La comunidad musulmana constata que los centros educativos gallegos aceptan la elección de llevar pañuelo. El caso de una alumna de Arteixo es un ejemplo
09 feb 2011 . Actualizado a las 00:07 h.Es gallega. Musulmana. Tiene 11 años y desde este curso ha decidido utilizar el hiyab (velo que deja la cara al descubierto) para cubrirse el pelo todos los días. Ikhalasse es una de las pocas niñas musulmanas que en Galicia acuden al colegio con pañuelo. Nació en Santiago de Compostela, pero ahora es alumna del CEIP Ponte dos Brozos, del municipio coruñés de Arteixo, el lugar al que por razones de trabajo tuvo que mudarse la familia. Nunca ha tenido ningún problema por llevar pañuelo. Al contrario. En el centro respetan su cultura y su religión. Incluso recibe clases de árabe. Para que no olvide sus raíces.
El caso no es único. Porque como explican miembros del colectivo musulmán que viven en Galicia aquí existe un respeto hacia la religión musulmana. Muchos miembros están ya totalmente integrados en la comunidad. Han formado asociaciones y participan en la vida diaria del pueblo como ocurre, por ejemplo, en Foz. Por eso, comenta el presidente de la comunidad islámica gallega, Mustafá Alhendi, no hay que formar un problema donde no lo hay porque «lo ocurrido en el colegio de Madrid es algo aislado». Aquí, añade, «hay una gran colaboración por parte de los responsables de Educación en los colegios públicos y en los privados».
Precepto
«Tengo que respetar mi religión y por eso he decidido llevar el pañuelo», explica la pequeña justo antes de comenzar la jornada en el colegio. Allí, en la entrada, la esperan sus amigas para ir a clase. «Voy, voy ahora», contesta.
Comenta que comenzó a poner pañuelo cuando tenía unos 6 años. «Pero no lo llevaba todos los días, lo hacía alguna que otra vez», apunta. Es algo que confirma el padre que esta mañana (por el viernes) la ha acompañado hasta el colegio. Lo habitual es que vaya en autobús con el resto de los compañeros. «Antes lo ponía a veces, pero este año ha optado por llevarlo. Es algo que ha decidido voluntariamente. Fue criada en la religión musulmana y luego ha visto cómo toda la familia lleva hiyab », comenta.
También hay muchas alumnas musulmanas en centros escolares gallegos que, aunque sus madres utilicen pañuelo, no lo llevan habitualmente. «Igual que hay católicos que van a misa y otros no van», añade el padre al hablar sobre el cumplimiento de los preceptos que marca cada religión.
La opción que ha tomado la pequeña no le ha implicado nunca problema alguno. Sus compañeros de clase la respetan, al igual que la dirección del centro. «Gracias a Dios, nunca ha encontrado ningún obstáculo para poder cumplir con este precepto que marca la religión. Hasta le han dado ventajas para conservar la cultura marroquí, el estado del que venimos», apunta el padre agradecido al centro por contar con su ayuda.
Tampoco choca ya a los compañeros de la pequeña verla cubrir el pelo con un pañuelo. «El primer día que lo llevé ya continuadamente algunos preguntaban por qué era. Les expliqué la razón, que era por respeto a la religión. Ya no preguntaron otra vez, lo entendieron y nunca ha vuelto a extrañar a nadie que lo lleve», apunta.
En este sentido, el director del centro Ponte dos Brozos, Javier Díaz, confirma que el problema que ha ocurrido en Madrid es aquí «totalmente inexistente». Entre los en torno a 1.300 alumnos matriculados hay más de un centenar que son de Marruecos o incluso hay algún argelino. Tienen clase de árabe y cultura propia tres veces por semana en varios grupos. «O problema non existe. É algo que fan persoalmente, incluso pode entenderse como que haxa veces que lles guste como un complemento estético», comenta al respecto.
El reloj avanza. Es hora de entrar. El padre de la pequeña le da un beso de despedida. Las amigas llegan corriendo para acompañarla a clase. La pequeña dice adiós y avanza hacia el patio. Hasta otro día. «Gracias», repite desde detrás de la verja.