Herminia no le da las recetas hebreas ni a su marido

Un alto cargo de la embajada de Israel llegó a decirle que si necesitaba algo, que lo avisase. Y lo llamó


A Coruña

Es retranqueira. Le digo que la veo muy guapa a sus 81 años y me espeta «pues no te voy a regalar nada». Dice que se levanta antes de las tres de la madrugada. Que a esa hora su marido, que fue panadero, mete la leña en el horno de piedra, de piedras de cinco siglos. Y que hora y media después empiezan a introducir los dulces. ¿A qué temperatura?, me intereso. «Vienes aquí a preguntar por un termómetro», y empieza a reírse sin parar. Así es esta mujer singular, Herminia Rodríguez Carballal, propietaria de la Tafona de Herminia en Ribadavia. Es la única especializada en dulces hebreos. Mamul, Ghorayebah, Kupferlin, masas de amapola... Un recetario único que solo conoce ella. «Cuando trabajo no quiero a nadie al lado. Lo hago todo a mano, pero ninguna persona sabe cómo. Ni mi marido ni mis hijos. Yo antes les decía, “si me pasa algo dejad todo en depósito en el museo”, pero ahora les digo que no, que lo conserven porque así siempre tendrán donde trabajar», analiza con su particular sentido del humor.

La embajada de Israel

Su tienda-museo es ya lugar de peregrinaje. Uno de esos espacios únicos en Galicia. Pero toda esta historia de las recetas empezó «por casualidad», recuerda Herminia. «Vinieron un grupo de judíos de Canadá y desde el ayuntamiento dijeron que querían algo típico en la judería de Ribadavia. Solo sabía hacer el mamul, que me había enseñado una señora que trabajó con judíos en Venezuela. Recuerdo que les hice cakes con la estrella de David encima dibujada con azúcar glas. Les emocionó mucho y un matrimonio de judíos residentes en Galicia fueron los que me mandaron las recetas antiguas que conservaban y que ahora guardo yo», relata. Incluso estuvo en contacto con la embajada de Israel. «También fue por casualidad. Paró aquí un grupo de gente y resulta que era un alto cargo de la embajada con su familia y los guardaespaldas. Me dieron su teléfono y me dijeron que si algún día necesitaba algo se lo pidiese. Y lo hice, llamé. Pedí semillas de amapolas, que en aquella época era imposible conseguirlas. Y claro, me las mandaron», relata la incomparable Herminia.

22 tortillas después 

El concurso de la tortilla sin cebolla de Betanzos fue el más mediático que se recuerda. Los betanceiros convivieron unos días con equipos de distintas cadenas de televisión. Se mandaron por WhatsApp artículos dedicados a su plato estrella, como por ejemplo el que publicó The Guardian. En la final, por primera vez que yo recuerde, hubo conexión en directo de la TVG. Una mina de oro tiene Betanzos con la tortilla sin cebolla. Tuve la oportunidad de probar las 17 que concurrían al premio y repetir la cata de cinco de ellas, las que fueron finalistas. Como dijo O Parrulo de Ferrol, que es una autoridad, «este ano están todas moi ‘xugosas’». Y es verdad, casi hubo empate técnico. Ganó la de la pizzería Sinuessa, que era la vigente campeona, y se quedó tan solo a medio punto del título A Tixola. Curiosamente las cocineras de ambos locales, Belén y Susi, respectivamente, lo fueron antes de Casa Miranda y O Pote, dos de los establecimientos más famosos por sus tortillas y ganadores en otras ediciones. En Betanzos hay buena escuela y se pasan las recetas. No como hace Herminia.

¿Cómo se hace la mejor tortilla? Que Betanzos es el templo de la tortilla nacional es innegable, pero ¿cómo la preparan? En Restaurante Pizzería Sinuessa acaban de revalidar el título betanceiro en una cata a ciegas. Su cocinera nos cuenta todos los secretos.

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