«Hemos visto a un niño de 10 años manejar el TikTok de su madre con su consentimiento; es una locura»
AROUSA
El Instituto Nacional de Ciberseguridad alerta de que los mensajes que meten prisa o las Wifi públicas son vías de penetración de las estafas
22 dic 2025 . Actualizado a las 18:19 h.Desde hace más de dos años, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe) recorre España con un servicio informativo de espíritu eminentemente didáctico. Su objetivo es ofrecer a la ciudadanía una formación básica en materia de seguridad digital, proporcionándole herramientas con las que detectar los muchos peligros que encierra una sociedad virtual a la que nadie, para bien o para mal, puede escapar. El número de teléfono gratuito 017, capaz de resolver cualquier duda y prestar asesoramiento ante estafas y problemas grandes y pequeños, constituye uno de sus grandes activos. David Marín (Sevilla, 1980) coordina este road show, dirigido tanto a niños como a adolescentes y adultos, que permanecerá hasta el sábado en la plaza de la Segunda República, en Vilagarcía.
—¿Cómo funciona el 017?
—Es un teléfono de asistencia en torno a la ciberseguridad. Desde recuperar la contraseña de ese correo al que no puedo acceder, hasta ese archivo que me he descargado y hace cosas raras con mi dispositivo o soy víctima de un ciberacoso. Pensamos que una ciudadanía formada es una ciudadanía preparada, y lo que hacemos es dar herramientas tanto a menores como a adultos para que sepan defenderse de un ciberataque o actuar ante una situación de ciberacoso.
—Las vías de entrada hoy son innumerables.
—Lo son. Mensajes SMS y WhatsApp, correos electrónicos, llamadas de teléfono... Existen aplicaciones que pueden hacer que en tu teléfono aparezca el número que ellos quieran. Por ejemplo, el de tu sucursal bancaria. Cualquiera de nosotros podemos caer. Especialmente en la época en la que vamos a entrar.
—¿Se refiere a las Navidades?
—El ciclo comienza ahora, con el Black Friday, y se mantiene hasta después de Reyes. Son los meses más propicios. La cantidad de casos que se producen es brutal.
—¿Cuál es el perfil de esta gente? Uno tiende a pensar en un chaval a oscuras, metido en un sótano todo el día con su ordenador.
—Y es un error. La policía e Incibe vamos de la mano, pero siempre por detrás. Las estafas no dejan de evolucionar y debemos tener en cuenta que son profesionales. Gente que se maneja muy bien en internet. No personajes asociales que viven en un sótano húmedo. Trabajan ocho o diez horas, como cualquiera, y después, en lugar de tomarse una caña, se dedican a intentar estafarnos y a sacarse un sobresueldo a nuestra costa.
—Habrá muchas situaciones cotidianas que lo favorezcan.
—Si nos conectamos a un red Wifi pública en un aeropuerto no hagamos cosas importantes. No te metas en tu banca móvil. La Wifi pública es un peligro. Para ver los goles del Madrid da un poco igual, pero si vas a entrar en el correo de tu trabajo utiliza tus datos. Ya sea en el aeropuerto o en el hotel. Los temas importantes, siempre con tus datos.
—¿Qué hay del Bluetooth?
—Cuidado con él. Si me conecto para emparejar mis auriculares en una plaza, me saldrán cinco o seis dispositivos de la gente que me rodea. Hay programas que permiten que se conecten a ti sin que te des cuenta. Imagínate si en ese momento te metes en tu cuenta bancaria y les das tus credenciales. O pueden rebuscar en tus imágenes. Políticos o artistas que dijeron hace años alguna cosa en el antiguo Twitter y ahora sale a la luz. Esto entronca, además, con la huella digital.
—Difícil de borrar.
—Se lo insistimos a los chavales una y otra vez. Todo lo que subas a internet, por mucho que lo borres de tu dispositivo, seguirá en la web. El ejemplo de Only Fans [plataforma que permite cobrar directamente por subir material, en particular de contenido erótico] es terrible. Puede que hoy consigas dinero, pero mañana probablemente querrás que esas fotos desaparezcan. No solo no lo harán, sino que pasarán a otras webs eróticas.
—Volviendo a las ciberestafas, ¿qué recomendaciones básicas deberíamos tener en cuenta?
—Todo mensaje fraudulento, y me refiero a llamadas, WhatsApp, correo o redes sociales, nos mete prisa. Que si esta cuenta va a ser bloqueada, que si una gran oferta que hay que contestar ya.
—Para que no pensemos.
—Eso es. Aquí reza aquel refrán de vísteme despacio que tengo prisa. Quieren que no pensemos, que no comprobemos si el remitente tiene algo que ver con lo que se nos está presentando. De hecho, pinchar en el remitente es otra recomendación básica. Direcciones enormes o rarísimas que no tienen nada que ver con quienes dicen ser. También hay que fijarse en los dominios, porque si nos advierten de que nuestra cuenta de Amazon va a ser bloqueada y ese mail es cliesntesamazon@hotmail.com podemos haberlo creado cualquiera. Las faltas de ortografía en los correos o en los mensajes, que delatan que alguien ha empleado un traductor o una IA. Los pequeños detalles.
—Y en esto no hay edad.
—No la hay. El 90 % de los chavales hoy tienen móvil propio, tengan ocho o catorce años. Por suerte, la mayoría con control parental. Pero te voy a poner un ejemplo real. Un niño de 10 años estaba usando la cuenta de TikTok de su madre, de 44 años, con su consentimiento. Tenía doscientos seguidores y había hablado con alguno. Si interactúa con él, un hombre de 40 años se dará cuenta pronto de que quien está al otro lado es un menor. Imagínate todo lo que podría llegar a hacer. Es una locura.
Cuatro espacios. El centro itinerante de Incibe se articula en cuatro espacios. Una cabina del 017 y un área de formación para aprender a codificar contraseñas (una base de doce caracteres que admitan ligeras alteraciones en función del servicio en el que se use es muy recomendable) en el exterior. En el interior, una zona de gamificación, otra formativa en la que se imparten píldoras de seguridad y privacidad, y una tercera configurada como un escape room que expone al público a diferentes situaciones.