Decidió dejar su trabajo indefinido para ser autónoma y empezar de cero. Luego, llegó el covid y lo pasó mal. Ahora vuelve a resurgir con un proyecto para mujeres: «Crecí sin tener confianza en mí, la fui adquiriendo con los años»
12 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Marta Rivas desprende optimismo allá por donde va. Pero eso no significa que la vida haya sido un camino de rosas para ella. Se ha visto en varias encrucijadas de las que es difícil salir o tomar una decisión. Pero ahí es donde su ilusión y empuje han jugado un papel tan determinante que, seguramente, sin estas cualidades el resultado hubiera sido radicalmente distinto. Porque esta viguesa se ha reinventado varias veces en la vida. Y todas ellas en un margen muy estrecho de años y muy cerca de los 50. Otros, en su lugar, estarían agotados de volver a empezar de cero. En cambio, ella tiene energía para resurgir las veces que hagan falta. ¡Será por ganas!
«Todo empezó a partir de los 44. Me di cuenta de que la vida que llevaba no era la que quería. Que tener un trabajo estable no era lo más importante y que si tu cabeza te está pidiendo otra cosa, deberíamos seguir un poco nuestra intuición. Porque no es una cuestión de la edad que tengas, sino de hacerte caso y avanzar», fue así cómo decidió dejar el trabajo indefinido que tenía en la empresa en la que llevaba 19 años para montar su propio negocio. «Estaba trabajando en una auditoría y asesoría y yo necesitaba un cambio. Soy ambiciosa y quería hacer algo más. Quería ganar más dinero, porque en el trabajo donde estaba —era secretaria y administrativa— ya había tocado techo. Y decidí buscar cosas que me gustaran para seguir avanzando. Fue así como dejé mi trabajo fijo y me metí en el mundo del márketing», indica.
«Yo siempre quise hacer algo para la mujer. En mi familia, mi abuela estaba sola, y mi madre tuvo que sacarnos adelante a mis hermanos y a mí... además, al vivir de pequeña en una aldea —en Burgueira, en Santa María de Oia— siempre vi que la mujer lo tenía más difícil. Se nos criticaba más, todo era mucho más complicado, por eso decidí con el tiempo que quería hacer un blog para la mujer. Pero no tenía ningún tipo de formación. Me metí en la UNED y empecé con formación en las redes sociales», cuenta que esos fueron sus primeros pasos al dejar su trabajo. Poco a poco, comenzó a tener una clientela a la que asesoraba en temas de márketing y redes sociales. Y todo fue viento en popa a toda vela. Marta había logrado conseguir el sueño de trabajar en aquello que la ilusionaba.
Pero llegó la pandemia y la mayoría de sus clientes dejaron de necesitar sus servicios: «No me arrepentí nunca de haber dejado mi trabajo. A pesar de que en la pandemia me quedé a cero. Lo pasé fatal. Ten en cuenta que lo primero que hicieron las empresas fue cerrar todo lo que tenía que ver con márketing. Y por circunstancias, tampoco tuve ninguna ayuda. Lo pasé mal. Pero tengo la gran suerte de que la persona que tengo a mi lado, siempre creyó en mí y siempre me apoyó».
Afortunadamente, Marta pudo sobreponerse a ese bache y salir a flote con su empresa MV360 Comunicación. Pero a partir de ese momento, su cabeza empezó a pensar que tenía que volver a emprender, a hacer el proyecto que realmente le apasionaba, enfocado a las mujeres adultas. Y creó De Tabú Menopausia. Una metodología de acompañamiento para las mujeres a partir de los 40 con profesionales de la salud —nutrición y ginecología—, una entrenadora y especialistas en mindfulness, coach y estilismo, con la finalidad de que cada mujer pueda entender lo que le pasa y construir su propia ruta de autocuidado.
Casarse y ser madres
«Durante mi infancia no tuve una vida muy fácil. Entonces, cuando empiezas a salir de la aldea y tienes acceso a cosas que de chiquitita no tenías, pues tu autoestima es baja. Crecí sin tener confianza en mí, la fui adquiriendo con los años», indica. «Es curioso porque fui de las primeras niñas de mi aldea que salieron a estudiar. Hoy en día parece impensable. A amigas mías las educaron para casarse y ser madres. No para buscarse la vida. Incluso recuerdo a la directora del colegio ir a casa de una niña que era brillante para pedirle por favor a su padre que la dejara estudiar. Pero él no la dejó», comenta, intentando explicar por qué siempre tuvo esa motivación de hacer algo para las mujeres, y sobre los hechos que han marcado su vida. Ella considera que todos los pasos que ha dado han sido por algo, y que, gracias a ellos, ha logrado todo lo que se ha propuesto. «Entonces, tú vas cargando esa mochila que te impide muchas veces avanzar. Y yo de niña tenía tantas inseguridades, me daba tantísimo miedo enfrentarme a los demás, hablar en público y todas esas cosas, que si esa niña viera lo que he conseguido hoy en día, le diría que no tuviera miedo y que no se pusiera límites», dice.
«Tú puedes empezar siendo administrativa, pasar por un empresa de márketing y acabar teniendo un programa basado en la menopausia. Hay que estar abiertos a evolucionar, y a dejarte llevar. Porque cuando inicias algo que te gusta es cuando puedes avanzar», comenta orgullosa de sus logros.
Y eso es lo que la ha llevado a volver a emprender a los 51 años: «Me lié la manta a la cabeza y pedí una póliza de crédito para conseguir el sueño de hacer un proyecto para mujeres». Pero por qué se decantó por este momento en concreto por el que pasan todas las mujeres en la madurez. Marta lo explica: «Fue porque la menopausia está asociada a una etapa de decadencia. Incluso yo misma lo viví así. Hubo un momento en el que estaba estresada, preparando un evento muy potente para una empresa y no estaba durmiendo bien. Entonces, recuerdo una noche que me desperté con sofocos. Y no sabía lo que era. Pero me tuve que salir a la terraza de lo mal que estaba. Y me acuerdo que me dio muchísima vergüenza decirle a mi pareja lo que me había pasado», confiesa. También recuerda, en otra ocasión, que tenía una reunión con esa misma empresa, y de repente alguien decidió apagar el aire acondicionado: «Yo me empecé a encontrar tan mal que tenía ganas de vomitar. Pero no podía decir nada. Y como pude, me levanté para ir al baño y luego seguí con la reunión, porque tampoco quería decir: “Soy autónoma, vengo a una empresa de la leche a organizar un evento de la leche y resulta que estoy en la menopausia”. Es como que la menopausia es la decadencia. El momento en el que ya se ha acabado todo. Y no es así». «Todas las mujeres tenemos muchísimo que dar. Y esta es una etapa preciosa. Y yo me siento muy bien, con energía y con ganas. Con mucha ilusión por todo. Y ahí fue cuando me dije que era el momento de ayudar a otras personas que están pasando por lo mismo que yo. Empecé a investigar y contacté con los profesionales adecuados para crear esta metodología de autocuidado», comenta.
Está claro que a Marta no hay reto que se le ponga por delante y en todos sale con éxito y con una lección aprendida para la siguiente etapa. Por eso dice que lo de reinventarse dos veces ha sido la mejor decisión de su vida: «Solo hay una cosa que echo de menos a la hora de trabajar por cuenta ajena, son las vacaciones. Pero volvería a hacerlo, sin duda».