El crédito empieza a gotear

Gabriel Lemos REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

Las principales entidades abren la mano en la concesión de hipotecas, aunque mantienen intereses elevados y, en algún caso, cláusulas suelo

09 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

La sequía ha acabado, anuncian a los cuatro vientos los grandes popes de la banca española, que apostillan que si el crédito no fluye aún a chorros es porque no hay demanda -«solvente», acotan cuando se les retruca- por parte de las familias. Y una visita esta misma semana por cuatro de las principales entidades financieras del país (Santander, BBVA, Bankia y Novagalicia Banco) parece que les da en parte la razón.

Saneados los balances, confinados los activos tóxicos en el contenedor nuclear del banco malo, entrar a pedir a una hipoteca ya no es visto, a día de hoy, como una osadía. El supuesto que se presenta, en todos los casos, es el mismo: una persona, de menos de 30 años, que tiene una oportunidad para comprar un piso de segunda mano por 120.000 euros y unos ingresos mensuales -con contrato indefinido- de 1.500. En todas las entidades, y a falta de presentar la documentación que acredite las circunstancias económicas declaradas, la respuesta inicial es positiva. Aunque hay matices, y notables.

Quizás el mayor está en el riesgo que está dispuesta a asumir cada entidad. Así, solo una de las cuatro visitadas ofreció de entrada financiar el 100 % del precio de compra de la vivienda, por entender que la cuota mensual no superaba el 35 % del salario neto, por lo que la ratio de endeudamiento se ceñía a los límites que se manejan en el sector como aceptables para evitar problemas durante la vida del préstamo ante circunstancias sobrevenidas, como el desempleo. A cambio, el hipotecado debería correr, eso sí, con los gastos de la operación y de la hipoteca, que rondan de media el 15 % del total.

En el resto, los límites en principio son claros e inflexibles: nada por encima del 80 % del precio que se pagará por el piso o del valor de tasación, el menor de ellos. Es decir, que si ambos coinciden, de los 120.000 euros que cuesta la vivienda el banco solo financiará 96.000. Y gracias.

Si el cliente quiere más, tendrá que pasar por el aro y cambiar el piso que traía en la cabeza por otro de los que acumuló el banco en los años de desahucios sin fin, que ya se encargarán de promocionárselos mientras le informan de las condiciones de la hipoteca. Ahí, la barra libre es total y el banco no escatimará la financiación que sea necesaria para que le libren del muerto.

Intereses

El tema de los intereses da para un capítulo aparte. Con el euríbor en mínimos, los diferenciales que aplica cada entidad marcan la diferencia y solo hay una, de las visitadas, que lo tenga por debajo del 2 %. Eso sí, será necesario que los titulares del préstamo ingresen más de 2.500 euros al mes. Porque de la publicidad a la realidad hay un río de letra pequeña. La que explica que los diferenciales, que rozan en algún caso el 3,8 %, solo se puedan rebajar con la contratación masiva de productos, como seguros, tarjetas o planes de pensiones. En el caso más favorable, toda esa batería dejaría el interés de la hipoteca en el euríbor más 2 %.

Una de las sorpresas agradables, que también las hay, es que en ninguna de las entidades requieren, en principio, el aval de un familiar para poder cerrar el préstamo. La nómina presentada podría ser, a falta del estudio de riesgo, suficiente. Tan solo en una de ellas sugieren que, con la garantía personal de los padres, el banco podría abrir la mano con el férreo tope del 80 % y cubrir el 100 % de la operación.

Sin embargo, chirría que alguna entidad siga aplicando la cláusula suelo, que impide que el interés baje de un determinado tipo -en este caso un 3,5 %- y que, pese a la sentencia del Supremo, no es ilegal si se informa al cliente.