Litros de felicidad

Las vacas felices producen más y, por lo tanto, son más rentables. Lo saben bien los ganaderos gallegos que llevan años apostando por el «cow confort» en sus granjas

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redacción / la voz

La felicidad genera beneficios. Al igual que sucede con los humanos en su puesto de trabajo, las vacas felices producen más y, por tanto, son más rentables para su empresa. Lo saben bien los ganaderos gallegos que llevan años apostando por lo que ha venido en llamarse cow confort, un concepto americano que podría traducirse simplemente por bienestar de la vaca, pero que, en realidad, engloba todas las circunstancias que intervienen en la vida productiva del animal: desde su descanso hasta la forma de alimentarse o la prevención de enfermedades.

«Cuidar detalles en apariencia menores como el tamaño de los bebederos, el ancho de los pasillos de tránsito o la composición de las camas donde descansan los animales supone un aumento de la rentabilidad de una granja lechera. Cuanto más cómoda y contenta esté una vaca, mejor y mayor cantidad de leche dará, y, lo que es más importante, enfermará menos y será más longeva», apunta el veterinario Marcos Fernández, que destaca el buen hacer de los ganaderos gallegos en este capítulo. «Se está haciendo un trabajo importante en este sentido y cada vez se realiza un mejor diseño de los establos teniendo como principal premisa la búsqueda de la comodidad de los animales».

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Tanto es así que, incluso antes de que comience su construcción, las instalaciones se diseñan para que sean cómodas para los animales y eficientes para los ganaderos a la hora de manejarlos. Así, por ejemplo, se apuesta por una orientación que permita una correcta circulación del aire y que haga que la temperatura en su interior -por encima de 25 grados las vacas ya pueden experimentar lo que se denomina estrés por calor- sea lo más agradable posible. Para conseguirlo, las granjas gallegas incluso colocan ventiladores, nebulizadores de agua o sistemas de riego que mojan constantemente el techo de las naves para bajar la temperatura.

También se presta especial cuidado a la construcción de las camas en las que se acuestan las vacas, y se las reviste de colchonetas de goma y están mullidas con serrín, arena, carbonato cálcico (material que además actúa como desinfectante) o, en el caso de las que están próximas al parto, con paja de trigo o centeno. Asimismo, disponen de cepillos rascadores que, activados por un leve empujón de las propias reses, las mantiene limpias y, además, las ayuda a relajarse.

Y, como su salud es lo primero, una vez al mes se les realiza una ecografía para controlar su gestación, cada medio año se lleva a cabo un completo análisis podológico para descartar problemas en las patas y al menos una vez al año se las desparasita y vacuna contra un sinfín de dolencias.

Controles diarios

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Los controles a las reses no cesan en todo el día. Los profesionales disponen de un podómetro que vigila todos los movimientos de la vaca hasta que entra en la sala de ordeño, donde el control pasa a las ubres, su punto más delicado. Y así con una veintena de aspectos más que resultarían asombrosos para quien no esté vinculado a un sector que cuida a sus animales como si fuesen de la familia para que siempre están felices.

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