«¿Y van a poder mejorar esto el año que viene?»

I. D. R. VIVEIRO / LA VOZ

CULTURA

09 jul 2017 . Actualizado a las 12:46 h.

Y después de Rammstein, ¿qué? ¿Va a poder el Resurrection Fest mejorarlo? Fue lo primero que salió de la boca de muchos fans en cuanto acabó el hechizo en el que la banda de metal alemana los sumió en la noche del viernes durante una hora y media.

Till Lidemann y su grupo, junto al Resurrection Fest, hicieron historia en Viveiro con un concierto que será casi imposible de olvidar para los casi 30.000 fans que lo vieron en el recinto situado en el barrio marinero de Celeiro. En parte, por la calidad musical de los alemanes, quienes podrían tutear a cualquiera en el género en esa faceta. Pero, sobre todo, por el impactante espectáculo.

En el arranque, los fuegos de artificio llamaron la atención. Pero la gente entró en ebullición al llegar al ecuador, cuando por fin sonó Du Hast y el cielo sobre la localidad mariñana comenzó a arder. Luego, los fans aún vieron impactados cómo Lidemmann hacía estallar sobre él los explosivos que llevaba en uno de los múltiples chalecos que empleó en una actuación tan ardiente que el fuego salía de las guitarras. El éxtasis llegó ya en los bises, con el cantante portando sus míticas alas de fuego mientras entonaba Engel y, luego, cuando los alemanes se atrevieron con un tema en español.

Un espectáculo que dejó a todos boquiabiertos y con la sensación de que el Resu había vuelto a superarse. Con lo difícil que parecía hace un año, cuando trajo a los históricos británicos Iron Maiden. Pero también lo había parecido antes, con Slayer, Megadeth o Mötorhead.

Y, sin embargo, el festival llega en plena forma, en su mejor momento, a los 12 años de vida. La edición que finalizó anoche, cómo prometieron los hermanos Méndez, organizadores del festival, fue la mejor del Resurrection Fest si se examina con los números en la mano.

El festival aumentó el número de escenarios hasta cuatro para acoger más bandas que nunca, cien, sin renunciar a la calidad, con nombres como Sepultura, Anthrax, Rammstein y Rancid. Y eso le sirvió también para atraer a más fans que nunca. Según calculan desde la organización, la venta de entradas entre los cuatro días de conciertos casi alcanza los 90.000 -el año pasado fueron 80.000- para un recinto con un aforo para casi 30.000 personas. También es mayor que nunca el impacto económico, con una estimación de un movimiento de 11,2 millones de euros en A Mariña y Ortegal.

Con todo eso no es de extrañar que muchos resus y también algún viveirense se pregunte: «¿Y van a poder mejorar esto el año que viene?».