Patri y Diego, que aplazaron su boda en el 2020: «Este año nos casamos, aunque sea con mascarilla»

El 2021 no se lo gafa nadie. Desde unos novios que han tenido que aplazar su boda hasta una chica que va a empezar a estudiar y otra que cumplirá 40 vestida de flamenca. Ellos se han cansado de esperar y arrancan el año con fuerza


Nadie puede darle a esta pareja una lección sobre la dureza de la pandemia. Patri y Diego son especialistas en Medicina Interna en el Chuac, y como tal viven en primera línea el covid cada día: «Cuando lo ves de cerca, te das cuenta de lo importante que es hacer las cosas bien para que mejoren los números y disminuyan los contagios. Precisamente, por ese motivo retrasamos nuestra boda». Porque sí, estos médicos también han tenido que aplazar su enlace, al igual que han hecho tantas parejas en el 2020. El 18 de julio y la finca Montesqueiro eran la fecha y el lugar elegidos para casarse, poco después de que el país saliese de la fase 3 de la desescalada. «Pensamos: ‘¿Y ahora qué hacemos?’. Aguantamos hasta el final para tomar la decisión, podían reunirse hasta 150 personas para bodas en el exterior, pero para nosotros era prioritario que tanto la gente como nosotros estuviésemos cómodos. En aquel momento acababa de suceder, estaba todo muy reciente, había mucho miedo, todo era nuevo y no se sabía aún muy bien qué hacer en esas circunstancias», indica Patri, que considera que de cara al próximo verano la situación se verá de otra manera: «Si no cierra el país ni restringen exageradamente los aforos, nos casamos. La gente no irá tan tensa y ya integraremos todo como algo normal. Sigue costando, pero un año y medio después, nos casaremos aunque sea con mascarilla si toca. Hay que pensar que hace unos meses ni siquiera eso lo veíamos como algo normal, y ahora todos la llevamos puesta. Lo mismo ocurre con las medidas de seguridad y de distanciamiento social, por eso pensamos que en verano, y más aún sabiendo que vamos a empezar a vacunarnos, va a haber cierta normalidad y se podrá celebrar con seguridad».

 

A pesar del disgusto y de lo precipitado de la cancelación, lejos de amilanarse, ese 18 de julio no pasó sin su fiesta correspondiente. Eso sí, adaptada a las circunstancias. Patri y Diego celebraron ese día su no-boda. «La hicimos con lo que se podía, reservamos en un sitio e hicimos una cena con amigos, todo gente de A Coruña. No llegamos a 40 personas. Nos tomamos nuestros vermús desde las ocho de la tarde, cenamos separados por mesas... lo celebramos de otra manera», explican los novios, que comentan que el enlace que ellos conciben es una fiesta con su familia y amigos. «Lo único que nos haría volver a cancelarla es una restricción grande de gente, porque ya no sería la boda que queremos hacer. Lo que es el papel, lo firmaremos otro día en el notario, y en la finca haremos la ceremonia civil y la fiesta. Tenemos ganas, no... ¡lo siguiente! Y después de tanto tiempo, los invitados también. Así que todo el mundo tiene que hacerlo bien de aquí a allá, ¡que nos queremos casar!», imploran meses después de tomar una decisión que no fue fácil: «El último mes lo hemos pasado muy mal. Ya no tanto por la boda en sí, porque yo quería casarme, pero para mí Pablo ya es como mi marido y es la vida que llevamos, sino sobre todo por la angustia de que hubiese cada semana medidas nuevas. Desde aquí le mando todo mi agradecimiento a la finca, a Rocío, nuestra wedding planner de Luz Verde, la fotógrafa y todos los que participan en la boda. Todo han sido facilidades y lo han entendido perfectamente.

AMOR EN EL HOSPITAL

El 2021 empieza para esta pareja con la ilusión de que el próximo 14 de agosto podrán al fin sellar un amor que empezó en el hospital. Ella de Lugo y él de Carnota, coincidieron en el Chuac, y allí saltó la chispa. «En febrero hace cinco años que nos conocimos en el trabajo. Por eso estamos tan concienciados con las medidas, porque si hay que ser estrictos, nosotros más. Lo vemos allí todos los días y nos lo tomamos de otra manera», indica Patri, que atendió a pacientes covid durante la primera y la segunda ola, mientras que su futuro marido lo hizo durante la primera. Aun conscientes como pocos de lo devastador que puede ser el virus, no quieren robarle también a este nuevo año que arranca las ganas de vivir y de celebrar, con toda la prudencia del mundo. «Somos bastante tranquilos y nos están ayudando mucho, así que lo estamos llevando bien», dice ella. Sin duda, salud para celebrar esa gran fiesta es todo lo que se le puede pedir a este año recién estrenado. A la segunda, seguro, irá la vencida.

 

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