El incendio de una cárcel que dejó 42 muertos, el incidente más grave.
16 ene 2011 . Actualizado a las 03:11 h.El presidente del Parlamento tunecino, Fued Mebazaa, fue proclamado ayer jefe de Estado interino de Túnez por el Consejo Constitucional, excluyendo definitivamente un regreso del mandatario Zine El Abidine Ben Alí, tras su huida a Arabia Saudí.
Entretanto, tras una noche de saqueos en el centro y los suburbios, que testigos atribuyen a partidarios del ex presidente, la ciudad de Túnez seguía bajo tensión y en medio de una sucesión de disturbios violentos que salpicaron a otras zonas del país.
El más grave se cobró las vidas de al menos 42 personas, muertas en el incendio registrado ayer en Monastir, en el centro este del país, confirmó un médico del hospital local. El fuego fue provocado por un preso que incendió un colchón en una barraca donde había 90 detenidos durante un intento de evasión, relató el médico. Este ha sido el incidente más grave desde el comienzo, hace un mes, de las manifestaciones que llevaron al derrocamiento de Ben Alí y que han sido bautizadas como la revolución de los jazmines, pero no el único.
También en las prisiones de Gafsa y Kaserín, en el centro oeste, y en las de Bicerta y Mornaguía se registraron motines e intentos de incendio por parte de los reclusos. En Gafsa y Kaserín los motines fueron controlados mientras que en la cárcel de Bicerta, al noroeste de Túnez, y en la de Mornaguía, a 17 kilómetros de la capital, decenas de presos consiguieron escapar.
El Consejo Constitucional declaró «un vacío de poder» en la jefatura del Estado y designó mandatario interino al presidente del Parlamento. Este cambio repentino se realizó en virtud del artículo 57 de la Constitución, que prevé elecciones legislativas en un plazo máximo de 60 días, y tuvo lugar a demanda de Mohamed Ganuchi, primer ministro de Ben Alí, nombrado presidente interino después de la huida de quien dirigió el país durante 23 años.
El nombramiento de Ganuchi, que solo permaneció en el cargo algunas horas, se había realizado en virtud del artículo 56 de la Constitución, que no prevé comicios y posibilita un eventual retorno del ex mandatario. La opción fue criticada por juristas y una parte de la oposición, al igual que por los manifestantes.
Regreso de exiliados
En declaraciones a la cadena Al Jazira de Qatar, cuando aún era presidente interino, Ganuchi afirmó que opositores y exiliados tunecinos «pueden volver cuando quieran», dado que Túnez «es su país». Posteriormente, su sucesor estimó que todos «los tunecinos sin excepción y sin exclusiones» podrán participar en el proceso político que se abre, en un breve discurso durante la ceremonia de juramento de su cargo. Mebazaa confirmó que Ganuchi seguía encargado de formar un nuevo Gobierno de unión nacional en función del «interés superior del país».
El nombramiento de Mebazaa tuvo lugar cuando ya habían comenzado manifestaciones en varias ciudades del país para pedir la renuncia de Ganuchi. Sin embargo, las miles de personas que habían salido a la calle se dispersaron a petición de las Fuerzas Armadas al enterarse de que Ganuchi había sido sustituido. Según la agencia DPA, el Ejército no solo ocupó las calles de Túnez, sino que también detuvo a la cúpula policial allegada a Ben Alí, acusándola de haber promovido la escalada de la violencia en las protestas y de haber participado en los saqueos y destrozos de los últimos días.
Algunos suburbios de la capital vivieron una noche angustiosa debido a saqueos cometidos por bandas de encapuchados, según testigos atemorizados citados por televisiones locales. Un diplomático francés relató que «policías de civil o uniformados e individuos no identificados, con cadenas, barras de hierro y cachiporras», que afirmaban ser partidarios de Ben Alí, saquearon y «molieron a palos» a habitantes en la ciudad de Túnez.
Informaciones anteriores también parecían indicar que partidarios de Ben Alí estaban involucrados en los actos de violencia, que se intensificaron al abandonar el país el ex mandatario. Sin embargo, también se realizaron ataques contra edificios oficiales y de propiedad de la familia de Ben Alí.
Aunque el estado de excepción continuó vigente, el espacio aéreo tunecino y todos los aeropuertos del país, que se habían cerrado el viernes, se abrieron de nuevo al tráfico aéreo. Sin embargo, los transportes públicos como trenes o autobuses no funcionaron y la estación ferroviaria de Túnez fue parcialmente incendiada por grupos desconocidos.