayudando en la playa de Reire, cerca de Camariñas, y dice que rastrillar la arena era un trabajo muy minucioso. «Veías desde arriba la playa y parecía limpia, pero en cuanto escarbabas un poco comenzaba a salir el chapapote. Era impresionante y, sobre todo, exigía ser muy conciencudo. El rastrillo tenía los dientes separados y se colaban los trozos de fuel y con la pala no podías hacerlo porque te llevabas toda la arena. Era duro», narra. Pese a todo, lo que más le impactó fue la zona de las rocas. «Allí limpiaba con otros estudiantes llegados de Cádiz y eso sí que era descorazonador. Dejábamos el cubo encima del propio petróleo y con las palas lo llenábamos con lo que había alrededor» -recuerda- «eso sí que era como las imágenes que se ven por televisión». Gema estuvo en la playa de Laxe. Su grupo estaba dividido entre este municipio, Vimianzo y Dumbría. A ella le sobrecogió, sobre todo, hablar con la gente. «Sorprendía ver con qué tranquilidad se lo tomaban. Supongo que nosotros estábamos muy impresionados porque era nuestro primer día y ellos llevan un mes viendo lo mismo», señala. Se queda, sobre todo, con la inmensa sensación de gratitud que les han trasmitido los gallegos. «Hubo uno que me dijo, después de darme las gracias por nuestra ayuda, que ya formábamos parte de la historia de Laxe. Me emocionó. Ojalá pudiéramos haber hecho más». Afortunadamente ninguno de los voluntarios que acudió en el viaje ha sufrido mareos ni intoxicación por fuel. Únicamente unos cuantos tuvieron leves irritaciones en las manos. Afirman que todo estuvo bien coordinado «probablemente los primeros que llegaron abrieron camino y fueron los que encontraron las cosas peor», dicen, aunque sí han padecido algunas esperas del transporte del ejército. Raúl se queja de que «nos levantábamos temprano y teníamos que esperar hasta las once sin hacer nada porque no llegaban los camiones».