Las luces y las sombras del CETA

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ECONOMÍA

FRANCOIS LENOIR | Reuters

La UE abre las puertas del libre mercado con Canadá, un territorio que España aún no ha explorado

02 nov 2016 . Actualizado a las 07:31 h.

Superado el veto a destiempo de Valonia al acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA), ha llegado el momento de que la Eurocámara y los 28 Parlamentos nacionales ratifiquen un pacto comercial que ha tardado siete años en fraguarse. Bruselas trata de propagar las bondades del hermano pequeño del TTIP estadounidense. Lo hace en condicional y sin ahondar demasiado en las cifras. «Podría ayudar a impulsar el empleo y el crecimiento», asegura la Comisión Europea. Estima que por cada 1.000 millones de euros que generan las exportaciones de la UE se pueden sostener 14.000 empleos, pero no aclara cuántos puestos de trabajo se perderán por el camino como consecuencia del cierre de pequeñas empresas incapaces de adaptar su negocio a las economías a escala que se están forjando con la apertura de puertas. 

Ventajas

¿Qué puede tener de provechoso el acuerdo Unión Europea-Canadá?

El efecto positivo más inmediato es la revitalización del comercio entre los dos socios. Cada año podrían movilizarse hasta 26.000 millones de euros adicionales (un 23 % más que hasta ahora) que se sumarían a los 63.500 millones generados en un año como el 2015. El PIB de la UE aumentaría en unos 10.900 millones de euros anuales.

La supresión del 99 % de los aranceles abre las puertas al ahorro a las empresas europeas de 500 millones anuales en cargos de exportación a un mercado de 36 millones de consumidores que todavía no se ha explotado a pleno rendimiento. Canadá aún es el duodécimo socio comercial de la UE adonde van a parar el 11 % total de las exportaciones, en su mayoría servicios (27.200 millones de euros), maquinaria y transporte (15.451 millones) y químicos (6.067 millones). De entre los 28 países de la UE, Alemania ha tomado la delantera. La economía germana registra un superávit de 6.800 millones de euros con Canadá. En la otra cara de la moneda se encuentra Reino Unido. A pesar de ser uno de sus socios principales, su balanza comercial registra un déficit de 6.700 millones de euros.

¿Qué ocurre con España? Las relaciones no son muy intensas y hay mucho margen de mejora. Según el Icex, Canadá es el trigésimo cliente y cuadragésimo quinto proveedor de productos y servicios con una balanza comercial favorable a la economía española, que exporta productos farmacéuticos, maquinaria, combustibles, aceites minerales, vehículos y bebidas por valor de 1.372 millones de euros e importa 988 millones de euros en minerales, combustibles, maquinaria y cereales, los cuales pueden inundar el mercado europeo abaratando el coste para los ganaderos.

Uno de los principales beneficios que se atribuye al CETA es la posibilidad que ofrece a la UE de diversificar sus fuentes de energía en un momento de crítica dependencia del gas ruso. Canadá controla las terceras reservas más grandes de petróleo en el mundo tras Arabia Saudí y Venezuela. No se pueden obviar las facilidades que tendrán las empresas europeas especializadas en la construcción de carreteras, puertos e infraestructuras de acceder a las licitaciones públicas en Canadá. Un pastel de 30.000 millones de euros anuales. También están de enhorabuena arquitectos, ingenieros y otros profesionales liberales. Sus cualificaciones serán homologadas a uno y otro lado del Atlántico.

Inconvenientes

¿Qué sombras se ciernen sobre el CETA?

Depende del objetivo con el que se mire. El acuerdo es una autopista para los negocios de las grandes multinacionales, pero no puede garantizar que las pequeñas empresas o explotaciones familiares puedan competir en igualdad de condiciones con los gigantes agroalimentarios, por ejemplo, a pesar de ver reducidas la burocracia y las barreras de acceso. Para evitar conflictos con el sector, en la UE algunos productos agrícolas (4 %) seguirán manteniendo sus tasas y la importación de carne y productos lácteos provenientes de Canadá estará sujeta a contingentes arancelarios. Para algunos críticos no es suficiente. La eurodiputada de AGE, Lidia Senra, denuncia los perjuicios que acarreará para la economía gallega: «Ningunha das denominacións de orixe galegas queda protexida no acordo, que, ademais, abre á importación o equivalente ao 0,6 % da produción e do consumo interno de carne fresca de vacún da UE». Algunos economistas aplacan el optimismo de la Comisión Europea, principal negociadora, y aseguran que el crecimiento anual del PIB siete años después de que se ponga en marcha el acuerdo apenas se notará (0,09 %) en detrimento del tejido económico y social de las zonas más desfavorecidas de la UE. Pero el verdadero coste del CETA aún está por venir para las organizaciones antiglobalización. Los arbitrajes privados para dirimir disputas entre empresas y Estados pueden acarrear enormes compensaciones públicas a cargo de los contribuyentes.