Mientras los obreros gallegos se desplazan a otras comunidades atraídos por mejores sueldos, los trabajadores lusos escogen Galicia como destino laboral
24 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El mercado de trabajo asociado al mundo de la construcción genera la mayor parte de los movimientos migratorios que se producen dentro del Estado español y ahora afecta también al vecino Portugal.
Los obreros gallegos acuden a las grandes ciudades como Madrid y Barcelona atraídos por salarios altos, a cambio de jornadas laborales interminables. Sus puestos en la comunidad lo ocupan trabajadores lusos que llegan motivados por el mismo aliciente económico y por las condiciones de relativa estabilidad que ofrece el mercado español frente a la precariedad de los puestos en su país.
Los destinos insulares, tan en boga durante el último lustro, ahora están perdiendo interés en favor de las dos grandes capitales. Las obras del AVE en Cataluña y el soterramiento de la M-30 madrileña ocupan a un número elevado de profesionales que aportan su fuerza de trabajo y un grado de especialización ligeramente superior al de los inmigrantes de otras comunidades.
Carlos Pérez es uno de estos jóvenes de la Costa da Morte. A los 27 años, después de ocho de intenso trabajo, se ha hecho capataz de la empresa Ferrovial. Después de recorrer medio país se ha asentado en Madrid, donde en estos momentos se ocupa en la construcción de una estación de metro. Aunque reconoce la dureza de los comienzos, no se arrepiente de haberse ido fuera. «Aquí a vida está moi cara e traballamos unha burrada de horas pero compensa porque a final de mes atópaste con 3.000 ou 3.500 euros», señala. Las condiciones laborales durante su estancia en Galicia eran moi distintas. «Cando estaba na casa cobraba bastante menos e ademais saiamos de festa todos os días co que normalmente ao volver para fóra en vez de marchar con cartos case sempre ía empeñado», asegura.
La clave para él está en el ritmo de vida que varía mucho al encontrarse fuera de casa. «Aquí imos de marcha as fins de semana, un ou dous días como moito, o resto do tempo é traballar e para a casa, como moito unha cervexa. O piso compartímolo entre varios e non nos sae caro e a comida págaa a empresa. Ademais, cando non imos a Galicia aproveitamos para traballar o sábado e algúns domingos porque nos pagan moi ben as horas extras, algúns meses temos máis cartos de complementos que de nómina», dice.
En la otra cara de la moneda se encuentra Elio Marques, un inmigrante portugués que construye viviendas para la empresa Riotorto en el núcleo urbano de Carballo. Al igual que Carlos, él también lleva muchos años en el tajo. Empezó con 17 y, ahora que está a punto de cumplir 32, es el encargado de dirigir el trabajo de Adelio, Carlos, Juan, Antonio, Gilberto, Miguel y Bruno; siete compatriotas y amigos que cambiaron su residencia en el norte de Portugal por un piso en la localidad de Vilarrodís (Arteixo). Su patrón le buscó el trabajo y se encarga del pago del alquiler, la manutención y los viajes semanales a casa. «Nós non temos que preocuparnos de nada, tratamos un soldo por 11 horas de traballo e iso é o que cobramos. Levantámonos ás sete da mañá, porque tardamos media hora en chegar dende Arteixo a Carballo, e entramos no traballo ás oito. Temos unha hora para comer e cando volvemos é momento de ir para a cama», comenta Elio Marques .
Aunque son todos jóvenes no se prodigan demasiado en las salidas nocturnas. «Como moito o xoves saímos a tomar un cervexa ou un café pero non ata moi tarde porque o venres hai que traballar e despois, na fin de semana, sempre marchamos para Portugal». Este es el principal motivo que les animó a escoger Galicia. «Noutros sitios como Madrid ou Barcelona cóbrase un euro máis por hora ou así, pero os compañeiros que temos alí só poden ir á casa unha vez cada dúas ou tres semanas».
Respecto a las condiciones de trabajo, Elio no encuentra grandes diferencias. «Eu estou facendo máis ou menos o mesmo que facía en Portugal, só que alí agora as cousas non están moi ben e mentres aquí siga habendo traballo supoño que continuarei». A pesar del relativo bienestar en el que se encuentra, sus miradas de futuro están puestas en su tierra natal y espera a que las condiciones de trabajo allí mejoren. «O máis duro de estar aquí é que pasamos toda a semana lonxe da familia e a casa sempre é a casa. A todo o mundo lle tira», señala Elio, mientras levanta la mirada intentando ver lo que le deparará el futuro.
Estos dos obreros, aunque en lugares distintos, viven historias similares. Los dos son inmigrantes por condiciones económicas y con un mismo objetivo, acumular la mayora cantidad posible de dinero para poder, algún día, regresar a casa.