La goleada de la temporada aleja al Celta del fantasma del descenso

X.R. Castro

VIGO

19 may 2008 . Actualizado a las 15:03 h.

La tranquilidad llegó a Balaídos en forma de goleada. La manita al Cádiz asegura de un modo virtual la permanencia, pero el objetivo menor para nada aplacó los ánimos de los aficionados. Con el 4-1 el presidente tuvo que escuchar de nuevo el clásico «Mouriño dimisión», que se fundió en más de una ocasión con los vítores a Gustavo López, el nombre del hombre que quizás ejemplifica en estos momentos el desconento del celtismo.

Los goles dictan sentencia en el mundo del fútbol. El Celta de Menéndez no cambió de inicio en casi nada con respecto al pasado. En la vuelta de Canobbio al enganche y en el indultó de Quincy. Pero los dos tantos, y quizás un pequeño plus de intensidad, cambiaron por completo la decoración. El Cádiz tuvo el balón, pero las ocasiones fueron locales. Avisó Perera nada más ponerse el balón en juego. Más tarde el perdonado Quincy acaparó protagonismo en ataque, aunque en lo táctico y en lo solidario sigue siendo un caso a estudiar. Un disparo mordido suyo provocó un paradón de Limia y un autopase con disparo incluido golpeó con virulencia en el cuerpo de un defensor cuando ya caminaba hacia la red.

En realidad lo que hacían Perera y Quincy era anunciar un cambio de rumbo. El pacense volvió a marcar por segunda semana consecutiva tras un excepcional servicio de Canobbio y el ghanés de adopción sacó de la chistera un derechazo ganador para anotar el segundo después de amagar con un sinfín de bicicletas. En medio de ambos goles, que olían a tranquilidad después de la tormenta, el odiado Dani pudo cambiar el rumbo del partido con un testarazo al larguero, pero ayer el Celta lo tenía todo de cara.

Con dos tantos de renta acabó el primer tiempo más metido que su rival. Buscando las bandas, sin abandonar las imprecisiones, y ganando enteros en el cuerpo a cuerpo, un arte que también habían dominado los cadistas a lo largo de la primera mitad.

Quedaba por ver la evolución del Celta en el segundo tiempo, su tumba natural a lo largo del año. Para evitar sustos los celestes salieron acantonados, cediendo aún más la iniciativa el Cádiz pero a cambio se beneficiaron de todos los espacios posibles. A la contra llegaron las mejores ocasiones y las combinaciones más estéticas de los locales. En todas ellas estuvo como protagonista Perera. El más listo avisó con un disparo flojo y con un zurdazo que sacó Limia antes de firmar la jugada de la tarde. Quincy metió un centro medido y el capitán marcó el tercero de cabeza.

Pero vivir un día tranquilos en Balaídos es algo impensable en estos tiempos. Con el 3-0 el Celta bajó la guardia y el Cádiz, al que Gustavo López -que sigue siendo un ídolo para el celtismo-se cargó encima enseguida se metió en el partido. El argentino, metió un centro desde la derecha y Dani remató de cabeza libre de marca en el área pequeña. Poco después una falta del ex céltico encontró la manopla de Esteban y el larguero para no entrar. Pese a los dos goles de ventaja el miedo iba en aumento en el graderío de Balaídos.

Entonces apareció una de las principales novedades en el banquillo, la coherencia en los cambios. Menéndez movió a tres peones, equilibró al equipo, y en el primer pase de Jorge Larena llegó el tanto de Quincy en su despedida como celeste.

Era el 4-1, y lejos de dar paso a la fiesta desató la reivindicación. Si la afición estuvo con el equipo hasta certificar el triunfo, en ese momento giró la cabeza y rescató a un clásico de cada cita en Balaídos. El «Mouriño dimisión», sonó con fuerza mientras el partido languidecía y justo antes de que el coliseo vigués se vienese abajo con el cambio de Gustavo López. El argentino no dejó de ser protagonista ni al final del partido y eso que su ex equipo había roto su techo goleador de los últimos años al anotar Jorge Larena el quinto tanto de penalti en plena prologación. Antes Dani había hecho el segundo del Cádiz. El celtismo no olvida a sus mitos ni sus cuentas pendientes.