Ron culpa a Saracho del crac del Popular y de querer venderlo «en una tómbola»

Dice que se confiscaron las acciones del banco y exige que se compense a los afectados

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madrid / la voz

«Esperamos que usted aporte más luz que otros comparecientes, que solo han dicho generalidades». El deseo expresado por el portavoz socialista en la comisión del Congreso que investiga la crisis financiera, y que repitieron otros diputados, se hizo realidad ayer en las intervenciones de los dos últimos presidentes del Banco Popular, Ángel Ron y Emilio Saracho, que dieron explicaciones extensas y minuciosas -aunque enfrentadas- de qué ocurrió para que la que fue la entidad más solvente y rentable del mundo acabara cayendo hace algo más de un año, en la noche del 6 al 7 de junio del 2017, en una subasta urgente.

La comisión se convirtió en una suerte de cuadrilátero en la que, primero Ron y luego Saracho, se acusaron mutuamente de ser responsables de la dramática resolución del banco, en la que más de 300.000 accionistas y bonistas vieron esfumarse todo su dinero.

El que fue presidente del Popular durante 12 años cargó sobre su sucesor -al que nunca se refirió por su nombre- la responsabilidad del naufragio. Aseguró que el nombramiento de Saracho había precipitado la caída de un banco «que jamás había incumplido los requerimientos legales», «que siempre había dicho la verdad sobre sus cuentas» y en el que «de repente, en una sola noche, sus 300.000 accionistas fueron desposeídos de su propiedad».

«Esto requiere una investigación profunda para encontrar a sus responsables y espero que la Justicia encuentre una reparación a este atropello tan flagrante», insistió, situándose entre los perjudicados, ya que, según dijo, invirtió 125.000 euros en la ampliación del 2016 pero perdió casi un millón. «¡Cómo no voy a entender el clamor de los afectados!», dijo.

Reiteró que el problema del Popular no era de solvencia, sino de liquidez, algo precipitado por los mensajes lanzados por Saracho, que minaron la confianza de los clientes y provocaron una fuga de depósitos inasumible.

Acusó a su sucesor de llegar al banco con el mandato del accionista mexicano Antonio del Valle para hacer caer la acción y quedarse con el Popular a precio de saldo, y aseguró que Saracho dijo que si no vendía el banco en junio «montaría una tómbola», además de «amenazar» al supervisor con «estrellar el avión a las puertas del BCE», convencido de que no lo dejarían caer. «Como estrategia para negociar puede funcionar, pero me recuerda a la conducción temeraria. Los directivos estaban asustados», insistió.

En el discurso de Ron no hubo espacio para la autocrítica. Subrayó que cuando él abandonó la presidencia el valor del banco en bolsa era de 3.000 millones (obvió que la acción cayó durante su mandato un 98 %) y también puso el foco sobre el Santander, que hizo un «excelente negocio», con un retorno esperado del 20 % tras el «expolio».

... Y Saracho dice que el banco era «una caca», lo peor de Europa

La intervención de Emilio Saracho -que duró más de cuatro horas- fue radicalmente opuesta a la de su predecesor, al que siempre se refirió por su nombre de pila, Ángel. El último presidente del Popular, que detalló de forma exhaustiva sus 108 días al frente del banco, sí admitió la parte proporcional de responsabilidad en el desastre por sus menos de cuatro meses al frente. «Se cometieron demasiados errores y son siempre de los gestores. Míos en mis 108 días, y de Ángel en sus doce años. Pero eso no quiere decir que los errores sean delitos», matizó.

«Este banco estaba condenado: yo no lo sabía y, probablemente, Ron tampoco. Empeñarse en que el banco tenía posibilidades distintas de las que tuvo al final es poco realista. Con la resolución se evitó un desastre bíblico, porque si no habría habido que pedir 20.000 millones o a los contribuyentes o a los depositantes. Y había cuatro millones de clientes», aseguró.

Explicó que asumió la presidencia del banco por «responsabilidad», aunque no quería, y criticó la resistencia de Ron para ver los problemas de la entidad. «Él repite mucho que está perplejo. Pues si no entiendes el problema, no podrás encontrarle solución», sostuvo, para asegurar que el Popular era «una bomba de relojería», el «mayor problema del sector bancario en toda Europa, [...] una caca». «Teníamos unas dificultades graves que venían de una década de horror» en la que se acumularon 37.000 millones de «cemento armado» en un balance de 140.000 y con unos «depósitos de Liliput».

A diferencia de su predecesor, Saracho admitió que había «precipitado» los acontecimientos que llevaron a la resolución: desde la reformulación de las cuentas hasta su polémico discurso en la junta de accionistas de abril, que desató la fuga de depósitos después de que anunciara que las únicas soluciones eran otra ampliación de capital o una operación corporativa. Sin embargo, aseguró que esa era su «obligación», porque necesitaba comprobar cuál era la situación real de la entidad y explorar las dos opciones (venta o ampliación).

También sostuvo que, si Ron hubiera sido reemplazado dos años antes, «el banco se habría salvado», ya que no se habría hecho la ampliación del 2016 (2.500 millones), que resultó insuficiente y supuso el principio del fin.

«Contrataron a un bombero, pero el banco necesitaba otra cosa. Acabé siendo un artificiero» en la detonación controlada de la entidad, aseguró a los diputados, que coincidieron en calificar su versión como «más verosímil» que la de Ron. En lo único en lo que ambos expresidentes no divergieron fue en que los accionistas y los bonistas habían sido muy maltratados. «El término de expropiación se queda corto, porque no recibieron ni un justiprecio», lamentó Saracho.

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