De Francia a Galicia en 49 días

Marta Gómez Regenjo
Marta Gómez RIBEIRA/LA VOZ.

SANTIAGO

El boirense Juan Silva recorrió más de mil kilómetros en una peregrinación que le llevó a Santiago, Fisterra y su villa natal

16 jun 2010 . Actualizado a las 10:28 h.

Siete semanas es un período que puede considerarse corto si se compara con la gestación de un bebé o con lo que tardan en ejecutarse, e incluso tramitarse, la mayor parte de las obras públicas. Pero, como casi todo, la percepción del tiempo es muy relativa y si esos 49 días uno los pasa andando pueden parecer toda una eternidad. Quien puede hablar de ello con conocimiento de causa es Juan Silva, un boirense que, no contento con completar el Camino entre Francia y Santiago para ganarse un más que merecido jubileo, prosiguió su recorrido hasta Fisterra, desde donde continuó su marcha para regresar andando a Boiro. Una aventura de más de mil kilómetros que su protagonista califica como «experiencia inolvidable que recomiendo a todo el mundo que pueda».

Lo de poder no lo dice por decir este boirense que se pegó una paliza diaria de más de 22 kilómetros para completar su ruta en siete semanas. El punto de partida no fue, como en el caso de la mayoría de los peregrinos que hacen el camino francés, Roncesvalles, sino que Juan Silva tomó la salida de Saint Jean Pied de Port. Y alude a la historia para explicar por qué se decidió por esta alternativa para iniciar su peregrinación: «Desde Saint Jean salió en el siglo XII el monje francés Aymerich Picaud, que fue la primera persona que documentó el Camino en el Códice Calixtino».

Más allá de las motivaciones que llevaron a Juan Silva a iniciar el recorrido que le llevaría a recorrer a pie la friolera de 1.100 kilómetros, este boirense prefiere quedarse con la gratificante experiencia vivida, que, además de permitirle visualizar rincones y parajes que nunca había visto, propició la posibilidad de conocer a multitud de personas procedentes de todos los continentes. De hecho, cuenta que incluso fue invitado a la boda en Alemania de un amigo que conoció en unos de los albergues por los que pasó.

«Es gratificante saber que hay otra gente haciendo el Camino y que todos formábamos parte de una gran familia, compartiendo prácticamente todo», comentaba Silva.

Durante el trayecto entre Saint Jean Pied de Port y Santiago, y luego en la ruta hacia Fisterra, a este boirense le tocó también vivir la parte más dura de la peregrinación al verse obligado a dormir a la intemperie hasta en siete ocasiones. Son los efectos colaterales del Xacobeo, ya que el número de peregrinos se multiplica con el año santo y es frecuente que los albergues acaben llenos a rebosar. Sin embargo, pese a quedarse en la calle, Juan Silva prefirió completar el recorrido a su ritmo, «vivirlo» plenamente, antes que levantarse de madrugada para llegar a tiempo de coger sitio en el siguiente refugio.

Aunque para la mayoría de los peregrinos la meta es la catedral de Santiago, o incluso Fisterra, Juan Silva quiso ir más allá y emprendió el regreso a casa desde el fin del mundo también a pie. El punto de llegada, su localidad natal, Boiro.