Interior admite que ETA puede tener «cierta infraestructura» en Madrid

Melchor Saiz-Pardo

ESPAÑA

Los expertos antiterroristas del Ministerio del Interior admitieron ayer la posibilidad de que ETA disponga de «cierta infraestructura» en Madrid o en su periferia, a la que solo recurre en «contadas ocasiones».

El atentado perpetrado ayer, el primero que ETA comete en la capital desde que dinamitó el aparcamiento de la terminal 4 del aeropuerto de Barajas el 30 de diciembre del 2006, se produjo en las proximidades del parque ferial Ifema, una zona conocida por los terroristas. Hace justo cuatro años, el 9 de febrero del 2005, un coche bomba colocado en las proximidades del Palacio de Congresos causó 42 heridos horas antes de que los Reyes inauguraran la feria de arte Arco.

Las llamadas de aviso se realizaron desde la propia comunidad madrileña, y la furgoneta fue robada casi en el mismo lugar en el que una pareja de etarras preparó un coche bomba que hizo estallar en mayo del 2005 en el barrio madrileño de San Blas. Todo ello lleva a aceptar la conjetura de que hay «cierta infraestructura» en Madrid. Sin embargo, las primeras hipótesis apuntan a que se trata de un comando de legales (no fichados) de carácter itinerante que, con cierto apresuramiento, se desplazó desde el País Vasco para cometer el atentado.

La explosión ayer de la furgoneta cargada con unos 50 kilos de explosivos se produjo apenas nueve horas después de que el Tribunal Supremo anulara las listas de D3M y Askatasuna. El atentado tuvo lugar frente a la sede en la capital de la empresa Ferrovial-Agromán, una de las concesionarias de las obras de construcción del tren de alta velocidad en el País Vasco. La deflagración no provocó víctimas porque la policía pudo desalojar a los centenares de empleados que a esas horas ya estaban en sus oficinas, pero sí ocasionó daños en edificios cercanos, desperfectos en más de cuarenta coches y un caos circulatorio que duró horas.

Los terroristas alertaron de la colocación del vehículo, una furgoneta Peugeot Partner, a partir de las 7.34 horas de la mañana mediante cuatro llamadas consecutivas a los bomberos de la Comunidad de Madrid, dos al servicio municipal de urgencias, Samur, y una más al centro de coordinación de la Cruz Roja. A las 8.13 horas, los perros adiestrados de los tédax confirmaron que una furgoneta estacionada en la calle Ribera del Loira, 42, bajo un puente ferroviario cerca de un descampado y a unos 100 metros de los edificios, contenía explosivos. Los agentes comprobaron que el vehículo había sido sustraído poco después de la medianoche del domingo en el casco urbano de la pequeña localidad madrileña de Navalagamella, 53 kilómetros al noroeste de la capital de España.

Explosión atemperada

A las 9.01 horas, la furgoneta estalló. La onda expansiva proyectó restos de la furgoneta a más de 400 metros de distancia y afectó de lleno a los dos primeros edificios del complejo: el de Ferrovial y el que comparten la empresa de informática Morse y la farmacéutica Boston.

Mandos policiales aseguraron que no tienen dudas de que el objetivo era la sede de Ferrovial y de que el atentado, además de una contestación a las anulaciones de las listas electorales aberzales, forma parte de la campaña contra las empresas que construyen la Y vasca.

La explosión destrozó buena parte de las fachadas acristaladas e hizo caer decenas de metros de falsos techos, pero no causó daños en las estructuras. Dos circunstancias evitaron desperfectos mayores: no toda la carga explosiva de la furgoneta estalló y el vehículo había sido aparcado en una zona muy amplia, lo que difuminó la fuerza de la onda expansiva.