Bruselas lanza un plan de inversiones de 43.000 millones para abastecerse de microchips

Jesús Carballo BRUSELAS / E. LA VOZ

ECONOMÍA

YVES HERMAN

La Comisión Europea quiere concentrar el 20 % de la producción mundial para el 2030 y ser autosuficiente levantando megafábricas

08 feb 2022 . Actualizado a las 18:31 h.

La escasez mundial de microchipspropiciada por la pandemia, ha desencadenado pérdidas de empleo, la intermitencia en líneas de producción de ciertos bienes, como dispositivos electrónicos o vehículos, y ha forzado el cierre de fábricas en una amplia gama de sectores, incluido el automovilístico. En algunos países de la Unión Europea (UE) se ha perdido hasta un tercio de la fabricación de coches por el apagón de las factorías. Unos problemas que no han sido ajenos para la planta de Stellantis de Vigo. 

La situación de desabastecimiento es tan alarmante que la Comisión Europea ha tenido que presentar este martes una propuesta para movilizar 43.000 millones de euros con el objetivo de establecer medidas para prevenir, preparar, anticipar y responder rápidamente a cualquier interrupción futura de las cadenas de suministro de estos semiconductores. Esto permitirá a la UE duplicar su cuota de mercado actual al 20 % en el 2030 y limitar su dependencia de los mercados asiáticos -un 80 % de la producción se concentra allí- en la obtención de los componentes que se utilizan en la manufactura de coches y videoconsolas.

Son 30.000 millones de euros de inversiones públicas que ya estaban comprometidos dentro del presupuesto comunitario y cuya idea es que se destinen a la construcción de megafábricas en el continente, que se suman 11.000 millones de euros de inversiones adicionales públicas y privadas para reforzar la investigación, el desarrollo, la innovación y la consolidación «de chips más pequeños y eficientes desde el punto de vista energético», según ha explicado la comisaria de Innovación, Mariya Gabriel. A ello se sumaría un fondo de entre 2.000 y 6.000 millones de euros para ayudar a las empresas emergentes que quieran incorporarse al sector.

La iniciativa Chips for Europe se articulará como un mecanismo de coordinación entre los Estados miembros y la Comisión para controlar el suministro de semiconductores, estimar la demanda y anticipar la escasez para así evitar que se formen los llamados cuellos de botella.

«A corto plazo, aumentará nuestra resiliencia ante futuras crisis, y a medio plazo, a convertir a Europa en un líder industrial en esta rama estratégica» ha asegurado la presidenta del ejecutivo europeo, Ursula von der Leyen.

Con la transformación digital, están surgiendo nuevos mercados para la industria de los microchips, como el de los automóviles altamente automatizados, conectividad (5G/6G) o súper computadoras. Los semiconductores también están en el centro de fuertes tensiones geopolíticas, condicionando la capacidad de los países para actuar e impulsar la digitalización por lo que «sin chips no hay transición digital, ni transición verde, ni liderazgo tecnológico». Estamos hablando de una «prioridad económica y geopolítica» ha explicado el Comisario de Mercado Interior, Thierry Breton.

La instalación de «megafábricas» de microchips podrían ser una solución más cara y menos efectiva

La Voz

De la fábrica de Stellantis de Vigo -ha dejado de fabricar este año 87.864 vehículos y prevé un nuevo ERTE en el 2022- a la factoría de Volkswagen en Wolfsburgo -es la más grande del mundo y ha reducido su producción a la mitad-, toda la cadena del automóvil se resiente por la falta de semiconductores. Faltan microchips para poder equipar los nuevos vehículos y esa escasez pone en cuestión la autonomía de Europa para fabricar sus propios coches. 

La situación es crítica. Asia, el gigante mundial de los chips, no da abasto con la demanda acumulada desde la pandemia. Se necesitan para ensamblar turismos, pero también en los dispositivos móviles, consolas y dispositivos médicos. Los países europeos concentran el 20 % de la demanda total de estos componentes, especialmente los menos innovadores, destinados a la automoción y la industria. Ante la falta de suministro, las marcas están retrasando meses la entrega de los pedidos a sus clientes. 

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