Muchos aseguran que a veces tienen que adaptarse a los rituales del país que les acoge Chinos, guineanos, polacos e hindúes recuerdan sus tradiciones para recibir el año nuevo
30 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El único lazo que les une es su condición de extranjeros y, desde luego, la ciudad que les alberga. A partir de ahí, todo es dispar. Una torre de Babel en la que cada colectivo concibe la fiesta de Fin de Año a su manera, ateniéndose a los usos y costumbres legados de su tierra. Una tierra a la que no han podido acudir en este período entrañable y festivo. Las razones había que buscarlas en las carencias de medios, en la ausencia de papeles, o en los casos de fuerza mayor, de guerra, como es el caso de la familia de Said, un argelino. No ha podido viajar allá por culpa del integrismo islámico. En cualquier caso, aquello que se han llevado pegado a la piel es la posibilidad de festejar el Fin de Año y que parecen imantado con los lazos de sus tierras, y siguen, bien que mal con las tradiciones de su país. Pero casi todos los extranjeros consultados afirman que prefieren adaptarse a las circunstancias de la nación que les acoge. «En nuestro caso cenaremos pavo y cuscús», afirma la familia de Said. Fang Fang, inmigrante de nacionalidad china asegura que, por su parte, no podrá cumplir con toda la tradición que exige la Nochevieja, pero, eso sí, no dudaría en vestir a su hija como se viste a los niños allá, disfrazados de tigre. En sus ojos se escapa como un suspiro un brillo nostálgico. «Aquí no podemos recorrer las calles con las farolas chinas. Es algo, junto a los fuegos artificiales, que se hace en china». Pero en casa de Fang Fang se comerá carne rellena cubierta con piel de cerdo y se beberá un poco de vino. Los que aseguran que casi no comen son los polacos. Sí que hay una tradición, la de cenar pavo con piña. Pero lo que prima son las bebidas que, en muchos casos, se toman en casa de los amigos. El mismo panorama se realiza en la India, según afirma Anil Gambhir. «La gente no sale por las discotecas, porque las entradas valen casi 20 euros. Si uno cobra al mes cien euros no pude darse este lujo. En Guinea Ecuatorial se festeja como aquí, asegura Feliciano. No se toma las uvas, sólo porque allá no las hay. Esto se debe a las reliquias coloniales. Pero, en cualquier caso, se disfruta igual.