JESÚS MANUEL GARCÍA
ANÁLISIS
La sede vacante del obispado se ha convertido en punto de mira de trascendencia para el devenir de la Iglesia de Galicia Nunca el obispado de Ourense se ha constituido en bastión para la Iglesia española como ahora. De ser una diócesis olvidada y atrasada, cobra un interés crucial para el futuro de la institución. Todo deriva de lo que pasa en la crisis entre la Conferencia Episcopal y el Gobierno por la polémica carta pastoral de los tres obispos vascos. Los prelados del resto de España han apoyado a sus colegas y han tenido peso para que esa fuese la decisión de la Conferencia Episcopal, muy a pesar de su cabeza, el cardenal Rouco Varela, -en algún momento muy próximo al presidente Aznar cuando está en juego el porcentaje del IRPF para la Iglesia- pues la archidiócesis de Madrid había criticado duramente la carta en su boletín semanal. Se ve que quienes mandan son los prelados vascos y catalanes que han hecho que Rouco defraude las expectativas de Moncloa. Y arrastran al resto.