La familia Penas gana a José Luis Bastos un pleito por la titularidad de una finca de 50.000 hectáreas en Namibia
15 ene 2010 . Actualizado a las 10:49 h.El vigués José Luis Bastos, conocido como «el rey gallego de África», acaba de perder su corona. Al menos una parte muy importante de ella, tras el pleito que le ha ganado en Namibia el empresario compostelano Emilio Penas, consejero delegado de la promotora inmobiliaria Santiago Sur Galicia. Bastos ha tenido que reconocer que la familia Penas es la propietaria de la mitad de 100.000 hectáreas (más de cuatro veces la superficie de todo el término municipal de Santiago) cuyos espectaculares recursos cinegéticos y naturales explotaba desde hace años.
El fraude denunciado por la familia Penas se remonta a 1994. Su abogado, Ramón Sabín, explica que José Luis Bastos les convenció de que pusieran a su nombre las aproximadamente 50.000 hectáreas que habían adquirido diez años antes en una zona privilegiada de Namibia, a medio camino entre la capital Windhoek y Walvis Bay, el enclave marítimo donde se concentran la mayor parte de los gallegos residentes en el país africano, Bastos entre ellos. El vigués poseía unas 50.000 hectáreas más en esa zona, lindantes con los terrenos de los Penas.
El argumento de Bastos, que Sabín no duda en calificar de engaño, era que el Parlamento namibio aprobaría una ley según la cual los extranjeros no podrían ser propietarios de tierras en el país africano y que estas les serían confiscadas. Mediante la transferencia del 51% de sus participaciones a favor de Bastos, que poseía la nacionalidad namibia, la familia Penas mantendría la propiedad de su finca (en realidad la suma de dos, conocidas como Ruimte y Emeritus). Así lo hicieron y «el rey gallego de África» se convirtió en testaferro de los Penas, que le dieron toda su confianza. Sin embargo, la ley namibia de 1995 y sus posteriores enmiendas no prohibieron a los extranjeros la propiedad de tierras agrícolas con efectos retroactivos, sino la adquisición de tales tierras después de su entrada en vigor.
Sin embargo, la familia Penas mantenía su confianza en Bastos, pese a que este utilizaba sus 50.000 hectáreas (superficie similar a la de la isla de Ibiza) en los safaris que organizaba y en los que participaban personalidades políticas, de la empresa, el deporte o el espectáculo. El vigués se hizo famoso, entre otras cosas, como el terrateniente que poseía una finca de 100.000 hectáreas, una de las más extensas de África y cuatro veces la más grande de Europa. Pero su propiedad era, en realidad, «solo» la mitad de ese territorio de Khomas y la peor parte de él, la más montañosa y menos dotada de recursos naturales y de fauna, que sí abundan en la sabana de los Penas.
La discreción que caracteriza a esta familia compostelana explica que dejaran hacer a Bastos, pese a que empezaban a proliferar los reportajes en los que aparecía como el poderoso monarca de unas tierras que no eran suyas. Hasta que consideraron que el vigués había llegado demasiado lejos en su ir por libre. El detonante final fueron las negociaciones que por su cuenta mantuvo con diversas empresas interesadas en la posible explotación de yacimientos de uranio supuestamente existentes en el subsuelo de la finca. Emilio Penas dijo basta y durante meses trató de llegar a un acuerdo con Bastos para que le devolviera los títulos de propiedad. Pero el denunciado se hizo de rogar, hasta que solo una hora antes de que comenzara el juicio en la Corte Suprema de Namibia cedió y Penas retiró la acusación de fraude.