Dos comercios de barrio menos cada día

El dominio de las grandes cadenas y, sobre todo, la voraz competencia de los gigantes de Internet ahogan a un sector que supone el sustento del 25 % de los trabajadores autónomos


redacción / la voz

No atraviesa el pequeño comercio lo que se dice por uno de sus mejores momentos. Más bien todo lo contrario. Inmerso en una profunda crisis a la que sus protagonistas no acaban de verle el final, suma cada día nuevos cierres a una ya de por sí abultada lista.

Acorralados por la manga ancha en el terreno de los horarios comerciales, el dominio de las grandes cadenas, las campañas de rebajas sinfín y, sobre todo, la aplastante competencia de los gigantes de Internet como Amazon, cada día son más los pequeños comerciantes que deciden bajar la verja.

De esa incesante sangría de pequeños negocios dan buena cuenta los más de 31.300 comercios en manos de autónomos que han echado el cierre a lo largo y ancho del territorio español en los últimos cuatro años. Desde julio del 2015, hasta el mes pasado. Además, el ritmo es cada vez más fuerte. Se ha ido intensificando año tras años: se perdieron 2.693 en el 2016; 7.038 en 2017; 10.032 en el 2018 y 11.537 en el 2019. Siempre con datos de julio.

Son las cifras que manejan en la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE). Y de acuerdo con ellas, nadie, ninguna comunidad autónoma, es ajeno a ese fenómeno que está dejando los barrios del país huérfanos de tiendas. Y Galicia, claro, no es una excepción. Es más, es, por detrás de Cataluña, el territorio que más cierres registra. Tantos como casi 3.600 en los últimos cuatro años. Lo que supone que cada día tiran la toalla en la comunidad más de dos comerciantes. En la convulsa Cataluña son más de 7.300 los que han cerrado su negocio desde julio del 2015. La única que salva más o menos los muebles en esta escabechina es Canarias, que ha visto desaparecer de su lista poco más de dos centenares de negocios de barrio en los últimos tiempos.

Desde UATAE, su secretaria general, María José Landaburu, llama la atención sobre el impacto que la sangría tiene en el mercado laboral. «No olvidemos que el sector da ocupación al 25 % de todos los trabajadores y trabajadoras autónomos de España», y muestra su preocupación ante el hecho de que «cada año la pérdida de comerciantes es mayor que en el anterior».

Landaburu subraya también que «la vida de los barrios y de las ciudades se deteriora con los locales comerciales cerrados. Además, los pequeños comerciantes ofrecen un trato más especializado a sus clientes y mejoran la vida del conjunto de la ciudadanía».

Y lo peor es que las cosas no tienen visos de mejorar. Es más, las previsiones de esta asociación de autónomos apuntan a que cuando acabe el año habrán bajado la persiana alrededor de 13.000 tiendas en toda España.

Ante lo oscuro del panorama, desde UATAE reclaman al Gobierno que «tome nota de estos datos, e impulse medidas de promoción del comercio de proximidad».

En opinión de Landaburu es fundamental que las Administraciones trabajen en «un plan para reactivar el comercio de proximidad, y ello no solo por el importante volumen y la calidad del empleo que genera, también porque es un factor fundamental de equilibrio, seguridad y bienestar en nuestros barrios y ciudades».

Las ventas de julio, un pequeño respiro en medio de la tormenta

En medio de tanto desasosiego, los datos de julio se antojan un bálsamo para las heridas. El mes de las rebajas ha dejado en las tiendas gallegas un incremento de las ventas del 4,9 % (dos décimas más que en el conjunto de España). Y el empleo también ha crecido, influenciado, claro está, por las contrataciones temporales típicas de la campaña de saldos. Aunque eso sí, con un avance mucho más modesto: del 0,7 % (un 1 % en todo el país).

Con todo, la Confederación Española de Comercio (CEC) advierte de que la subida de julio no evitará que sigan desapareciendo los pequeños comercios de las calles del país. Sobre todo porque son las principales cadenas y las grandes superficies las que acaparan ese incremento. Desde la CEC alertan de que podrían alcanzarse «cifras históricas» en el capítulo de los cierres si no se toman medidas a escala institucional, e insisten en la necesidad de que se forme un nuevo Gobierno.

«Las consecuencias de la liberalización de los períodos de rebajas, el ecommerce, los cambios de hábitos de los consumidores y la competencia desleal son palpables. La pérdida de cuota de mercado es cada vez más evidente y el empleo lleva varios años registrando pérdidas históricas en el comercio. ¿Cuántos datos negativos históricos sobre el sector se tienen que producir para que se adopten medidas?», se pregunta el presidente de la CEC, Pedro Campo.

Unas medidas que, según Campo, deben ir fundamentalmente en la línea del fomento de la competitividad y la digitalización del pequeño y mediano comercio, actualmente «en desventaja» con respecto a otros formatos comerciales. Entre las más urgentes, considera imprescindible que se reabra el debate sobre la regulación de las rebajas y que los instrumentos que se han puesto en marcha para avanzar en la digitalización del sector y luchar contra el intrusismo se traduzcan en soluciones y apoyos concretos a los comerciantes.

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