Kosovo empieza a caminar

Juan Oliver

INTERNACIONAL

El Parlamento aprobó ayer sus primeras leyes soberanas, que incluyen la creación de un Ministerio de Exteriores y guiños a la reconciliación con los serbios

20 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Es la una de la madrugada del martes, y hace ya dos días que Kosovo es independiente. La fiesta ha perdido intensidad, pero los coches repletos de jóvenes enarbolando banderas albanesas por las ventanillas siguen haciendo sonar sus bocinas cuando cruzan el bulevar de la Madre Teresa, frente al Gran Hotel de Pristina. Allí se ha instalado el centro de información del Gobierno kosovar, convertido en parada obligada para muchos conductores, que saludan al paso con un ruidoso trompo, atemorizando a los peatones y llenando la acera de humo de goma quemada.

Conducir en Kosovo es una actividad intuitiva, porque aunque las normas de circulación existen no parece que quienes las infringen frente al Gran Hotel, teman sanción alguna. Aun así, en la mayoría del país impera la prudencia, y es de esperar que siga siendo así, porque en un Estado recién nacido las reglas de comportamiento en la carretera no son la prioridad.

Ministerio de Exteriores

La Asamblea del Pueblo de Kosovo empezó ayer a aprobar las primeras leyes soberanas, para crear un Ministerio de Asuntos Exteriores que pueda establecer relaciones diplomáticas y expedir pasaportes; para fijar las condiciones de la ciudadanía kosovar y para definir las fronteras y los símbolos del país. Las normas de circulación tendrán que esperar, y mucho más otros asuntos menos trascendentes, como la creación de federaciones deportivas que permitan a Kosovo contar con selecciones nacionales, la elección de un dominio propio de Internet, o la consolidación de un prefijo telefónico para las llamadas internacionales.

«No debemos pensar que lo más duro está hecho. Eso viene ahora», dice Moustaffa, un estudiante de tercer curso de Derecho. Tiene 29 años, pertenece a la mayoría albanesa y lo que más le preocupa es que su Gobierno sepa construir ahora un sistema político que respete escrupulosamente los derechos de las minorías. «La independencia era la única solución porque la convivencia con Serbia se había hecho imposible. Pero eso no quiere decir que podamos vivir sin los serbios de Kosovo. Los necesitamos, porque si no fracasaremos en el intento», advierte.

La guerra que Serbia desató contra los albanokosovares acabó con miles de personas muertas, desaparecidas, heridas, violadas o desplazadas forzosamente de sus hogares. Pero el 60% de la población de Kosovo, como Moustaffa, tiene hoy menos de 30 años, lo que puede ayudar a que la firme mirada hacia el futuro con la que el país ha encarado su independencia no se vuelva atrás. Porque construir un Estado desde las ruinas de un territorio abrasado por la guerra es una tarea titánica, pero Kosovo cuenta con la ayuda financiera de la UE -mil millones de aquí al 2010- y con la fortuna de no tener que levantar esa estructura desde cero.

Constitución

El plan de estabilización de Naciones Unidas, que administra el territorio desde 1999, es, en su forma y en su contenido, una Constitución. Y dedica gran parte de su articulado a la pacificación y a la conciliación de las comunidades enfrentadas, a su plena participación en la vida política, al respeto a los derechos culturales, lingüísticos y religiosos, especialmente de la minoría serbia y a su integración en la función pública y en la Administración local y estatal. «Los serbios de Kosovo deben participar en las instituciones», dice el enviado especial de la ONU, el ex primer ministro finlandés Matti Vanhanen, quien advierte de que solo así «podrán proteger sus intereses».

Entre las normas que ayer aprobó el Parlamento figura una ley sobre la protección de las propiedades de la Iglesia ortodoxa, que no parece más importante que asuntos como el del código de la circulación. Salvo si se entiende el detalle como un guiño de los albanokosovares a sus conciudadanos serbios que profesan esa fe.