El impuesto al gasoil encamina a miles de coches gallegos a repostar a Portugal

Las gasolineras temen el efecto frontera, agravado por la rebaja de los carburantes lusos

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vigo / la voz

Ha ocurrido ya antes y volverá a suceder. Las gasolineras portuguesas situadas en localidades limítrofes con Galicia se preparan para recibir con los brazos abiertos a miles de conductores de vehículos diésel.

Es lo que la Federación Gallega de Estaciones de Servicio (Fegaes) llamó ayer efecto frontera, provocado por la subida de impuestos que el Gobierno de Pedro Sánchez está preparando para penalizar la circulación de vehículos de gasoil, como parte de su guerra declarada al coche diésel.

El gasoil es más barato que la gasolina porque paga menos impuestos. Cuando se equipare el gravamen, los conductores de coches de gasoil soportarán una carga fiscal de 40,07 céntimos por litro, 10 céntimos más que ahora. Lo que, a la hora de pagar, situaría el litro de este carburante (el más utilizado por vehículos de transporte) en 1,365 euros -tomando como referencia el precio actual-, más caro incluso que la gasolina de 95 octanos. A un automovilista con un coche diésel de gama media y un tanque con 60 litros de capacidad llenar el depósito le costaría con la nueva tasa 79,74 euros, un 8 % más.

«Se retraerá el consumo»

Este incremento, unido a la bajada impositiva sobre los carburantes que acaba de aprobar el Parlamento luso justifica más si cabe el temor de la patronal gallega de las estaciones de servicio a ver cómo miles de conductores, especialmente transportistas, no dudarán en cruzar la frontera para repostar a un coste por litro más barato.

Las gasolineras lusas surten ahora mismo el litro de gasoil a un precio medio de 1,361 euros, casi diez céntimos más caro que en Galicia, donde cotiza a 1,265 euros el litro. La retirada de la recarga impositiva sobre los carburantes lusos (de 5 céntimos de media) y el nuevo gravamen que prepara el Ejecutivo español harán que las cuentas salgan mejor al otro lado de la frontera.

«Con el impuesto al diésel se va a retraer el consumo. Tememos una reducción de las ventas», afirmó Benigno Redondo, presidente de Fegaes. «Se va a intensificar el efecto frontera, tanto con Portugal como con Francia, y no solo afecta a los consumidores de aquí. Los transportistas internacionales repostarán en los sitios que consideren más ventajosos», añadió Julio López, secretario de la patronal. Ambos presentaron ayer en Vigo un informe sobre el precio de los carburantes en la comunidad gallega.

Todos en contra

Ayer fueron los empresarios de las estaciones de servicio, pero la avalancha de protestas que ha recibido el Gobierno por su intención de penalizar el diésel no cesa. Entre los más contundentes en su rechazo se encuentran los fabricantes de coches. A modo de ejemplo: el 77 % de los vehículos que PSA fabrica en Vigo están equipados con motores diésel. Esa es la proporción de buena parte de los constructores que esta semana han alertado al Gobierno de que su guerra contra el vehículo de gasoil afecta directamente a 4.000 empleos.

Ante la presión, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se ha visto obligada a explicar que el Gobierno estudia una subida «progresiva» del impuesto y que excluirá el combustible utilizado por los profesionales del transporte. También ha aclarado que el aumento no incidirá sobre las cuentas de las pequeñas empresas o de los autónomos. Las palabras de la ministra Montero han tranquilizado algo a este colectivo, que estima el sobrecoste de esta medida, en caso de que finalmente repercutiera sobre ellos, en 1.200 euros al año.

La patronal gallega de estaciones de servicio culpa al céntimo sanitario de la caída de ventas y márgenes

El coste más significativo para determinar el precio del combustible son los impuestos, que representan casi la mitad de lo que los clientes pagan en los surtidores. En España, la carga fiscal se divide en cuatro tramos. Un impuesto estatal general, que grava con 30,7 céntimos el litro de gasoil. Un tipo estatal especial, de 2,4 céntimos por litro. Y un tipo autonómico, que varía según la zona desde 0 hasta 4,8 céntimos por litro. A esas tasas también se suma el IVA, del 21 %.

Catalunya, Baleares, Galicia, Andalucía, Asturias, Castilla-La Mancha, Murcia y Valencia optaron en su día por aplicar el máximo (los 4,8 céntimos de la parte autonómica), correspondiente al denominado céntimo sanitario.

Esto hace que, en estas comunidades, el precio del carburante resulte sensiblemente más caro.

En teoría, estas diferencias impositivas se terminan con la entrada en vigor de los Presupuestos Generales del Estado del 2018, que fijan esa subida en el País Vasco, Cantabria, Castilla-León, La Rioja, Navarra, Madrid, Aragón, Extremadura y Asturias, a partir del próximo 1 de enero, para acabar con las diferencias de precios que existen entre unas comunidades y otras como consecuencia de la parte autonómica. El sector gallego defiende sus precios y, en un informe presentado ayer en Vigo, concluye que la aplicación del céntimo sanitario es «el principal factor que determina el precio de los combustibles en la comunidad».

El autor del informe, José Antonio Berenguer, insistió en resaltar que en Galicia se está aplicando el valor máximo de esta tasa (4,8 céntimos por litro) y explicó que, pese a la percepción general, Galicia no es la comunidad en la que los precios son más altos y que, si se hace una comparativa antes de impuestos, se comprueba que «está prácticamente siempre por debajo de la media nacional», aseguró. Galicia es la séptima comunidad en número de estaciones de servicio, con 625 gasolineras, alrededor del 6 % del total de España. En cambio, en ventas se sitúa en la posición número 11, según apunta este estudio.

Caída del 30 % en diez años

«El consumo ha descendido. Entre los años 2007 y 2017, Galicia ha perdido un 30 % de las ventas y no las ha recuperado», afirmó el experto, que atribuyó las pérdidas en gran medida a los profesionales que no cargan en Galicia y también a los vehículos alternativos.

Diez marcas que se han anticipado al final del diésel

m. s. d.

Ya son diez las marcas de coches que han dicho que dejarán de fabricar motores diésel o planean eliminarlos en un futuro próximo. Tampoco es de extrañar, viendo la lista de ciudades europeas que les van a poner difícil a estos coches circular por sus centros urbanos.

PSA. No ha dicho cuándo va a poner fin a la producción diésel, pero sí ha avanzado sus planes alternativos: «El 50 % de nuestros modelos serán eléctricos para el 2020, y el 100 % de nuestros modelos estarán electrificados para el 2025».

Lexus. En el 2014 presentó la nueva generación de su berlina IS, el primer modelo europeo no disponible en gasoil.

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