Los expertos analizan «La isla de las tentaciones»: sirena y sexo para una audiencia meteórica

La luz de la tentación es la gran novedad de una edición en la que la filtración de vídeos sensibles y la irrupción del sucesor de Rosito prometen. Una sexóloga, una consultoría de audiencias y un abogado analizan el programa


Sí, hay más imágenes para ti. El edredoning de Gran Hermano es historia. Las camisetas del peluche Rosito pronto darán paso a las de Horus, el perro de carne y hueso más querido de España. Y todo mientras el fuego de las hogueras arde más avivado que nunca gracias a esa sirena que no para de sonar, advirtiendo escandalosamente y a tiempo real de las infidelidades de la otra villa. Acaba de arrancar la tercera edición de La isla de las tentaciones y Mediaset ha vuelto a conseguir que las dos anteriores parezcan ensayos menores.

Los datos de audiencia del programa le dan la razón. El espacio figura tres veces en el ránking de las 50 emisiones más vistas del pasado 2020 con cuotas de pantalla del 30 % y una audiencia media que llegó a rozar los cuatro millones de espectadores. Los datos, extraídos del estudio realizado por Barlovento Comunicación, la consultoría que trabaja los resultados de Kantar Media (la empresa encargada de realizar las mediciones de audiencia a nivel nacional), no dejan lugar a dudas.

La primera de las veces que aparece La isla de las tentaciones en el citado podio lo hace en el puesto 17, tan solo por detrás de la emisión de las campanadas de TVE, varias galas de fin de año, los partidos de fútbol que enfrentaron a España con Alemania en la UEFA y al Athletic de Bilbao con el Barça en la Copa del Rey, otra de informativos en plena declaración del estado de alarma y varias de Supervivientes, el auténtico programa estrella del año pasado en lo que a espectadores se refiere (y de mayor duración y tradición que La isla).

Desde Barlovento Comunicación señalan lo que esto supone. «Que tres emisiones del programa sean las más vistas en 365 días y a nivel nacional es impresionante. Hay que tener en cuenta que hay muchos grandes eventos, partidos de fútbol, etcétera. Y lograr eso con emisiones reducidas como las de este espacio, desde luego es un éxito, es algo sobresaliente», indica la consultoría. Y la tendencia va in crescendo, porque la tercera edición del espacio se estrenó con una audiencia media de tres millones de espectadores, a la que no llegaron las dos anteriores en su primer día.

Que tres emisiones del programa sean las más vistas en 365 días y a nivel nacional es impresionante

TRES EN 48 HORAS

A juzgar por las mediciones, el hecho de que La isla de las tentaciones interesa no es discutible. Quizás por eso se ha optado por lo que parecía imposible, que era echar más leña al fuego. Y ahí es donde aparece el elemento que le faltaba a los concursantes para arder, si cabe, más: la luz de la tentación. De color rojo, en realidad es una estridente sirena que alerta de que una de las parejas está cometiendo una infidelidad en la otra casa. Ya ha sonado tres veces en las primeras 48 horas, y todo indica que el espectador perderá la cuenta muy pronto.

La sirena pega fuerte a cualquier hora del día y de la noche, en unos casos asustando a las parejas y en otros incitándolas a dar un paso más para no quedarse atrás en el agravio. «La sirena actúa como un desencadenante emocional de alarma. A medida que pasa el tiempo la sospecha aumenta. Tienen menos contacto con su pareja, no hay una base sólida de comunicación, confianza y respeto establecida... Así que su cabeza comienza a dar vueltas y vueltas creándose todos los escenarios posibles», señala la sexóloga Raquel Graña, que apunta a tres posibles reacciones: «Que actúe como activador emocional de de perdidos al río y cometan una infidelidad; que tenga el efecto contrario y actúe de habituación, dejando de tener relevancia porque no para de sonar; o bien, que la relación sea sólida y saludable, por lo que no haya miedo ni desconfianza». Sobra decir que en esta isla el tercer escenario no existe.

El delito por la difusión de los vídeos de sexo explícito no se consideraría tan grave como en otro contexto, porque las imágenes se han captado con autorización

Pero si hay algo que ha causado revuelo, si cabe aún más que la sirena, han sido los vídeos de sexo explícito que se filtraron ilegalmente y que tienen como protagonistas a Marina y a Lola con sus tentaciones Isaac y Carlos. Unas imágenes de edredoning sin edredón que desvelan absolutamente todo durante unos segundos de las relaciones íntimas entre ellos, con sexo oral incluido, que han corrido como la pólvora a través de las redes sociales y que provocaron incluso la reacción de Marina, una de las afectadas. Cuarzo, la propia productora del programa, se ha visto obligada a publicar un comunicado en el que rechaza la difusión de las imágenes e informa de que ha abierto una investigación interna para descubrir quién con acceso a ese contenido lo ha sacado del programa y lo ha introducido en la calle.

Víctor Salgado, abogado experto en TIC, apunta que estamos hablando de un delito contra la intimidad, recogido en el artículo 197 del Código Penal, por distribuir ese material sin autorización de los participantes. Eso sí, el hecho de formar parte de un reality aminoraría su importancia. «No se consideraría tan grave como en otro contexto porque las imágenes sí se han captado con la autorización de esas personas, que eran conscientes de que serían grabadas durante 24 horas. Aquí se trataría de penar su difusión, que no entraba en el pacto ni fue consentida», indica el letrado, que asegura que si la captación de esas imágenes también se hubiera producido sin el consentimiento de los afectados, la gravedad aumentaría.

Cuidado también con compartirlas, porque el rango de condena al que podría enfrentarse tanto el trabajador que las filtró como el que las recibe y las sube a las redes sociales es el mismo, mantiene Salgado: «Conllevaría una condena entre tres meses y un año de prisión. Tal y como está tipificado el delito, la persona que lo comparte tiene que ser consciente y darle la misma difusión. No es lo mismo compartirlo en una red social que pasarlo de un grupo privado de WhatsApp a otro grupo privado de WhatsApp». El experto, que considera que la pena a veces no va en consonancia con el impacto demoledor que puede tener en la persona, opina que aunque los canales en abierto no pueden emitir sexo en vivo, «parece que la línea se está diluyendo».

La rapidez con la que suena la sirena y llega el sexo entre los concursantes no pasa desapercibida para nadie. «Tiene que ver con el querer todo ya. La sociedad nos ha enseñado que todo debe ser ya y que si no es así, es malo. La televisión, por suerte o por desgracia, ‘educa' y muestra ‘modelos de comportamiento'. ¿Qué vemos? Relaciones rápidas, personas que solamente se valoran por el aspecto físico, baja autoestima, intolerancia a la frustración...», explica Graña, que desentraña el comentado despiporre en la villa de las chicas en comparación con sus novios: «Una cosa es lo que quieres aparentar y otra cosa es la realidad... No siempre son congruentes. Sí es cierto que las mujeres estamos más liberadas. Pero a veces lo que parece liberación lleva debajo una dependencia emocional muy grande, una falta de afecto, de atención. Entonces, puede ser que lo que estén buscando es gustar, que estén para ellas, que las quieran y las aprecien. Cuando, realmente, si estuvieran tan liberadas se valorarían y validarían a sí mismas sin necesitar tanto refuerzo externo».

Horus ha logrado que ya nadie se acuerde del peluche Rosito ardiendo en la hoguera

Pero si hay un protagonista indiscutible en esta edición, y sin hacer acto de presencia, ese es Horus. El rottweiler que Lola le regaló a su novio Diego ha logrado que ya nadie se acuerde del célebre Rosito ardiendo en la hoguera. «Hombres hay muchos, pero perro solo es él», lamenta Lola empapada en lágrimas, vaticinando ya la ruptura: «Es que se rompe una familia». Lo dice la misma Lola que se arrepiente de los planes de maternidad que tenía junto a su pareja: «Yo pensaba: ‘Total, hago vida de vieja, pues ya tengo un hijo». Un niño, un perro... todo es equiparable en esta isla en la que todo está escrito hasta que la sirena les separe.

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