Sí, sí, sí, España fue a París

La épica goleada del Benito Villamarín que clasificó a la selección española para la Eurocopa de Francia cumple sus bodas de plata. Los protagonistas del 12-1 reviven los pormenores de aquel encuentro


«Comienza una misión imposible». 21 de diciembre de 1983, llueve en Sevilla y la voz del fútbol en la tele, José Ángel de la Casa, no invita al optimismo. Conseguir un billete para la Eurocopa de Francia pasa por meterle once a Malta en el Benito Villamarín. El público tampoco cree en la gesta: el estadio del Betis registra poco más de media entrada.

Solo han pasado cuatro días desde el 0-6 de Holanda a los malteses, en un sospechoso campo neutral: Aquisgrán, a escasos kilómetros de la frontera holandesa con Alemania. El recurso español a la UEFA para cambiar de sede el encuentro no prosperó -«aquello nos molestó muchísimo», recuerda Francisco Buyo , el guardameta de la roja- y la goleada de la naranja mecánica obliga a un milagro en el Villamarín.

Junto a Buyo, sobre el pesado césped sevillano forman Goikoetxea, Camacho, Maceda, Señor, Víctor Muñoz, Gordillo, Sarabia, Carrasco, Santillana y Poli Rincón. Creen en la gesta. «Siempre pensé que lo íbamos a conseguir», asegura Rincón , que no olvida la charla del técnico, Miguel Muñoz, antes de salir al campo: «Nos pidió que no defraudáramos a España, que saliéramos a hacer que la gente se sintiera orgullosa».

El rival está convencido de lo contrario. «España no le mete once ni a un equipo de niños. Si me los meten -los once-, no vuelvo a Malta», aseguraba el día anterior al encuentro John Bonello, guardameta maltés.

Frío terrible en Sevilla

Arranca el partido -«con un frío terrible», recuerda Buyo- y a los dos minutos hay penalti a favor de la selección española. La alegría dura lo que tarda Señor en lanzar el balón al palo.

El primer cuarto de hora se consume sin más novedades y no es hasta el minuto 16 cuando Santillana abre el marcador. Malta no se encoge y diez minutos después consigue el empate. El árbitro, el turco Erkan Goksel, adjudica el tanto al capitán de los visitantes, Michael DeGiorgio . «En realidad fue en propia meta», aseguraba en una reciente conversación telefónica con La Voz el jugador, que no tiene ninguna gana de hacer memoria de aquel encuentro: «Fue hace 25 años, es demasiado tiempo para acordarse de nada».

La reacción española es inmediata: Santillana tarda dos minutos en hacer su segundo y en el 29 ya lleva un hat trick . Sin embargo, ahí se corta la racha y los dos equipos se van al vestuario con un desesperanzador 3-1.

Pese a lo corto del marcador, los ánimos en la caseta continúan altos. «Habíamos dado tres palos y los teníamos arrinconados en su área. Estábamos convencidos de que era posible», rememora Rincón. Miguel Muñoz arenga de nuevo a los suyos e insiste en la táctica. «Se trataba de entrar por las bandas y buscar balones al corazón del área -desvela Buyo- porque nuestros rematadores eran muy superiores».

Las consignas funcionan y en el minuto 64 España ya manda por 8-1, con tres tantos de Rincón y dos de Maceda. «Abrieron las puertas del estadio y con cada gol entraba más gente», apunta el guardameta de Betanzos. «Al final, el Villamarín estaba lleno de gente que cantaba: ''Sí, sí, sí, España va a París''. Era increíble», redondea el delantero del Betis. José Ángel de la Casa ya no hablaba de misión imposible: «Estaban marcando una época, después de que la selección hiciera su peor papel delante de su afición, en el Mundial del 82. Yo había visto el Malta-Holanda y los holandeses ya habían podido marcar un montón. España lo estaba haciendo».

Los malteses se habían desinflado. «Jugaron como lo que eran, unos aficionados -analiza el comentarista-. Notaron el esfuerzo físico de jugar noventa minutos en aquellas condiciones y se vinieron abajo».

Llega otro gol, el cuarto de Santillana, seguido de la expulsión de DeGiorgio, que ve la segunda amarilla por lo que su entrenador Víctor Scerri definirá como «una tontería». Quedan 15 minutos para hacer tres tantos y los malteses están con uno menos. Ya todo el mundo cree. Rincón hace diana en el 78 y Sarabia en el 79. A uno.

El gol de Señor y la locura

Y llega el momento. Señor, que había fallado aquel penalti en el minuto 2, engancha un tiro lejano que supera a Bonello. La locura. Hasta el señor de la tele, habitualmente tan comedido, se lanza eufórico a cantar un tanto por el que pasará a la historia. «Fue una narración muy especial -concede De la Casa-. Ese gol, que no tiene nada que ver con lo que ha sido mi carrera como comentarista, es precisamente el que más se recuerda. Y me parece bien porque fue algo diferente, histórico».

El pronóstico del guardameta maltés fue bueno: no encajó once, sino una docena. Y pudo regresar a su país para seguir ocupando la portería de la selección unos años más, antes de convertirse en entrenador de porteros y protagonizar un popular anuncio de cerveza como «el mejor amigo de los españoles».

Unos españoles que, como recuerdan Buyo y Rincón, «invadieron el campo y se lanzaron a la calle en una fiesta sin precedentes». Mientras, el delantero que había marcado cuatro antes de ser sustituido por Marcos Alonso -«se me habían subido los gemelos y no podía ni andar»- sigue el desenlace desde la banda y cuando sus compañeros corren hacia el vestuario, él se lanza a por el árbitro: «En cuanto me vio llegar supo a por qué iba y me dio el balón». No lo compartió con Santillana, que también hizo cuatro, porque su amigo nunca lo pidió. «Lo habría partido al medio», asegura.

En la caseta, una última escena para el anecdotario: «Los malteses entraron y se llevaron camisetas, botas y todo lo que pillaron -relata Buyo-. Fue su prima», el peaje de un once que hace 25 años pasó a la historia.

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