El sabor de estas empanadas te dejará con la boca abierta

Marco Soriano de Tejada

YES

La cocina es vida

Una propuesta irresistible. Uno de los referentes gastronómicos en la cocina tradicional gallega, considerado un templo de mariscos y pescados en ajadas, se ha convertido en un obrador que reivindica el entrante

25 ago 2021 . Actualizado a las 17:26 h.

En 1951, Marcelino Pardo y su mujer, Maruja Mosquera, fundaron Casa Pardo en A Coruña. Ana Gago, madre de Eduardo (nieto de los fundadores), comenzó a ayudar a su suegra en la cocina, involucrándose mano a mano con su marido, Eduardo, en un negocio que logró en 1996 la primera estrella Michelin para la ciudad herculina.

La mantuvieron hasta el 2010, momento en el que su hijo decidió dar un cambio de rumbo. Cuando el joven Eduardo cogió el relevo de Casa Pardo y el restaurante de la Domus, en la misma ciudad, pensó que la cocina que había alimentado a las tripulaciones de los barcos y que sus padres habían convertido en un referente gastronómico, podría llegar a más personas centrándose en la organización principalmente de bodas. En los años brillantes de Casa Pardo, no existía ninguna reunión de importancia que no acabara en el coqueto e íntimo salón acompañado de los productos excelentes que con sencillez y maestría cocinaba Ana, preservando siempre la tradicional cocina gallega. Aquellos entrantes que se servían antes de los suculentos platos, les llevaron a un reconocimiento de las empanadas que ahora se han convertido en el emblema de la casa. El chef, junto a su hermana Ana, transformó lo que fue un templo de mariscos, pescados en ajadas y otros platos del recetario tradicional, en un obrador que reivindica la empanada, una de las elaboraciones básicas de la cocina gallega. La pandemia ha contribuido a que este sencillo bocado haya crecido a un ritmo exponencial de tal modo que, lo que antaño fue la primera casa de comidas coruñesa con estrella Michelin, se haya convertido en un establecimiento de comida para llevar con unas empanadas que acaparan el protagonismo.

PÍCNICS TRADICIONALES

Si el entrante gallego ha sido uno de los platos más socorridos para montar una romería familiar o comer en alta mar, Eduardo y su Ana la han transformado en una de las viandas fundamentales a la hora de hacer un pícnic. Y es que la empanada se ha convertido en una compañera inseparable para ir a la playa, hacer rutas de senderismo o salir al monte. Además de los rellenos clásicos, se han atrevido con el churrasco con criollo y chimichurri, pollo y langostino con un toque de curri o pato, puerro y manzana, entre otros. Estas empanadas «con estrella» que incluso puedes hornear en casa, se complementan con la míticas croquetas de bechamel casi líquida que hacían las delicias de los comensales de Casa Pardo, ahora listas para freír en casa, y la famosa ajada que también podemos llevar en un cuidado packaging para servir con nuestro pescado favorito.