Los bancos de alimentos, ya al límite por el aumento de demanda de ayuda, se preparan para afrontar todavía más necesidad de productos
19 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Si la necesidad sigue creciendo como en el último año, vamos a tener verdaderos apuros porque en las campañas de captación local la gente suele aportar pastas, legumbres y arroz, pero faltan alimentos básicos como aceite, azúcar, galletas y conservas, además de derivados lácteos». Este mensaje lo lanza el presidente del Banco de Alimentos de Ourense, donde se ha triplicado la cifra de personas que reciben su ayuda. En el 2011 fueron 12.000 vecinos: a 6.367 se les atendió con los 536.000 kilos de productos procedentes del Fondo Feder de excedentes de la Unión Europea, y el resto con los más de 30.000 aportados a nivel local por vecinos y empresas a través de las diferentes campañas organizadas. Tendrán que multiplicarlas en el 2012, ya que la decisión de Europa de reducir la aportación de excedentes les restará dos tercios de sus recursos.
Ese recorte también le afectará al Banco de Alimentos de Vigo. Atiende a 14.000 personas y, según sus estimaciones, el próximo año tendrá que suprimir algunos repartos de comida. En la comarca de Santiago, la asociación Amigos de Galicia aporta alimentos a más de 5.000 personas al mes. La solidaridad es el valor al que apelan ahora estas entidades, ya asfixiadas por el aumento de peticiones de ayuda y también por la crisis. Todas hacen un llamamiento para mantener sus recursos. En la comarca de Barbanza, por ejemplo, están desbordadas: crece la lista de beneficiarios de su ayuda y, a la par, bajan los donativos. Como muestra, las palabras de la responsable de Cáritas de Outes, María Gosende, quien no duda en subirse al púlpito para pedir colaboración: «Tenemos el almacén de alimentos vacío y todo lo que recibimos procede de Cáritas de Santiago».
De ayudar a precisar leche y pan
«Creo que a la crisis todavía no le hemos visto el fondo. Ojalá me equivoque, pero el cambio fue muy brusco y muy gordo para muchas personas», señala el presidente del Club de Leones de Pontevedra, Ramón López. Desde el pasado día 1 han repartido decenas de toneladas de comida: es la misma cantidad que el año pasado, pero toca a menos por cabeza, porque cada vez hay más gente que la necesita, incluso personas que hace un tiempo colaboraban con ellos. Nunca pensaron verse en esta situación.
En Lugo, la responsable del Banco de Alimentos, Amadora Núñez, admite que la demanda de comida se ha multiplicado por diez en tres años. En un día llegan a a acudir a ellos hasta 400 personas. Pero, según señala, como parte positiva, «la solidaridad también crece». Cada semana, la entidad recibe más de una tonelada de productos donados por empresas y particulares de la provincia. «Junto con la leche, el pan es algo muy socorrido en este momento, y por eso cada familia se lleva a la semana entre diez y doce kilos de barras y baguetes. Las que tienen niños recogen 20 bollitos para que los críos puedan comer un bocadillo en el colegio», dice. Las personas que acuden a la entidad pagan un euro a cambio de unos 40 kilos de comida. Solo hay dos alimentos que, si los quieren, deben abonar a mayores: el queso y los huevos. Con ese dinero, el banco paga alquiler, luz, agua, el impuesto de circulación o el combustible de la furgoneta que usan para el reparto.
La Navidad
De la forma que pueden, estas entidades tratan de hacerles llegar a las familias algún producto navideño. Cáritas Interparroquial de Bergantiños, por ejemplo, tiene un banco de alimentos en Carballo. Atienden a unas 300 familias al año -siempre en aumento- y afirman que, en esta época, la demanda de productos sube: de hecho, harán un reparto especial y tienen preparados 400 lotes, compuestos a base de los donativos de la gente.
Información elaborada con la colaboración de Lucía Rey, Ana Gerpe, Luis C. Llera, Fina Ulloa, Marga Mosteiro, María Conde y Patricia Blanco