Los grandes bancos centrales cierran filas con Powell frente al ataque de Trump

Cristina Porteiro
c. porteiro REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

María Pedreda

Las tentativas de controlar la Reserva Federal no son nuevas: Arthur Burns, el profeta de la inflación, sucumbió a ella por el hostigamiento de Richard Nixon

13 ene 2026 . Actualizado a las 18:45 h.

Es uno de los bastiones de poder que todavía se le resisten a Donald Trump. Tras dar carta blanca a la policía migratoria (ICE) para acometer deportaciones masivas y acometer una purga judicial —ordenó el cese de los fiscales de la era Biden y despidió a jueces de inmigración—, el puño del republicano vuelve a golpear a la Reserva Federal, que se ha convertido, de forma involuntaria, en un baluarte de la resistencia frente a sus injerencias políticas.

El último ataque perpetrado para quebrar la voluntad de su presidente, Jerome Powellla fiscalía de Washington D.C. le ha abierto una investigación criminal relacionada con supuestos sobrecostes en la remodelación de la sede de la Fed— ha indignado a las autoridades bancarias de todo el mundo, que han salido en su defensa: «El presidente Jerome Powell ha desempeñado sus funciones con integridad, y se ha centrado en su mandato y en su compromiso inquebrantable con el interés público. Para nosotros es un colega respetado», reza el comunicado conjunto al que se han adherido este lunes la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, los gobernadores de los bancos centrales de Inglaterra (Andrew Bailey); Suecia (Erik Thedéen), Dinamarca (Christian Kettel Thomsen), Suiza (Martin Schlegel), Noruega (Ida Wolden Bache), Australia (Michele Bullock), Canadá (Tiff Macklem), Corea (Chang Yong Rhee), Brasil (Gabriel Galípolo), además del presidente del consejo de administración y el director general del Banco de Pagos Internacionales, François Villeroy de Galhau, y Pablo Hernández de Cos —ex gobernador del Banco de España—.

La misiva incluye una advertencia inédita en tiempos modernos: «La independencia de los bancos centrales es un elemento clave de la estabilidad de precios y la estabilidad financiera y económica, en beneficio de los ciudadanos a los que servimos. Por lo tanto, es fundamental preservar dicha independencia, con pleno respeto al Estado de derecho y a la rendición de cuentas democrática».

El mensaje es claro: puede que a Trump le interese bajar los tipos de interés para estimular la economía y presentarse ante el electorado como un mandatario exitoso —todos están tentados a hacerlo—, pero la responsabilidad de la Fed, y de cualquier banco central, es evitar que la política monetaria se convierta en rehén de sus caprichos. Si ceden a las pretensiones cortoplacistas de Trump, la economía estadounidense podría verse abocada, en última instancia, a nuevos episodios de hiperinflación, burbujas y empobrecimiento de los hogares.

La «presión constante» que denunció Powell el domingo no es nueva. Comenzó en marzo del 2025, cuando el organismo que preside ignoró las demandas de Trump de abaratar el dinero. Desde entonces, el banquero ha sufrido, en sus palabras, todo tipo de «intimidaciones» y «amenazas» para cambiar el rumbo de la política monetaria de EE.UU.

La Casa Blanca niega que Trump haya ordenado al Departamento de Justicia iniciar el proceso penal contra Powell. Sin embargo, su portavoz, Karoline Leavitt, no ha dudado en desprestigiarlo de nuevo: «Una cosa está clara, y el presidente lo ha dejado muy claro: Jerome Powell es malo en su trabajo [...] En cuanto a si es un delincuente o no, esa es una respuesta que tendrá que averiguar el Departamento de Justicia, y parece que tienen intención de averiguarlo».

La fiscal para el Distrito de Columbia (Washington D.C.), Jeanine Pirro, defendió este lunes las actuaciones, alegando que la Fed no respondió a los múltiples requerimientos formulados por la fiscalía estadounidense en torno a los supuestos sobrecostes. Pirro, antigua jueza y expresentadora de Fox News, fue elegida por Trump el pasado mes de mayo para el puesto que ocupa.

Arthur Frank Burns, expresidente de la Fed, sufrió una campaña de coacciones y amenazas por parte de la Administración Nixon.
Arthur Frank Burns, expresidente de la Fed, sufrió una campaña de coacciones y amenazas por parte de la Administración Nixon. Oscar Porter

Arthur Burns, el profeta de la inflación que sucumbió a ella por el hostigamiento de Nixon

No hay que irse muy lejos para comprobar la devastación económica que puede desatar la falta de independencia de las autoridades monetarias. Entre 1970 y 1978, el economista Arthur Frank Burns —considerado el profeta de la inflación, por su obsesión por mantener los precios bajo control— presidió la Reserva Federal. Lo hizo con la bendición de entonces presidente Richard Nixon quien, al igual que Trump, convirtió su aprecio y respaldo de inicio en ojeriza y persecución.

El republicano esperaba que su elegido bajara los tipos de interés de forma acusada, para facilitar el acceso al crédito a las empresas, estimular el consumo de los hogares y propagar la falsa sensación de prosperidad, tan necesaria para conseguir el apoyo de los electores. Sin embargo, aunque Burns se acabaría plegando a sus deseos, la Reserva Federal (Fed) no abarató el precio del dólar todo lo rápido que Nixon quería, lo que llevó al presidente estadounidense a desatar una campaña de hostigamiento contra el economista, al que responsabilizó de llevar a Estados Unidos a una recesión.

La ofensiva se recrudeció en 1971, cuando Nixon trató de vencer las defensas de Burns poniendo a cargo de la Secretaría del Tesoro a John Connally, quien no tuvo piedad con el presidente de la Fed. Llegó a ordenarle que se plegase a las políticas de la Casa Blanca.

Asesores del presidente estadounidense se encargaron de acosar al tecnócrata, recordándole que estaba «en deuda» con Nixon. Pero su lealtad al mandatario chocaba de frente con la realidad: la inflación crecía a un ritmo del 6 %, así que no le quedó más remedio que subir los tipos de interés.

Los hombres de Nixon trataron de socavar su reputación con informaciones difamatorias en la prensa. Las elecciones estaban a la vuelta de la esquina (7 de noviembre de 1972), por lo que el republicano anunció un plan de estímulos que aunaba aranceles, congelación de salarios y precios y el fin del patrón oro. Invitó a Burns a unirse a su círculo cercano y este respondió cediendo a sus deseos con un resultado aciago: EE.UU. se precipitó hacia la temida estanflación —estancamiento, alto desempleo e hiperinflación—.