A Lama, una prisión implicada en el reciclaje de residuos

Alfredo López Penide
López Penide A LAMA/LA VOZ.

DEZA

Desde agosto, la política medioambiental pasó del «tirarlo todo» a «no tirar nada»

09 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.

El centro penitenciario de A Lama es desde hace unos meses una de las cinco prisiones implicadas en un innovador proyecto medioambiental que busca reciclar la totalidad de residuos que genera. El destino quiso que esta iniciativa naciese de la mente de un educador de la cárcel pontevedresa, Tomás Acuña, pero no fue hasta agosto cuando se empezó a implementar en este penal.

El germen habría que buscarlo en el compromiso personal de Acuña con el medio natural. Cuando se percató del volumen de desechos que generaba la prisión, suficiente para llenar «un camión de basuras del ayuntamiento todos los días y creo -matiza- que tiene capacidad para diez toneladas», se dijo que había que hacer algo. «Pensé por qué no aprovechar todo esto. Además, a diferencia del resto de Galicia, aquí no se da el problema de la dispersión geográfica».

Lo primero fue proponérselo a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, lo que dio lugar a unos contactos con Ecoembes. La firma se mostró interesada, pero «quería montar el proyecto no solo en un centro, sino en toda España. Se firmó el convenio y se ha ido implantando en varios centros por fases».

A raíz de este convenio, la cárcel de A Lama dispone de contenedores específicos para estos desechos y de dos compactadoras, una para material orgánico y otra para inorgánico, de tal modo que cada quince días Ecoembes se desplaza hasta el muelle de carga y descarga para retirar cerca de diez mil kilos de desperdicios. Del manejo de las compactadoras se ocupan tres reclusos que han tenido que superar un curso para trabajar con esta maquinaria. Son los mismos que, jornada tras jornada, se ocupan de que el programa de reciclaje se cumpla.

Iniciativa ambiciosa

Pero este proyecto es mucho más ambicioso que utilizar dos compactadoras de residuos. Desde agosto, la filosofía en la prisión de A Lama es del «tirarlo todo» a «no tirar nada».

Como bien apunta Manuel González Martínez, natural de Hío (Cangas) y con 40 años «recién cumplidos», «onde todo o mundo mira cousas para tirar, eu miro cousas para facer algo».

Así, se optó por «aproveitar ao máximo posible» aquellos residuos que no tenían o no podían acabar en las compactadoras. El lema fue que «todo o que teña utilidade, aproveitase».

Además, el reciclaje puso fin a un serio problema que estaba empezando a originarse en la prisión. No había muchas respuestas para la pregunta de qué hacer con las garrafas de productos de tintorería que se almacenaban, un número que crecía paulatinamente sin solución aparente.

Por ello, lo primero fue dar salida a estos plásticos de una manera imaginativa. Se construyeron papeleras que se distribuyeron por los distintos módulos del penal. El hecho de que cada una fuera de un color diferente -azul para papel y cartón; verde para el orgánico; y amarillo para plásticos, latas y bricks- facilita que los reclusos puedan hacer ellos mismos la selección de los desperdicios.

Eso sí, en los módulos no se encontrará ningún depósito específico para arrojar cristal o vidrio inservible. El motivo no es otro que este tipo de materiales están prohibidos.

Las garrafas también se emplean para hacer depósitos donde tirar pilas usadas y para estanterías. Esto último tiene su miga. Manuel empleó unos envases para construirse una estantería de colores para su celda. Pronto cobró fama y «agora teño máis demanda que para papeleiras».

Pero es que, además, el reciclaje está suponiendo un ahorro para la prisión pontevedresa. Los palés que no pueden ser devueltos y las cajas de fruta de madera cobran una segunda vida detrás de las rejas. Manuel, junto con Ibrahim Camara, también de 40 años y natural de Mauritania, se encargan de desmontar las piezas de madera y seleccionar las que aún puedan servir para otros talleres ocupacionales, como el de carpintería.

En próximos días se les unirá un tercer recluso de confianza, con el que limpiarán las piezas de grapas o de otros elementos metálicos, las pulirán y remitirán a los distintos módulos. Incluso, el serrín que se genera es guardado para cuando sea preciso emplearlo.

En cuanto a los trozos de madera, inservibles, estos sirven para alimentar la estufa que calienta la nave donde se llevan a cabo estas labores de reciclaje. Está claro que, como dice José María Arias Muñoz, maestro de talleres, «la política es sacar un subproducto aprovechable de cualquier cosa».