Uno de cada cuatro inscritos llega a la selectividad con un sobresaliente
EDUCACIÓN
Las notas altas se disparan en bachillerato tras dos cursos de pandemia
23 jun 2021 . Actualizado a las 12:42 h.La cuenta atrás para la selectividad ha comenzado: este martes se inicia una nueva Avaliación de Bacharelato e Acceso á Univesidade (ABAU) marcada por la pandemia. El covid no solo ha determinado el funcionamiento de la prueba y su diseño; también las notas con las que acceden los alumnos se han visto afectadas. Y es que las calificaciones han superado todas las marcas y los sobresalientes han crecido de forma exponencial en la comunidad: hay 2.988 este curso, un 26% más que en el anterior (en pleno covid) y roza nada menos que el 60% más sobre la prueba del 2018/19, la última selectividad prepandémica.
Estas cifras suponen que uno de cada cuatro estudiantes de los 13.204 que se han anotado a la selectividad parte de un 9 o más como media de bachillerato. Tener un sobresaliente ha dejado de ser cosa de uno o dos estudiantes por clase, y en gran parte de los institutos y colegios se han repartido todas las matrículas de honor permitidas, que son para el 5% de los alumnos matriculados, y que en muchos centros se han obtenido solo a partir del 9,7 de media (legalmente pueden conseguirlo si sacan un 9 o más).


La razón de unas notas tan altas este año es doble. Por una parte, cada curso desde hace unos cinco hay más alumnos con sobresalientes; los estudiantes saben que tienen que esforzarse al máximo para obtener plaza en las carreras con más demanda —ya sean las sanitarias o los dobles grados— y trabajan duramente desde el primer día de primero de bachillerato (incluso antes, con clases de refuerzo durante el verano); por ejemplo, en el curso 2014/15 fueron 1.466 los que presentaban un expediente con la máxima nota. El otro motivo es que los estudiantes que acaban de terminar segundo de bachillerato ya vivieron el año pasado un curso excepcional, en el que se dejó de impartir temario en marzo y dedicaron el último trimestre a subir nota.
Ambas razones explican el salto de los 1.885 sobresalientes del curso 2018/19 a los 2.988 de este. Son cifras que nadie esperaba ver, y es que esas notas son muy altas. De hecho, en la normativa gallega los estudiantes con más de un 8,75 de media en bachillerato se pueden presentar a los premios extraordinarios de la etapa, una cifra que seguramente se revisará al alza en el futuro.
Una media muy importante
La nota de bachillerato es muy importante porque supone el 60% de la calificación que uno tiene para siempre en su expediente de acceso a la universidad; el otro 40% es la media de los cinco exámenes obligatorios de la prueba que comienza hoy.
La calificación permanente no puede superar el 10 tradicional, pero sí se le pueden sumar hasta 4 puntos más por dos exámenes extra que hagan los estudiantes. En ese caso, se trata de asignaturas no obligatorias y que cada carrera elige. Su función es muy interesante sobre el papel, porque se trata de valorar especialmente las materias que más le interesan a cada grado —Bioloxía y Química en las sanitarias; Economía o Filosofía en las de sociales; Física o Debuxo en las ingeniería...— para compensar una nota no tan alta en alguna asignatura obligatoria; en la práctica, el problema es que los estudiantes se preparan tanto que las notas se disparan y para tener plaza en las carreras con más solicitantes —que no las más difíciles— hay que ser excelente en todo.
Y todo es Lingua Castelá e Literatura; Lingua e Literatura Galegas; Historia de España; primera lengua extranjera (en más de un 90% de los casos, Inglés); y una asignatura de opción, que puede ser Matemáticas (de ciencias o de sociales), Latín (para Humanidades) y Fundamentos da Arte (para artes). Y por supuesto en las optativas, que son, por número de inscritos el curso pasado: Química (3.354), Bioloxía (2.792), Economía da Empresa (2.767) e Historia da Filosofía (2.584).
Busca aquí el lugar de realización de la prueba según el centro educativo de referencia
El jueves 17 saldrán las notas y el 22 se podrá pedir la carrera
La selectividad es el primer y más importante paso para entrar en una carrera, pero no el único. Estos son las acciones y las fechas principales que los alumnos deben recordar:
Notas
Salen el jueves 17 a las 20 horas. Les envían una notificación al móvil, pero también se pueden consultar entrando en la aplicación (Nerta).
Reclamaciones
Del 18 (viernes) al día 22 (martes) a las 14 horas se puede reclamar la nota. Se resuelven el día 24 (jueves).
Preinscripción en Galicia
Los que quieran apuntarse a una carrera en Galicia —cada comunidad tiene sus plazos— pueden hacerlo del 22 (martes) al 30 de junio (hasta las 14 horas). Se pueden pedir cinco grados diferentes, con un máximo de diez anotaciones si se repiten en distintos campus.
El orden en que se soliciten las titulaciones es fundamental: si un alumno entra en el primer grado pedido, no se puede cambiar al segundo.
Llamamiento
El día 8 de julio (jueves) saldrá el listado de los admitidos en cada carrera. El alumno debe matricularse entre el día 9 y el 12 de julio. En caso de estar en lista espera de una titulación —y esto es importante—, el estudiante debe confirmar en el mismo plazo (del 9 al 12) que se mantiene en la cola. Hay previstos 8 llamamientos así hasta el 11 de agosto.
CRÓNICA: CON LOS ESTUDIANTES
«Si bajan el nivel del examen también nos perjudica»
Dos días. Eso es lo que el ourensano Rubén Gómez se permitió de descanso, tras recoger las notas de bachillerato. A partir de ahí, este candidato a universitario se autoimpuso una rutina diaria de la que no se ha despegado. Se levanta a las siete de la mañana y aprieta los codos hasta la hora de comer, con la única licencia de un pequeño descanso intermedio; dos días a la semana acude a clases de refuerzo con sus profesores de Filosofía y Matemáticas del IES As Lagoas, y todas las tardes se le puede encontrar en una academia de la ciudad de As Burgas para fortalecer tres materias: Lengua, Gallego e Inglés. «Las lenguas son mi punto débil», aclara este joven de 18 años que llegó a Ourense para cursar tercero de la ESO tras cumplir su primera etapa escolar en Suiza.
Rubén forma parte de lo que podría denominarse la primera generación de bachilleres covid —los dos años de este nivel formativo les coincidieron con la pandemia—, pero pese a las alteraciones sufridas en el ritmo lectivo habitual, cree que eso no les perjudicará. «En mi caso, incluso al revés; creo que me benefició. Mejoré las notas», dice.
Tampoco se fía demasiado de que esas incidencias formativas vayan a notarse en una presunta bajada en el nivel de exigencia de las pruebas que le franquearán el acceso a la formación universitaria. Confiesa, de hecho, un nerviosismo similar al que vivieron otros muchos en generaciones precedentes. «Estoy preocupado, sí. Necesito un 8,7 para lograr mi objetivo, que es entrar aquí en magisterio. La alternativa es empezar un ciclo superior en Educación Infantil que me permitiría el acceso a la universidad convalidando algunas asignaturas; ese es mi plan B», apunta.
Rubén estudia en casa. Dice que las bibliotecas no le permiten el mismo nivel de concentración. Y lo mismo le ocurre a Lucía Laranjo. «Yo necesito escucharme para fijar lo que estudio y obviamente en una biblioteca no puedo hablar en alto», razona. Lucía también sueña un futuro profesional dedicado a la enseñanza: «Haré magisterio, sí o sí; no hay plan B», apunta convencida de que el 9 de media que obtuvo en bachillerato le facilita lograr el objetivo.
Mejor en la biblioteca
Ella difiere con Rubén en la valoración sobre la influencia de la pandemia en esta etapa de su formación. «Creo que, sobre todo el año pasado y en algunas materias, nos perjudicó porque se perdió casi un trimestre. Y, si es cierto que los exámenes son menos duros que antes [hay más optatividad], tampoco creo que eso vaya a beneficiar porque, al fin y al cabo, supone más candidatos a las plazas y subirá la nota de corte», razona.
Al contrario que ellos, Manel Fernández necesita el ambiente de estudio de una biblioteca para no dispersarse. Acude a la del campus de Ourense, sobre cuyo mostrador de recepción un cartel advierte a los usuarios del cierre del servicio desde las seis de la tarde de este lunes y durante las tres jornadas siguientes.
La pandemia y los protocolos sanitarios han convertido esta instalación —ya ocurrió en el 2020— en una sede más para la realización de las pruebas de acceso a la universidad. Manel está en el grupo de los que no se fían demasiado de la presunta panacea de esos exámenes en la era covid. «Din que xa se notou o ano pasado, pero non quere dicir que neste pase igual», opina este futuro ingeniero informático al que no le importa hacer las maletas para «coller praza onde haxa».
«Estamos completos, igual que antes; pero ahora el tope son 130 y antes se ocupaban las 460 plazas»
La luminosa biblioteca del campus ourensano siempre ha sido punto de referencia para que muchos aspirantes a universitarios preparen estas pruebas. «Se les nota porque, aunque es obligatorio que hayan cumplido los 18, son más jovencitos que la media; y generalmente llegan en grupo», explica la directora, Julia Jiménez. El protocolo sanitario provoca que la cifra de estos usuarios diste mucho de la que se veía en época prepandémica. «Estamos completos, igual que antes; pero ahora el tope son 130 y antes se ocupaban las 460 plazas», dice. Como consecuencia de la reducción de aforo, las técnicas que atienden el servicio se ven obligadas diariamente a negar el acceso a muchos usuarios que ya no disponen de hueco cuando llegan. El control se lleva a rajatabla y, tras registrar con el lector de banda magnética el carné del usuario al entrar, se pide que avisen al salida. No solo por el aforo; también para evitar la expansión de un posible brote teniendo localizados a quienes eventualmente pudieran compartir sala con algún contagiado.
Loli Blanco, jefa del departamento de física y química del IES Eusebio da Guarda: «Eu dígolles aos rapaces: ‘‘Vós xa o tendes dentro, e se ides tranquilos, sáevos»
La selectividad no solo examina a los alumnos, sino también a sus profesores; si una clase entera pincha en una materia concreta todos los ojos se giran hacia el docente. Esta presión existe, reconoce Loli Blanco, profesora de Física en bachillerato y jefa del departamento de Física e Química del IES Eusebio da Guarda, en A Coruña. Ella recalca que «o fundamental son os rapaces, que se xogan a nota e o seu futuro, pero tamén nos examina a nós dalgún xeito». De hecho, ella es «víctima», porque muchos de sus estudiantes de Física se presentan a la asignatura (voluntaria) «por ir», y como no preparan el examen no sacan la nota que deberían. ¿Por qué lo hacen? «Nós temos avaliación continua, sempre entra toda a materia, e eles sinten que a levan ao día». Eso que este año les quedaron un par de temas sin dar en el curso —los ampliaron en el refuerzo—, porque empezaron dos semanas más tarde de lo esperado por culpa del reajuste del metro y medio de distancia.
¿Y cómo ven los profesores a los estudiantes a las puertas de la selectividad? Loli Blanco reconoce que su centro tiene mucho nivel, que han tenido muy buenas notas, y eso que presume de «que lles puxemos as notas que mereceron, non tivemos manga ancha». Pero la selectividad es otra cosa: «Sempre baixan a nota, en parte porque ti cando os cualificas tes en conta o traballo de clase, e na ABAU non é así». A ella le preocupa hasta cierto punto: «Se baixan 1 punto ou 1,5 puntos da nota que lles toca penso que está ben», otra cosa es una caída muy superior. Este año, Blanco ha ideado una estrategia diferente para evitar al máximo los errores en selectividad: «Fixemos simulacros todo o tempo, sobre todo na corrección. Porque ás veces esquécense de poñer as flechas se falan de vectores ou ata poñer as unidades». Ella ve que donde más flojean es en cómo justifican los pasos dados en la resolución de los problemas, «ou quedan cortos ou repítense». Blanco les ayuda «a coller o punto» a este examen tan especial, porque realmente aprobar no es difícil: «Eu dígolles aos rapaces: «Vós xa o tendes dentro, e se ides tranquilos, sáevos».
Aunque los estudiantes de Física no están tan necesitados de nota como los de Química (obligatoria para las carreras sanitarias), también están pendientes de las medias: «Se fan ben as específicas poden sacar un 11 con certa facilidade». Eso supone que deben llevar el bachillerato con un 7 como mínimo, y que les salga bien la parte obligatoria de la selectividad. Una exigencia muy alta, pero con pocas alternativas: «Entendo que ten que haber unha selección para entrar nas carreiras, sobre todo que esixan nivel en determinadas materias», razona Loli Blanco, aunque también sabe que jugárselo todo en tres días es terrible. «Non vexo que haxa unha alternativa máis xusta», dice a modo de conclusión.
Con la selectividad no se acaba todo. Después llega la carrera, aunque con una presión totalmente diferente, mucho más llevadera. Los alumnos suelen estar contentos con la vida universitaria aunque, dice orgullosa Blanco, «cando veñen por aquí xa nos din que nos botan de menos».