La vilagarciana que ayuda a caminar en Marruecos

Acabará su carrera en junio pero lleva ya un año mejorando la vida de muchas personas desfavorecidas


vilagarcía / la voz

Iria quería ser médica desde que iba al colegio Arealonga. Al menos que ella recuerde, que a lo mejor la vocación ya le venía de la cuna. El caso es que la Selectividad se cruzó en su vida, dice que aquello fue un «gran batacazo, y en lugar de dedicarse a curar los malos de todo el cuerpo se tuvo que centrar en los de los pies. Aquel «bacatazo» de Iria fue una bendición para los más desfavorecidos de Marruecos, porque desde el año pasado esta vilagarciana, que en septiembre cumplirá 22 años, colabora allí con la asociación Felicidad sin Fronteras. En el mes de septiembre, si todo va bien, ella y su compañera Marta Grela se trasladarán al pueblo de Azrou, en pleno Atlas, para estar un año mejorando las condiciones de vida de aquella gente. Lo harán ahora como coordinadoras del proyecto. «Podrán acudir podólogos durante distintos períodos de tiempo a ayudar. Además de esto, dentro del propio proyecto de Podología tenemos ya organizado a un grupo de especialistas cirujanos de toda España que vendrán a operar al hospital local de Azrou», explica.

De casualidad

Todo comenzó de casualidad y gracias a Internet, por supuesto. En marzo del año pasado vio un anuncio de la asociación Felicidad sin Fronteras en el que buscaban a voluntarios de distintas especialidades. Aceptaban tanto a gente graduada como a los todavía estudiantes -Iria se graduará en este año en la Facultade de Enfermería e Podoloxía de Ferrol «si todo va bien»- y la vilagarciana mandó sus datos. Los suyos y los de una compañera de clase que se animó a participar. ¿Por qué lo hizo? «Porque soy de las que piensa que nuestra suerte es nuestra geografía, y por desgracia en este mundo los recursos están muy mal repartidos. No toda la gente ha tenido la fortuna de nacer en un país del primer mundo y contar con facilidades educativas, sanitarias, jurídicas y sociales. Muchas veces no somos ni por asomo conscientes del buen nivel de vida que nos ha tocado tener simplemente por elección del azar».

Ahí comenzó todo. Tres semanas tardaron en contestarle. Y comenzó la aventura. «Normalmente se trabaja por las mañanas, de 9.00 a 14.00, con los pacientes de lunes a viernes en las instalaciones del centro. Además, si hace falta, vamos también las tardes que sean necesarias, bien para organizar el trabajo semanal, o por ejemplo, en nuestro caso, muchas veces nos desplazamos al geriátrico de Azrou a realizar tratamientos quiropodológicos a los ancianos», explica Iria. La media es de unos quince pacientes diarios aunque todo depende del tiempo que haga. Si llueve o nieva la afluencia desciende porque no le es fácil a aquella gente llegar hasta el centro si el clima se complica.

Apoyo de cirujanos

«Nuestro trabajo consiste en atender todas las patologías del pie que podamos: realizaremos plantillas, tratamientos quiropodológicos, trataremos a pacientes con pie diabético, haremos estudios de la marcha y, además, se realizarán cirugías del pie a los pacientes que lo necesiten, con la ayuda de un grupo de cirujanos españoles con amplia experiencia», explica.

Los voluntarios no cobran durante su estancia en Marruecos pero se les proporciona alojamiento y manutención. «La amabilidad marroquí es digna de admirar. Desde el primer día te hacen sentir como en casa. A pesar de que no hables su idioma siempre tratan de que entiendas las cosas, te invitan a cenar a sus casas, te regalan una sonrisa siempre que te ven… Son personas muy agradecidas. España y Marruecos tienen dos culturas muy distintas, pero aquí la sociedad tiene un concepto equivocado de la población marroquí. Hay que ir allí para vivirlo y ver que la mayoría de nuestros prejuicios están basados en ideas erróneas», afirma Iria.

Las patologías que van a tratar son similares a las que se pueden encontrar en España. La principal diferencia es la gran frecuencia del pie equionavaro, una malformación con la que nacen muchos niños, que les impide tener una vida normal y que en España se trata en cuanto nacen los bebés, pero que en Marruecos es toda una maldición para la gente sin recursos.

Recogida de fondos

Iria y su compañera Marta están ya casi preparando las maletas para regresar a Marruecos, pero están también recaudando fondos para la compra de material. Lo hacen vendiendo pulseras y libretas a dos y tres euros respectivamente. Quien quiera colaborar puede ponerse en contacto con ella a través de su muro de Facebook. Cualquier pequeña ayuda es mucha. En un viaje relámpago que hicieron en el puente de diciembre del año pasado evaluaron a cuarenta niños para cirugía. Cuarenta niños a los que les han cambiado la vida.

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