8 castros que tienes que visitar sí o sí

No son, ni mucho menos, un atractivo menor. Algunos de ellos están entre los espacios más visitados de Galicia. Por sus espectaculares ubicaciones y por su trascendencia histórica. Y es que los castros son un patrimonio que nos hace únicos. Y la singularidad es, cada vez más, un valor en alza


1. Santa Trega (A Guarda)

EL MÁS VISITADO

Junto con la catedral de Santiago y la playa de As Catedrais conforma el top 3 de lugares más visitados de Galicia. Y no es de extrañar. Sus dimensiones son descomunales: 20 hectáreas, en las que llegaron a vivir 5.000 personas. Y su ubicación realmente espectacular: Situado en una ladera del pico San Francisco (341 m), desde sus dominios se divisa el magno paisaje que dibuja la desembocadura del Miño, con A Guarda a sus pies. Ayudará mucho a entender el castro una visita previa al cercano Museo Arqueológico de Santa Trega.

2. Borneiro (Cabana de Bergantiños)

LA EDAD DEL HIERRO

He aquí un perfecto ejemplo de la cultura castrexa de finales de la Edad del Hierro. Estuvo habitado entre los siglos IV y I antes de Cristo, y en él no hay evidencias de romanización. Se han excavado 36 construcciones protegidas por un foso y dos muros defensivos. Extramuros, llama la atención un espacio con una sauna, dos fuentes y un horno circular para la fundición de metales. 

3. Baroña (Porto do Son)

UN MASCARÓN DE PROA CON 22 SIGLOS DE HISTORIA

En una lengua de mar que se introduce en el bravo atlántico levantaron los castrexos su asentamiento allá por el siglo I antes de Cristo. De la bravura de las olas les protegía la muralla natural de rocas. De la bravura del enemigo otras dos que levantaron, piedra a piedra, en torno al poblado, dejando un único lugar de acceso que aún hoy se conserva. Baroña impresiona. Y disfrutar desde allí de un atardecer, sobrecoge. 

4. Santa María (Cervantes)

LOS PRIMEROS RESTOS DE LA FIEBRE DEL ORO

Estuvo habitado entre el año 50 antes de Cristo y el siglo II después de Cristo, en el período de transición entre el mundo prerromano al romano. Su ocupación estuvo ligada a la explotación minera del oro en esta zona de Os Ancares. Permaneció en un estado de semiabandono durante muchos años hasta que los vecinos decidieron ponerlo en valor. Fue declarado Bien de Interés Cultural en octubre del 2019.

5. Neixón (Boiro)

DOS CASTROS EN UNO

Como tantos otros castros gallegos se halla en una península elevada que, en este caso, se asoma a la ría de Arousa. El conjunto alberga dos castros, separados apenas por 100 metros, cuyo período de ocupación transcurre desde finales de la Edad del Bronce hasta la época tardorromana. En la entrada de este privilegiado enclave se halla el Centro Arqueológico del Barbanza, un recomendable museo en el que interpretar el rico pasado arqueológico de la comarca.

6. Viladonga (Castro de Rei)

UNA URBE ROMANA DE LAS DE POSTAL

Ubicado en una colina a 535 metros de altura, desde la que se domina visualmente gran parte de A Terra Chá, responde perfectamente al esquema de ciudad fortificada. Sí, esa de los cómics de Astérix. No en vano, aunque data del siglo III antes de Cristo, su período de mayor asentamiento coincidió con la romanización. Disponía de foso y de una imponente muralla exterior de 14 metros del altura, reforzada por otra interior, que protegía una estructura urbana bastante bien conservada.

7. Candaz (Chantada)

La ATLÁNTIDA GALLEGA

El embalse de Belesar sumergió este castro y la posterior fortaleza medieval. Desde entonces solo puede ser visitado cuando el nivel de las aguas baja al 25 por ciento. Se halla ubicado en un promontorio al que solo se accede a través de un pequeño istmo. Del castro apenas quedan restos. La mayor parte de sus piedras fueron utilizadas para construir bancales para viñedos, hoy anegados. Aún así, la visita a esta joya oculta del patrimonio gallego resulta sobrecogedora. 

8. San Cibrao de Las (Punxín)

La GRAN CIUDAD

También conocido como Lámbrica, es uno de los poblados fortificados de mayor tamaño de la península. Y es que en realidad se trataba de una pequeña gran urbe prerromana, que estuvo habitada por 2.000 personas. Recorrer sus empedradas callejuelas, perderse por su recovecos o toparse con el monumental aljibe abovedado, supone un carrusel de sensaciones. Imprescindible la visita al centro de interpretación anexo. 

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