España ha puesto a disposición de la Agencia Comunitaria su patrullera «Tarifa» para controlar la pesca en el Mediterráneo. Gran parte de su tripulación es gallega
21 jul 2008 . Actualizado a las 18:07 h.Más que de controles a pie de barco, la Agencia Comunitaria de Control de la Pesca que el sábado echó a andar en su sede provisional de Vigo entiende de coordinación de los mismos. Su misión principal, al menos mientras no se amplíen sus competencias, es garantizar que la presión inspectora sea la misma para los españoles que para los suecos, para los portugueses que para los griegos y para los franceses que para los polacos. Y que esas revisiones tengan el mismo nivel de exhaustividad, al regirse por el mismo protocolo de actuación.
El brazo ejecutor de la agencia siguen siendo, por tanto, las mismas patrulleras que ya conocen los armadores y pescadores y que en España realizaron el año pasado 2.500 controles, en los que en unos 800 encontraron infracciones. Y es que para los planes de inspección conjuntos que desarrolla la agencia, cada Estado aporta sus medios. Para la última acción en común, la que acaba de concluir para la vigilancia de la campaña del atún rojo, España aportó su patrullera de altura Tarifa , que realizó 75 inspecciones y abrió 14 expedientes.
La embarcación, aunque con base en Cartagena tiene bastante de gallega. Y no porque su actuación en el Mediterráneo haya estado coordinada desde Vigo, sino porque es de factura gallega y casi media tripulación, compuesta por 37 personas, es oriunda de la comunidad, empezando por su capitán, Federico García Castro.
Autonomía
El mando de la Armada, natural de Fene, habla de la Tarifa con orgullo. De sus cinco plantas bajo cubierta, de su quirófano y del equipo de telemedicina con el que son capaces de atender a un enfermo con asistencia del hospital madrileño Gómez Ulla; del gran equipo de mecánicos, buceadores y electricistas que van a bordo para prestar asistencia a cualquier embarcación que se encuentra en apuros; de las lanchas semirrígidas que lleva a los costados sin las que «no tendríamos capacidad para abordar a los barcos y hacer el trabajo diario» e incluso de la próxima misión: será en septiembre en Terranova y también bajo la batuta de la agencia de Vigo, en el marco del plan de inspección conjunta en aguas de la NAFO.
La patrullera hizo escala en Vigo antes de zarpar para prestar apoyo a la costera del bonito. Y abrió sus puertas al público coincidiendo con la inauguración oficial de la Agencia de Pesca, para dar más idea de la función de un órgano que, al menos hasta anteayer, desde Galicia se veía lejano y abstracto.
Para demostrar que la Tarifa puede también servir de base a helicópteros de vigilancia, la Secretaría General del Mar movilizó a una de sus cinco unidades de control de la actividad extractiva: el Arcotán 5 , un helicóptero Dauphin N3 de menos de dos años y que acaba de abandonar su base de A Coruña para fijarla en Santiago «por operatividad». Se trata de un aparato con tecnología avanzada y con personal especializado en sortear las triquiñuelas con las que los buques ilegales intentan eludir su identidad, como lanzar lonas o ruedas para ocultar un folio «que suele ir pintado muy bajo en la amura para que las olas lo tapen», señaló Tomás Santos, jefe de de Pesca de la Subdelegación del Gobierno de Pontevedra.
Pero eso no sucede en Galicia. Lo dice el mismo comandante del Arcotán 5, el vigués Ernesto Coello: «La gallega es una flota habituada a los controles y es difícil coger infractores». Galicia es una balsa de aceite en comparación con puntos como «la desembocadura del Guadiana o el delta del Ebro». García Castro comentó que las infracciones más comunes son el enrole irregular de sus tripulantes, carencia de documentación, cumplimentación irregular del libro de capturas, o el uso de artes de pesca ilegales.