La Copa Confederaciones permite comprobar que en Sudáfrica pervive, a un año de acoger el Mundial, una división entre blancos y negros heredada del «apartheid»
Completaría así una milagrosa resurrección política, después de que en 2005 el entonces jefe del Estado, Thabo Mbeki, lo destituyera de la Vicepresidencia al sospechar que había cobrado sobornos de una empresa de armas francesa en 1999.