«Me gusta estar todo el día con mi hermanito»

Valeria y Mario redescubren juntos juegos y lecciones de vida gracias al confinamiento. Entre hermanos el estado de alarma se lleva mejor


Valeria tiene 6 años y, además de a sus padres, en este confinamiento tiene a un compañero muy especial: su hermano Mario, de 3. Los dos se han hecho dueños y señores de la casa, llenan las horas de actividades y han sabido hacer, gracias a la ayuda de sus padres, Silvia y Javier, su propio espacio de vida, de diversión. Ya salen a la calle, aunque a Mario no le haga mucha gracia porque «hay un virus», dice. Él está aprendiendo la letras. «Se ha dado cuenta de que en ruso son diferentes y le tienen fascinado», explica su madre, ya que al pequeño de la casa todavía le cuesta expresar esas cosas que más le gustan. A Valeria menos: «A veces jugamos al cole y en casa yo soy el profe de mis padres. También he hecho pasteles con mamá, dos tartas de cumple para mis abuelos. Y manualidades para un conejito que quiero tener, con rollos de papel higiénico», explica. Todo en perfecta conexión con Mario, que sigue sus pasos.

Y esto no le preocupa a Valeria: «Me gusta estar todo el día con mi hermanito... Y con papa y mamá». Echa de menos a sus amigos del colegio, pero los grupos de WhatsApp han suplido esa falta, con conexiones casi diarias. «Hacemos videollamadas con la profe y los amigos del colegio y nos felicitamos los cumpleaños. También salimos a las ocho a aplaudir», relata. Tiene muchas ganas, dice, de ver a sus abuelos, con los que no coincide en sus salidas diarias: «Siempre llevo el patinete y Mario la bici y vamos a dar pan a los patos. Una hora es poco tiempo». Los deberes la tienen entretenida buena parte del tiempo: «Me mandan muchos, lo que más me gustan son los de Lingua».

Mario se anima a hablar, aunque todavía está pendiente la retirada definitiva del chupete.

-¿Estás deseando ir al cole?, le pregunta su madre.

-No, afirma sin titubear y sin que le caiga el chupete de la boca.

Lo hace, quizás, porque en este confinamiento ha descubierto la tablet y todas sus posibilidades. Algo que tarde o temprano iba a suceder. Los dos se han adaptado perfectamente a la nueva situación, como si llevaran así toda la vida, su corta vida.

«¡Quiero volver al parque con mis amigas!»

JAVIER BECERRA

¿Cómo recordarán el confinamiento? Los niños toman la palabra para contarnos qué les inquieta, cómo lo han vivido y qué esperan en estas primeras salidas. ¿Han sido más felices? ¿Qué han echado de menos?

No pide regalos. No quiere juguetes nuevos. Tampoco desea que la lleven a Eurodisney o cualquier otro parque de atracciones. Iria Llanos solo plantea una demanda: «¡Quiero volver al parque y jugar con mis amigas!». Después de un montón de semanas encerrada en casa de A Coruña, con sus padres y su hermano Lucas, el primer día que salió se llevó un buen palo. Todo eran sonrisas al principio. «Fuimos a dar un paseo al paseo marítimo, en la parte de Riazor. Me encontré a Clara y otros amigos del cole. Primero me puse feliz, pero luego muy triste». ¿Por qué? «Porque no podíamos jugar juntos, había que guardar la distancia». La distancia, sí, eso de lo que hablaban en la tele y que tanto insistían en casa. La niña no entendía nada. Toda aquella euforia de salir a la calle se vino abajo al ver el caramelo delante y no poder tomarlo. «Yo lo que quiero es volver a jugar con mis amigas», insiste. Y recuerda sus nombres: «Clara, Carmen, Amaia, Estela, Martina... todas las del cole».

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