Coloca 3.000 millones en bonos a cinco años a un precio elevado, pero inferior al del mercado secundario
14 ene 2011 . Actualizado a las 11:11 h.El éxito cosechado la víspera por Portugal auguraba pocos sinsabores para la puja, la primera del año, que debía celebrar ayer el Tesoro español. Y los vaticinios se cumplieron. Logró colocar 3.000 millones de euros, el máximo previsto, en bonos a cinco años. Para ello, tuvo que elevar la rentabilidad ofrecida hasta el 4,59%, el nivel más alto desde mediados del 2008 y casi un punto por encima del 3,6% que pagó hace solo dos meses. Pero, hasta ese precio más caro tuvo su cara buena: fue más bajo que el que se pagaba, antes de la subasta, en el mercado secundario de deuda, donde los inversores se intercambian los títulos una vez emitidos.
Superada la prueba de fuego española, la eurozona da por superada una semana que se presagiaba clave en la evolución de la crisis de deuda. Y lo ha hecho con un balance a su favor: los eslabones más débiles de la cadena del euro -los países bajo sospecha- han constatado que pueden seguir financiándose -aunque sea a costa de pagar más- sin necesidad de recurrir a la ayuda de sus socios.
Aunque esta es solo una verdad a medias. El bálsamo para mitigar la desconfianza en los Estados con problemas lo han extendido las instituciones europeas y sus muestras de que -ahora sí- están dispuestas a poner mucha más carne en el asador para combatir la crisis y evitar la voladura de la eurozona. Y el arsenal que preparan se resume en financiación más abundante y barata para los débiles. Es decir, una especie de rescate encubierto. Con el peligro de relajación en el terreno de las reformas y la contención del gasto que esto entraña.
Agua de borrajas
En cualquier caso, no conviene perder de vista que todo puede quedar en agua de borrajas. Y ello pese a la contundencia de afirmaciones como la realizada ayer por el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy: «Los mercados no deberían subestimar la determinación política de la UE» de defender la estabilidad de la eurozona. No es la primera vez que las altisonantes declaraciones de Bruselas acaban en nada. Y tampoco, que los problemas de fondo -déficits y deudas que asustan al más pintado- siguen donde estaban.? Con todo, lo cierto es que, de momento, el temor al contagio se ha desdibujado. Tanto, que la prima de riesgo española -sobrecoste que debe pagar nuestro país para financiarse en comparación con Alemania- ha bajado más de un 17% en 48 horas, hasta colocarse en el entorno de los 230 puntos básicos. Tregua que el Ibex ha aprovechado para resarcirse de los sinsabores pasados con una revalorización del 10% en tres días, con los bancos como principales motores de la escalada.
La inflación acecha
Pero todo no iban a ser buenas nuevas. Un nuevo nubarrón se cierne ahora sobre la cabeza de los atribulados europeos: la inflación y sus repercusiones en el precio del dinero. Lo advirtió ayer el presidente del BCE: «No hay ningún compromiso de no subir los tipos», dijo, después de recordar que los precios ya no están por debajo de su objetivo, que rebasaron el 2% en diciembre. Aunque, de momento, Trichet parece convencido de que no será necesario elevar los tipos porque, en su opinión, esa subida del IPC es temporal. Pero ya hay expertos que hablan de dinero más caro en el segundo semestre.
Trichet aprovechó la rueda de prensa posterior al consejo de la institución para sumarse a la propuesta de ampliar y reformar el fondo de rescate.