El fundador del cuarteto Os Mato sigue enseñando música a sus 86 años y tocando en la Torre con un grupo en el que está un trompetista de la Orquesta Finisterre
31 oct 2008 . Actualizado a las 11:49 h.«Miren, non poderían ir tocar a outro sitio?, É que os futbolistas en vez de entrenar dedícanse a bailar». Era la petición del entrenador de un equipo a Antonio Mato y sus compañeros, que tocaban gaitas y tambores en las gradas del campo de la Torre. Lo cuenta, entre risas, Juan Ramón Orosa, mecánico de coches que toca un tambor que él mismo preparó. Aquel día no se fueron, entre otras cosas porque desde hace años este es el lugar habitual donde Antonio Mato Rial, que el 31 de diciembre cumplirá 87 años, y varios amigos jubilados van a tocar al menos tres días por semana.
Mato toca la gaita, y también la armónica, y enseña desinteresadamente a otros. Este gaiteiro formó el cuarteto Os Mato con sus tres hijos, «pero eles non eran folcloristas», argumenta. Relata que una vez le sugirió a uno de ellos que lo acompañara «para ir tocar as alboradas»; inicialmente, dijo no, pero cuando supo cuánto cobrarían «dixo que sí de contado», recuerda. Ahora, sus hijos lo han dejado, pero Mato, al que el fotógrafo coruñés Juan Cancelo retrató en San Andrés de Teixido en 1972, sigue tocando y haciendo afición.
Entre los habituales figura Manuel Suárez, en su día trompetista de la Orquesta Finisterre y emigrante en Venezuela entre 1955 y 1970. Habla con admiración del maestro italiano de una de las orquestas en las que estaba José Gay, «que era el que le hacía los arreglos al Puma y por eso nosotros le grabamos el acompañamiento en una canción». Coincidieron también con Pérez Prado «y nos pidió nuestra versión de Siboney porque le gustó».
Manuel Suárez muestra las partituras que elabora artesanalmente y comenta la dificultad de pasar de otros instrumentos a la gaita: «Yo sé solfeo y aconsejo a todos los que quieren tocar que lo aprendan porque así es mucho más fácil». Encantado de haber encontrado este grupo, sostiene con entusiasmo que «tocala gaita da saúde, da vida, estás pendente de vir aquí e non pasas o día pechado na casa».
Suárez elogia la gran memoria de Mato para recordar la música; las fuertes manos del gaiteiro evocan los años en los que compaginaba su trabajo en el campo o como ebanista con una afición a la música en la que se inició con 12 años, cuando él mismo hizo un flautín con la caña de una escoba.
Después de tres años y medio de mili en la infantería de Marina de Ferrol, donde se integró en un grupo de gaitas, seguiría tocando en las fiestas de Navidad o de Carnaval y desde 1961 hasta 1986 formó parte del coro Cantigas da Terra.
En la formación más habitual de la última semana, Juan Ramón toca el tambor, mientras Rosendo Cancelo, natural de Culleredo, toca el bombo y la gaita, en la que le inició Mato. Nunca aceptan dinero, aunque algunos les dan monedas, pero a veces van a tocar a niños o ancianos de diversos centros.
Este grupo de músicos que se reúnen alrededor de Antonio Mato tiene ahora un pequeño problema: encontrar un lugar a resguardo «no tanto por la lluvia, que esto está cubierto, sino por los días que hace mucho viento y que aquí no podemos estar».