A los 100 la vida pasa volando

UN HOMBRE DE ALTOS VUELOS En los 50 Juan se convirtió en una leyenda en la Costa da Morte. «¿Lembras cando colleu berberechos desde a avioneta?», comentaban sus paisanos asombrados. En vísperas de soplar las 100, recordamos con él algunas de sus hazañas más peculiares.

S.F.

Quién no ha soñado con volar a lo Tom Cruise en Top Gun? Con pilotar una avioneta y maravillar a niños y mayores con acrobacias imposibles. Con mirar a Newton por encima del hombro y burlar las leyes de la gravedad? Sí, muchos soñamos con volar, pero solo unos pocos lo hacen realidad. Y en YES hemos conocido a uno de ellos. Un abuelo con vida de película de Tony Scott que, a punto de cumplir cien años, ha pasado gran parte de ella lejos de tierra firme.

Juan Teijeira nació el 15 de octubre de 1916 en Corcubión. Nos recibe a Paco Rodríguez (el fotógrafo) y a mí en su casa de A Coruña junto a su hija Lourdes. Se nota que es un hombre con carácter. «¿Quiénes son ustedes?», nos pregunta desde el sofá. «Yo soy el fotógrafo», contesta Paco mostrando su cámara. «Ah? el retratista» ?le corrige-. Y usted debe ser el plumilla», me dice con sorna.

Junto a él se encuentra el abrigo, el gorro y las gafas de aviador que tanto tiempo le han acompañado. No duda un instante en ponérselo todo y posar para la foto. Es en ese momento cuando empiezo a imaginarme las hazañas que me habían contado sobre él por la Costa da Morte: «Eu tívenme que tirar ao chan coa bicicleta, voaba tan baixo que parecía que me arrolaba». «A min lanzoume desde a avioneta paquetes de caramelos prendidos en paracaídas de papel». «Eu vino sobrevoar o mar, sacar a man desde a avioneta e coller un fato de berberecho».

Creamos o no lo de los berberechos, en los años 50 se convirtió en una leyenda para las gentes de la zona de Muxía, Camariñas y Vimianzo. «Aí o ven! ?decían-. É Juanito O Aviador». «La verdad es que lo hacía para impresionar a mi novia Lourditas ?dice él-. Yo era piloto del Ejército y necesitaba acumular horas de vuelo como adiestramiento. Me daba igual hacerlas en Murcia, en Madrid o en Cereixo (parroquia del concello de Vimianzo). Y así fardaba un poco en el pueblo». Y claro, eso para sus paisanos era algo asombroso. «Para ellos era como su televisión ?dice Lourdes-. Lo veían hacer acrobacias en una avioneta y eso era algo insólito». Tanto que alguno quiso ser como él de mayor. «Un chico del pueblo acabó muy impresionado, y ahora en su tiempo libre se dedica a practicar parapente y vuelo sin motor. A mi padre todo el mundo lo conocía como O Aviador. Cuando a mí me preguntaban: ‘Neniña, ¿e ti de quen vés sendo?’, tenía que contestar eso, ‘son a filla do aviador’».

PADRE DE LA PRIMERA PILOTO

La historia de Juan dio varios giros antes de llegar a las acrobacias en avioneta. Él iba para maestro, pero cuando estaba en su penúltimo año de carrera estalló la guerra civil. Decidió alistarse en el Ejército como voluntario, y no hubo retorno. Marruecos, Aragón, Brunete? Reconoce sentirse afortunado por haberse librado de los horrores de la guerra. En 1941, con la guerra ya terminada, recibe el aviso de un amigo en Barcelona. Había salido un concurso para ingresar como piloto en el Ejército del Aire. «Mi amigo no podía ingresar porque usaba gafas, y eran muy exigentes en ese aspecto». Tras varios meses Juan ya no contaba con conseguirlo. «Pero tuve suerte», comenta. Un día recibió una llamada de Madrid para ingresar en la Academia del Aire de San Javier (Murcia). De ahí salió piloto.

«¿Y nunca tuvo miedo de volar? ?pregunto-. Eran frecuentes los accidentes aéreos». «Muchos compañeros aviadores murieron en maniobras de adiestramiento, incluso yo tengo destrozado avionetas y salido más o menos entero, pero nunca sentí miedo de volar». Con el tiempo pasó de piloto a profesor.

Juan siempre estuvo vinculado al aire. Tanto que en mayo de 1963, cuando se abrió el aeropuerto de Alvedro (A Coruña), se convirtió en su primer director. «Cuando se inauguró el aeropuerto era como su segunda casa», dice Lourdes. Y por si fuera poco, otra de sus hijas, Amalia, siguió los pasos del padre y llegó a ser la primera mujer piloto gallega y la segunda española. A sus casi cien años, don Juan sigue igual de vital que cuando forjó la leyenda de Juanito O Aviador.

He sufrido varios accidentes, y he salido más o menos entero, pero nunca he tenido miedo”

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