Milagros


Carlo Acutis y sus zapatillas Nike se han colado estos días entre el ejército de virólogos que nos indican por dónde puede ir el futuro. El Vaticano mantiene su ritmo y el sábado declaraba beato a este joven que moría en el año 2006 de una leucemia fulminante. El interés por Acutis demuestra la capacidad que la Iglesia tiene para generar titulares al convertir a este adolescente en el primer santo millennial de la historia, una suerte de influencer del dios católico destinado a conectar con una nueva generación de creyentes. Nada que objetar. Las reglas del club rigen para sus miembros. La cuestión es que el proceso de beatificación implica el reconocimiento de un milagro. La supervisión corre a cargo de la Congregación para las Causas de los Santos, que consideró inexplicable la curación de un niño brasileño que superó una grave enfermedad del páncreas después de que un sacerdote pronunciase una oración especial ante un trozo de pijama del beato. La suspensión de la credulidad parece que no ha sido incompatible con la tecnología en la que se manejaba Acutis, referente último de una religión que se salta el método científico y concede a un pedazo de tela una capacidad similar a la de un habilidoso cirujano.

La expansión del virus por el mundo y la devastación económica y social que la acompaña han revestido a la ciencia de urgencias. Todo Esto ha sido tan inesperado, tan extraño y tan doloroso que más que nunca miramos a los laboratorios y a los investigadores con ansiedad y necesidad de respuestas. Es un potaje en el que nadan muy bien los vendedores de milagrosos crecepelos que en lugar de carromatos circulan hoy por las redes para sacar partido de la ansiedad colectiva y el miedo a un futuro plomizo.

En este diálogo entre el rigor y la ligereza, entre el método y la superchería, deslumbra que una organización que convoca a millones de personas en el mundo siga hablando de milagros de la misma manera que en la Edad Media, cuando en O Cebreiro aconteció el milagro del Santo Grial que Wagner referiría en su Parsifal. Los medios dedican estos días toneladas de bits a tratar de entender cómo vencer al covid pero aceptan sin comillas que un rapaz de 15 años deje una imprimación en su pijama capaz de devolver la salud a los enfermos. Mundo extraño.

Por Fernanda Tabarés Directora de Voz Audiovisual

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