La secretaria de Palas: «He pasado diez años horrorosos, ahora cierro una etapa»

Celia González se incorpora ahora como interventora en Burela «porque quiero pasar página y mi familia merece ser feliz»


Lugo / La Voz

Diez años en la vida de una persona pueden ser una eternidad o un soplo. Para Celia González, hasta ayer secretaria-interventora de Palas de Rei, han sido tristemente inolvidables: «He pasado diez años horrorosos, ahora cierro una etapa», explica el día que termina su trabajo en Palas y se incorpora ahora como interventora en el Concello de Burela, «donde he sido muy bien recibida». González mamó desde niña el servicio público. Su padre, también secretario, le inculcó el amor por la función pública y el cumplimiento de la ley: «Y así he actuado en mi vida, porque la obligación de un secretario es cumplirla y hacerla cumplir».

Comenzó su profesión hace 30 años, con destinos por toda España (Asturias, Zamora, A Coruña, Lugo), «donde siempre intenté crear equipos con todos los funcionarios», hasta que se instaló en Samos, donde fue felizmente secretaria durante 19 años. Ahí conoció a su marido, crio a su hijos y acabó siendo una vecina más. Con el cambio de gobierno municipal, del PP al PSOE, reconoce que no se sentía cómoda y le salió la oportunidad de irse a Palas, donde acababa de fallecer el secretario-interventor por un accidente de tráfico. «Necesitaba un nuevo reto y mejorar y no lo dudé, pero a los pocos días ya me di cuenta de que no era bien recibida». González explica que llegó «con otra cultura de la función pública a un lugar donde todo funcionaba de manera piramidal». Explica que intentó cambiar las cosas y trató a todos los trabajadores por igual, «pero no hubo forma, tuve a todos en contra y a partir de ahí comenzaron los problemas, las vejaciones, los desprecios...».

Con paciencia y mucho valor se decidió a dar el paso que condicionaría durante casi una década la vida de ella y de su familia y la de las personas que fueron encausadas por su denuncia por acoso laboral y prevaricación. Después de la instrucción en el juzgado de Chantada se celebró un juicio en la Audiencia Provincial, cuya sentencia, en julio del 2017, fue de culpabilidad, con condenas de inhabilitación y cárcel para el alcalde y el exalcalde, además de varios funcionarios. También fueron inhabilitados cuatro concejales del equipo de gobierno. A inicios de enero de este año el Supremo tumbó la sentencia de la Audiencia de Lugo, argumentando que no se cumplían los requisitos para declarar probado el acoso laboral y que no había delito de prevaricación, quedando todos los acusados absueltos.

«Fue un mazazo, nunca me lo esperaba, y además se hizo pública justo unos días después de que muriese mi padre», explica Celia, que durante todo este largo proceso tuvo períodos de baja laboral por el estrés psicológico: «Tuve mucho apoyo familiar y de los compañeros secretarios, especialmente de fuera de Lugo». También tiene palabras de cariño para su abogado, Rafael Arangüena, y para José Antonio Carro, presidente del colegio de secretarios entre el 2006 y el 2017.

«¿Mereció la pena todo el esfuerzo? Lo pasé muy mal, sufrí muchísimo y tuve efectos secundarios muy graves, pero sin lugar a dudas haría lo mismo hoy», explica esta mujer confiada en que solo quiso cumplir la ley donde pensaba que no se estaba acatando. En su incorporación al puesto tras la sentencia del Supremo se dio cuenta de que «la situación era inaguantable, no me saludaban, nadie quería entrar en mi despacho; y me surgió lo de Burela, y quiero ser feliz, se lo debo a mi familia, me gusta mi trabajo y quiero pasar página, dejar atrás las pesadillas, los insultos, los temores...».

«Empiezo una nueva etapa, ganaré tranquilidad y felicidad pero me queda algo por hacer»

Aun así, la ahora interventora de Burela llega a A Mariña en comisión de servicios. Su plaza sigue siendo la de Palas: «A mí no me echa nadie, lo intentaron con varios expedientes que acabaron perdiendo todos en el juzgado, me voy yo porque quiero, porque mi familia se merece un poco de felicidad y yo quiero trabajar dignamente y disfrutar de mi profesión».

Preguntada si va a echar de menos Palas reconoce que no: «Solo a dos o tres personas ocultas, por temor a represalias, que sí me animaron y se comportaron bien conmigo». Aun así, esta mujer valiente y batalladora, sigue con algún as en la manga: «Empiezo una nueva etapa, ganaré tranquilidad y descanso, pero me queda algo por hacer», finaliza enigmática.

«Llegué a Palas con otra cultura de la función pública y me encontré con un modelo piramidal»

Sus compañeros le rinden un homenaje en su despedida

El pasado lunes, varios secretarios, interventores y tesoreros de Galicia acudieron a Palas de Rei, con camisetas alusivas contra el acoso laboral, y en apoyo de Celia González. Después de realizar algún acto reivindicativo en el centro de la villa se fueron a comer todos juntos para despedir a una mujer que ha sido referencia para los secretarios de toda España.

«Hay muchos compañeros que lo están pasando muy mal, porque estamos solos, cada vez con más funciones y responsabilidades, realizando informes para todo tipo de organismos que después ves que nadie le, y siempre a merced de los alcaldes».

A raíz de su caso y de la posterior sentencia del Supremo, «que ha dejado desamparado a los secretarios y con el delito de prevaricación en los plenos sin efecto», se ha ido gestando el germen de un sindicato de secretarios para poder defender sus demandas e intentar cambiar la ley «para no depender del arbitrio de los alcaldes».

Su caso se ha cerrado en la vía penal, porque la sentencia del Supremo no le permite ir a Estrasburgo «ya que al tribunal europeo solo pueden ir los condenados», pero indica que desde el ámbito de los colegios profesionales se está trabajando la posibilidad de llevar sus derechos laborales al Constitucional. En ese sentido, Celia González puede haberse convertido en una pionera en España.

«Para nosotros todo son exigencias, porque somos fedatarios públicos, realizamos informes de legalidad, controlamos que todo se rija bajo la ley y fiscalizamos las cuentas municipales, y además tenemos el problema de que trabajamos en soledad, algo que no ocurre por ejemplo en otra profesión de responsabilidad, como la del médico», explica Celia González.

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