El bastión inesperado de Ourense

La Voz

OURENSE

JESÚS MANUEL GARCÍA ANÁLISIS La sede vacante del obispado se ha convertido en punto de mira de trascendencia para el devenir de la Iglesia de Galicia Nunca el obispado de Ourense se ha constituido en bastión para la Iglesia española como ahora. De ser una diócesis olvidada y atrasada, cobra un interés crucial para el futuro de la institución. Todo deriva de lo que pasa en la crisis entre la Conferencia Episcopal y el Gobierno por la polémica carta pastoral de los tres obispos vascos. Los prelados del resto de España han apoyado a sus colegas y han tenido peso para que esa fuese la decisión de la Conferencia Episcopal, muy a pesar de su cabeza, el cardenal Rouco Varela, -en algún momento muy próximo al presidente Aznar cuando está en juego el porcentaje del IRPF para la Iglesia- pues la archidiócesis de Madrid había criticado duramente la carta en su boletín semanal. Se ve que quienes mandan son los prelados vascos y catalanes que han hecho que Rouco defraude las expectativas de Moncloa. Y arrastran al resto.

08 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Y en medio de esta polémica, la única sede vacante de la Iglesia en Galicia centra más que nunca la mirada de todos. El mapa ha cambiado por completo pues el poder de la Conferencia Episcopal parece escaparse de las manos de su presidente. La Voz adelantaba el pasado martes la candidatura fuerte del lucense Segundo Pérez, persona bien considerada por los prelados gallegos y de otras sedes sin olvidar Roma donde se ha ganado el máximo respeto. La noticia corrió como un aluvión por las sacristías de todos los rangos. Son muchos quienes se alegran de dicha candidatura, entre ellos el obispo emérito de Mondoñedo-Ferrol, Miguel Anxo Araújo Iglesias, quien no ahorró elogios para Segundo Pérez en La Voz, pintando un panorama muy especial sobre la Iglesia. Escasez de candidatos Son pocos los candidatos obispables gallegos. Se cuentan con los dedos de media mano. Algunos se fueron apagando, renaciendo ahora el eco del nombre del profesor y sacerdote que dirige el Instituto Teológico Compostelano con el que la Iglesia gallega ganaría peso. Claro que siempre queda en la retaguardia el auxiliar de Compostela, Luis Quinteiro, auxiliar de Julián Barrio, pero esa es otra guerra. Lo de esta semana en Madrid ha cambiado en gran medida la situación Por eso monseñor Rouco tiene ahora una tarea delicada -nombrar a un obispo se supone que siempre es cuestión delicada, pero en Ourense y en estas circunstancias más- en el sentido de satisfacer a la provincia eclesiástica gallega con un pastor de aquí y que ejerza de gallego en lo pastoral o, por el contrario, optar por sentar en la cátedra de San Martiño a alguien foráneo. Las opiniones son varias pero en la diócesis hay un sentir general se sacerdotes y fieles que ansían un obispo de aquí por cuestiones de sintonía cultural, que no es poco. Y porque esto no pasa en Cataluña y País Vasco.