Los alumnos de ESO y bachillerato recuperan de nuevo la rutina
17 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Los primeros chubascos vaticinaron la inminente llegada del otoño y dieron la bienvenida al primer día del curso escolar para los más de 4.400 alumnos de ESO y bachillerato matriculados en los centros públicos de enseñanza de la Costa da Morte.
Los institutos abrieron ayer sus puertas con más pupitres y menos profesores. A pesar de esto, y de los inconvenientes delas obras en algunos centros - caso de Baio y Ponteceso- fue un comienzo normal, en el que, como siempre, algunos nervios estaban a flor de piel.
El instituto carballés Alfredo Brañas es el único en el que, además de las matrículas, este año ha aumentado el número de profesores. La jornada para los alumnos de la ESO comenzó a las 11.00 horas, en la presentación. A diferencia de sus compañeros de bachillerato, su primer día duró hasta las 14.30 horas, ya que las clases comenzaron con normalidad. A pesar de ser una jornada atípica, los alumnos estuvieron ya en sus nuevas aulas conociendo a sus profesores o charlando con otros ya familiares: esa situación clásica que, generación tras generación, no falla.
A las 13.00 le llegó el momento a los de bachillerato, más desenvueltos y también más exigentes. Las sonrisas son ya viejas conocidas de los reencuentros y, poco a poco, el salón de actos fue acogiendo a todos los que este año empezarán una etapa nueva y a otros que, sin pensarlo, ya desean pisar la universidad. Es el caso de Desiré Barca, quien tiene muy claro que para el año quiere comenzar sus estudios en Historia.
Los chicos y chicas de segundo de bachillerato no se andan con chiquitas, y saben que para ellos este será un curso decisivo. La tensión afloró durante el reparto de horarios, con el que muchos no estaban contentos. Estefani Gómez, de 18 años, explicaba que a ella ya le habían sacado las ganas de la vuelta a clase porque tenía muchos problemas con las asignaturas.
Y así, el nerviosismo del salón de actos se fue trasladando al despacho de la directora, Mónica Mariño. Primero, a cuentagotas, y luego, en marabunta, los alumnos reclamaban a la directiva soluciones para los problemas de matrícula. Con gran destreza, la responsable atendió las cuestiones de los alumnos y les animó a tratarlos con más calma al día siguiente.
Lo paradójico del asunto es que todo este alboroto se generó precisamente porque la directiva apostó por intentar ofrecer una enseñanza de mayor calidad, proponiendo gran número de optativas para que cada uno pueda elegir su campo predilecto. Esto implica los cambios en la matrícula de los alumnos desbarataría el horario en el que los profesores llevan una gran cantidad de tiempo trabajando, como explicaba la propia directora: «Un cambio echaría todo nuestro trabajo por tierra».
Alegrías, rabia y caras de disgusto se alternan todos los años a las puertas de los centros educativos, porque lo que está claro es que nunca llueve a gusto de todos.
Inicio del curso
La tensión afloró en el reparto de horarios, con los que muchos no estaban contentos