Y la playa más larga es...

No es el Camino de Santiago, pero alguna playa es casi, casi, como una de sus etapas. Nos vamos a patear, que no todo va a ser tomar el sol. Os presentamos esos rincones donde la arena mide kilómetros.

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Si hace poco YES te contaba cuánto hay que andar para bajar un kilo a la semana, ahora vamos a enseñarte dónde puedes hacerlo más allá del asfalto y la urbanización. Quién no se echaría a caminar por la orilla del agua, con la brisa del mar y, de paso, tostándose al sol. Con esta idea nos hemos puesto en marcha por algunas de las playas más largas, esas en las que uno mira a un horizonte de arena que nunca termina. Porque tumbarse en la toalla y jugar a las palas no es el único plan. Muchos eligen la playa a la que van en función de lo que les dé para caminar sin tener que darse media vuelta y rebobinar escenario constantemente. Y, si se trata de eso, hay algunas que no podemos pasar por alto, porque tienen un largo de vértigo.

1. Carnota, enorme

6,5 km de largo por 90 de ancho. Aquí tenemos la playa más larga, con casi siete kilómetros.

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Empecemos esta caminata por el norte. Por la más extensa. Os presentamos el edén de la Costa da Morte. Sí, hablamos de la playa de Carnota, esa que mide prácticamente 7 kilómetros de largo y en la que más te vale llevar la bolsa encima o marcar muy mucho el sitio donde la dejaste, porque lo más probable es que acabes sin saber desde dónde saliste exactamente. Andar por aquí es un espectáculo. Esta enorme cala que abarca desde Lira hasta Caldebarcos forma un paisaje natural de escándalo y te descubre un arenal prácticamente virgen. Eso sí, con zonas de aparcamiento que se agradecen para poder coger el coche cerca después de pasarnos el día recorriéndola. Elegida como una de las cien mejores playas del mundo por la revista alemana Traum Strände, la de Carnota es un arenal que puede llegar a los mil metros cuando la marea es baja. Y hablando del mar, es precisamente otro de los motivos por los que también merece la pena para ir en modo familiar. Si nos situamos en la zona de Boca do Río, la desembocadura del río Valdebois en la playa forma un espacio de pequeñas dunas. Con la bajamar, se forman piscinas naturales y los niños se las rifan. Eso sí, no pierdas de vista las corrientes y la crecida de las mareas si no quieres pagar el pato de la novatada. No serías el primer ingenuo que va a conocer los encantos de la playa y se encuentra atrapado por las mareas vivas en un islote de Boca do Río por calcular mal la escapada.

Pero no perdamos de vista lo idílico del arenal de Carnota porque su buen estado de conservación hace, además, que este arenal sea perfecto para su flora y su fauna. Y precisamente por eso se ha creado el LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) Carnota-Montes do Pindo, que es una zona de Especial Protección para las Aves. Y las aves no sé, pero las vistas a ese Monte Pindo y al Cabo Fisterra ponen la guinda para terminar el día con una puesta de sol espectacular. Así lo corroboran Nieves y su familia, a los que pillamos en la playa recién llegados de Madrid. En la foto salen todos caminando, pero que la foto no te engañe. El único que se atrevió a recorrerla toda fue su marido. «Es que él suele andar y está preparado para ello», se excusa Nieves, que se enamoró del arenal: «Me pareció una playa estupenda, una de las mejores de las que he estado en España. Muy limpia y sin masificación. Además, aunque el tiempo no acompañe, los niños se lo pasan pipa igual por las rocas». Tanto le ha gustado, que ya piensan en repetir. «Nos encanta Galicia», dice. Y será por playas.

2. Playa de Traba, Laxe

Casi tres kilómetros de largo por 45 de ancho.

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Vamos a otro punto de la Costa da Morte para seguir la ruta por algunas de las arenas más kilométricas de Galicia. Es allí donde nos encontramos con la playa de Traba, en Laxe, que por algo es una de las que incluye la Ruta dos Faros. Con perdón de Baldaio, que tiene un largo de 4 kilómetros y que, si la caminamos de punta a punta, nos lleva hasta la arena de Razo.

La parroquia de Traba se extiende por el valle del mismo nombre y termina en un arenal que roza los 3 kilómetros de largo en el que un cordón de dunas provocó la formación de la laguna. Si alguno quiere hacer su caminata todavía más larga, puede probar a ir andando desde Laxe. Pero si apuestas por su playa, debes saber que es ideal para huir de las masificaciones y caminar a gusto. La ruta de senderismo por la zona es el pan de cada día, e incluso está homologada por la Federación Gallega de Montañismo, así que todo el itinerario está marcado por una buena señalización con la que solo te perderás si es lo que realmente quieres. Pero esto va de caminar por la orilla, sin guía.

Cuando uno llega a Traba se encuentra con la pasarela de madera que la recorre, y tras un kilómetro nos encontramos con la laguna del mismo nombre, que está protegida del mar por su conjunto de dunas y que tiene 800 metros de extensión por 200 de ancho. Porque aquí todo es a lo grande, y esas dunas se extienden por 2 kilómetros a lo largo de toda la playa. Eso sí, si te echas a andar hazlo equipado, porque no encontrarás apenas instalaciones en la zona y tampoco es de esas playas que se abarrotan para poder pedirle algo a nadie. «Es una playa perfecta para pasear y con una puesta de sol preciosa. Es súper tranquila, con un merendero que la hace ideal para venir a pasar el día de pícnic, pero no hay quiosko ni súper cerca», asegura Miriam, la chica con bandana a la cabeza que encabeza la avanzadilla de la foto. Entre sus amigos, nos encontramos con Johannes, un chico que está de Erasmus y que se enganchó a Traba por sus olas. Y es que el viento y la lejanía se encargan de ahuyentar a los bañistas de veraneo, atrayendo a otro perfil de visitante. Aquí sí que solo vendrás a relajarte. «Traba es tan grande que, aunque haya gente, tampoco ves mucha aglomeración. Bueno, o a embobarte con el paisaje, porque estamos en otro paraíso que fue reconocido como espacio natural. Ya hemos caminado en entornos muy vírgenes, vayamos en busca de un poco más de ambiente.  

3. A Frouxeira, Ferrolterra

3,5 kilómetros por 80 de ancho.

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Cambiamos de costa, nos vamos a Ferrolterra y paramos en Valdoviño. Allí la playa de A Frouxeira se despliega ante nosotros. Otros 3,5 kilómetros de largo por 80 metros de ancho nos dejan dar zancadas hasta caer de culo. Dice la leyenda que su mar cura todos nuestros males. Ya hace mucho tiempo que esta playa tiene fama de ser curativa, y por eso muchos de sus habituales ya están desde primera hora de la mañana mojándose en sus aguas por prescripción médica. El responsable es su alto contenido en yodo. «El yodo de este mar es muy famoso. Antiguamente se decía que en vez de tomar medicinas, se viniese aquí», dice Fernando Vilar, que vive en el lago de A Frouxeira. Desde problemas reumáticos hasta de vista se han curado, o eso dicen, por la espuma de sus olas muchos de los que la frecuentan todavía hoy. Pero los que no tienen achaques la aprovechan también para pasear, porque como ruta del colesterol no tiene precio. Ojo que aquí sí que no estarás solo, porque A Frouxeira es una playa frecuentada, semiurbana y con ambientillo. Que una cosa no quita la otra y pasear encontrándote con gente no está tan mal. Así es como nos encontramos a esta familia tan riquiña, a la que le encantó A Frouxeira porque no suelen tener mucho de eso. «Vinimos de Madrid y nos ha gustado mucho para pasear y estar con los niños», aseguran. Tiene buena accesibilidad, cámpings y hoteles a su alrededor. «Hay buses diarios desde As Pontes y Vilalba, un montón de rutas como la del faro de Meirás y varios negocios de hostelería», señala Fernando, que no deja de recordar la importancia del sitio en el que vive y que conoce como pocos: «El lago es lo más importante, una reserva espectacular y una especie de motel para las aves, que vienen de África y paran aquí a dormir». Él sabe como pocos que no hay senda peatonal que iguale a esta playa. «Para pasear está muy bien, pero es que además acaban de darle el reconocimiento de arenal más accesible de España». Claro que para darte un chapuzón entre paseo y paseo tendrás que pensártelo, porque esta playa tiene su punto rabudo con unas olas y un viento a la altura de los surferos de la zona. «El mar es muy traidor, hay que bañarse con mucha precaución», señala. Aún así, son muchos los que con la marea baja se atreven a llegar hasta la roca solitaria que se encuentra en el medio del mar, conocida como A Percebelleira… no hace falta explicar por qué. «Hay mucha gente que va igual aunque no esté tan baja», lamenta Fernando. Una de las ventajas de pasear allí, dicen los lugareños, es que no hay moreno como el de A Frouxeira. «Un color especial, un moreno diferente». ¿Por qué será?

4. Playa de la Lanzada, entre Sanxenxo y O Grove

2,5 kilómetros de largo por 20 metros de ancho. 

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Si empezamos por los paraísos más vírgenes, vayámonos gradualmente hacia las arenas más pisadas por bañistas y turistas, pero no por ello menos admiradas. No podíamos terminar esta ruta sin parar en O Grove. Bueno, entre O Grove y Sanxenxo, que son los dos municipios que se disputan nuestra próxima playa. La playa de A Lanzada es la demostración de que el ambientazo y el paseo no tienen por qué estar separados. Anda que no sienta bien levantarse de la toalla para ir a caminar sin rumbo encontrándote a todo tipo de gente con la que comentar la jugada. Ese es un placer tan respetable como el de hacerlo solo, así que vamos al abarrote. Estamos en una de las playas más conocidas y visitadas de Galicia, también famosa por su extensión, de 2,50 kilómetros de largo ?más de 3 si se tienen en cuenta los tramos adyacentes de Areas Gordas y Lapa? por 20 metros de ancho. Así que si vamos en grupo con todo el petate y los niños a la playa, no hay mayor placer que alejarse un poco y darse a la caminata para bajar la comida, que la hay. Porque los servicios, tratándose de una playa tan turística como esta, aquí están más que garantizados. Rodeada por un bello entorno natural protegido de dunas que pertenecen a la red ecológica Natura 2000, el deporte está también garantizado. El oleaje de su mar abierto lo hacen perfecto para el surf, el windsurf y el kitesurf, que se practica por el viento que suele haber allí. También las vistas están aseguradas, y en concreto las de la isla de Ons. El hecho de que sea una playa tan larga te da el plus de poder recorrer varias zonas diferentes durante tu paseo. Vamos, que es como pasearse varias playas en una. Pero si te pones en el medio y medio, tendrás tumbonas, duchas, servicios y un restaurante. Que las paradas también son necesarias por mucho que nos guste andar. Y de eso ya vamos servidos, ¿o no?

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